
En los ambientes de la izquierda alternativa, en los que Jaume d´Urgell era un personaje conocido, la primicia ha caído como una bomba. No en vano, el enloquecido activismo republicano de d´Urgell ha ocupado las portadas de los medios contrainformativos durante los últimos dos años. Detrás de cada iniciativa sorprendente, firmando artículos contundentes, denunciando al régimen monárquico, siempre te encontrabas al amigo Jaume.
D´Urgell había conseguido convertirse en un símbolo del republicanismo, un mesías de la nueva España, sobre todo a partir de un hecho que protagonizó el 14 de mayo de 2006. Aquel día, en el transcurso de una manifestación por la vivienda digna en Madrid, Jaume se encaramó a un edificio público y sustituyó la bandera bicolor monárquica por la tricolor republicana. Allí, en lo alto de la fachada de los Juzgados de lo Contencioso-Administrativo, nacía un mito, comenzaba la odisea antisistema de Jaume d´Urgell.
Nacido en Barcelona en 1973, de profesión ingeniero informático, homosexual reconocido, casado con Iván Ignacio Pérez Zolghadri el 7 de abril de 2006, militante del PSOE hasta 2004, aficionado a la poesía y al diseño gráfico, vecino de la capital de España, d´Urgell empezó a copar los medios alternativos tras su hazaña tricolor. Colaborador de Kaos en la Red, escribiente en Rebelión, columnista de Tercera Información.
Miembro del equipo fundador del periódico digital La República, del que fe su primer redactor-jefe, salió escopeteado rápidamente del nuevo proyecto, después de sonados enfrentamientos con Javier Parra, director de la publicación y militante del PCE. Hace unos meses, d´Urgell ponía en marcha La Democracia, otro diario cibernético que se declara "independiente, republicano y plural" y que se proclama sucesor del fundado por Emilio Castelar en 1864, con el mismo nombre.
Si su trayectoria mediática es impresionante, no lo es menos su trayectoria política. Después de abandonar el PSOE, Jaume encontró acomodo en el PCE, del que escapó a los pocos meses, para luego recalar en las estribaciones de Corriente, compartiendo pancarta y fama con Ángeles Maestro*. No contento con este protagonismo a dos bandas, d´Urgell decidió volar sólo y crear un partido a su imagen y semejanza: el Partido Rojo.
De esta aventura en solitario no queda casi constancia en la red, ya que parece que d´Urgell la desechó pronto, aterrizando esta vez en el PCPE. En las pasadas elecciones legislativas de marzo de 2008, Jaume d´Urgell fue candidato de esta formación al Senado. Según se comenta por los foros de la red, Jaume nunca fue afiliado del PCPE, sino que se incorporó a su candidatura cómo independiente.
Ahora, de golpe y porrazo, el inefable d´Urgell vuelve al PSOE, sólo seis meses más tarde de haber sido candidato de un partido marxista-leninista de ámbito minoritario. La velocidad de las mudanzas ideológicas de este catalán de pura cepa y madrileño de adopción es algo inédito en estos lares. Estamos muy pero que muy acostumbrados a los cambios de chaqueta, pero siempre con un orden y con un sosiego. Santiago Carrillo esperó cincuenta y pico años para volver a la socialdemocracia, aunque tuvo la insólita decencia de no solicitar el carnet del PSOE. Decencia no muy común en el animal político asturiano.
Es difícil repartir las culpas en el affaire d´Urgell. Sería demasiado sencillo cargar las tintas contra él, y olvidar nuestra participación en su encumbramiento. Todos somos culpables. Entiéndase por este todos a los que nos consideramos anticapitalistas y republicanos, y participamos en la contrainformación.
Personalmente, Jaume d´Urgell jamás me resultó simpático. Un tipo capaz de acudir desnudo y embadurnado con los colores de la bandera tricolor a la manifestación del orgullo gay, no es alguien que merezca mi confianza, sino un payaso de muchísimo cuidado. D´Urgell ha sido partícipe de muchas extravagancias, ajenas al buen gusto y al sentido común.
No me digan que se puede respetar a un señor que celebra el 90 aniversario de la Revolución Soviética, paseándose por la Puerta del Sol con un retrato gigantesco de Josif Stalin. Recordar Octubre abrazado a la fotografía de su enterrador. Tiene bemoles la cosa.
Intenten ustedes buscar constancia gráfica del estalinismo de Jaume. La imagen ha desaparecido del portal Flickr, como por arte de magia. Esta proeza resultó vergonzosa hasta para él mismo, que se apresuró a borrar las pruebas del delito.
Nosotros hemos promocionado a Jaume d´Urgell, hemos vendido la moto de que era un combatiente infatigable por la República, hemos ocultado la cabeza como tontas avestruces cuando hacía una de las suyas. Yo mismo callé al ver la desnudez tricolor de Jaume, porque consideraba que era una nimiedad comparada con la grandeza de su causa. Un pecadillo menor de un compañero valioso.
Me veo obligado a dejar constancia de que respeto la opción sexual de d´Urgell, por si las moscas. Conozco la mentalidad de los escuadrones de ZP, y no quiero que zanjen el debate acusándome de homófobo, y santas pascuas. Se han convertido en los supremos defensores de la homosexualidad por motivos puramente electorales, y algunos hasta se lo han creído. Si disparan por este flanco, estaré bien cubierto.
Jaume d´Urgell ha sido un maestro de la política-espectáculo, un polemista brillante, un escritor de indudable calidad, un espécimen muy dañino para el republicanismo. Un hombre al que las múltiples familias de la izquierda anticapitalista, enfrentadas en la mayoría de las cosas, han elevado al altar de su propia impostura. Si en algo han coincidido Izquierda Unida, el PCE, Corriente Roja, el PCPE, ha sido en la defensa del activista d´Urgell.
El episodio de la bandera pudo costarle caro. Acusado de desordenes públicos y de ultrajes a España, el fiscal solicitó para él un año de prisión, otro de inhabilitación especial para sufragio pasivo, además de once meses de multa. Jaume movilizó en su apoyo al grueso de las gentes republicanas, que firmamos el manifiesto por su absolución y nos indignamos por la enorme desproporción de las condenas que solicitaba la fiscalía.
Repasando la lista de signatarios del manifiesto podemos comprobar la influencia del señor d´Urgell, entre la militancia revolucionaria y la intelectualidad comprometida. Encabezado por Rosa Regás, que fue reina de la gauche divine barcelonesa y mantiene aún las ganas de lucha, firmado entre otros, por Carlos Taibo, Carmelo Suárez, Heinz Dieterich, Elisa Serna, Carlos Álvarez, Kalvellido, Manuel Blanco Chivite, Manuel Márquez, José Daniel Fierro, Víctor Díaz Cardiel, Miguel Jordá, ... Capaz de unir a gentes tan dispares en tantos aspectos, por una magnífica causa, Jaume d´Urgell demostró su poder de convocatoria.
La Regás le dedicó incluso un artículo. Muchos estampamos nuestra firma electrónica en ese documento, en solidaridad con Jaume, porque considerábamos que no era justo la petición del fiscal, que era otra más de las barrabasadas del Estado monárquico, una muestra de la represión antirrepublicana del angelical Rodríguez Zapatero. Y lo seguimos pensando, que conste.
Finalmente, d´Urgell fue condenado, por el delito de ultrajes a España, al abono de una multa de 1260 euros (6 € diarios durante siete meses). Jaume declaró después que no iba a pagar la multa, lo que implicaría 105 días de cárcel. No sé como sigue este asunto actualmente, si d´Urgell cumplió lo prometido, o si se le calentó la boca y soltó religiosamente la pasta gansa.
La aventura de los trapos demuestra la valentía del ingeniero, su coraje y su determinación. Aunque la valentía exagerada también puede conducir a la temeridad. Y tengo por seguro, que no necesitamos camaradas temerarios ni héroes de aluvión, sino paciencia y trabajo concienzudo.
Desconozco el futuro de Jaume d´Urgell, sería demasiado arriesgado jugar a la política ficción y planificar lo que significará el inquieto d´Urgell en las filas del PSOE. Puede que se pierda en el anonimato, lo que no cuadra con su carácter ni con su ambición. Puede que acabe ocupando el púlpito de Ferraz, a la vera de ZP, de Pepe Bono o de Felipe González.
Ya lo veremos, no tengan prisa. El tiempo pone a cada uno en su sitio. Ahora toca ser más cautelosos, más descreídos, menos inocentes, es la hora de levantar cabeza definitivamente y mirar a la cara al enemigo. Y si enfrente encontramos a Jaume d´Urgell, atacar a discreción.
*Dicen por ahí que d´Urgell también tuvo algo que ver con Comunistas 3, la escisión luxemburguista de Corriente Roja. No tengo datos sobre el particular, si fuera verdad sólo serviría para acrecentar el camaleonismo ideológico del polaco. Por cierto, Jaume es otra de las criaturas de doña Nines Maestro. Ella también tiene su parte de culpa, apuesto a que no tendrá los ovarios de reconocerlo.
A continuación reproduzco las dos cartas enviadas por Jaume a Madrid Progresista, en las que da sus razones para convertirse de nuevo en militante de base del Partido Socialista Obrero Español:
Por qué regresé al PSOE
Varias fueron las razones que me llevaron a escribir estas líneas: en primer lugar, por una cuestión de orden práctico: para evitar tener que repetir una y otra vez la misma explicación; y en segundo lugar, porque creo que habrá quien agradezca disponer de una versión de primera mano.
Regresé al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) porque, tras cuatro años fuera de él, constaté que la mayor parte de organizaciones existentes a su izquierda permanecían sumidas en situaciones que a mi juicio, no resultaban útiles para acercarnos a un horizonte de mayor justicia social, paz e igualdad.
Tras unos meses en el Partido Comunista España (PCE) me encontré con un puñado de buenos amigos: marxistas en conciencia y luchadores infatigables… y otro tanto cabe decir de su hermano pequeño, el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE): una estructura de trabajadores en vanguardia… un bastión ideológico integrado por personas que dicen lo que piensan y hacen lo que dicen. A pesar de puntuales excepciones, me alegro de haberles conocido. Si uno lo piensa bien, de esas excepciones no se libra nadie, ni mucho menos un partido de más de dos cientos mil miembros.
No voy a ocultar que no comparto el 100% de los posicionamientos políticos de ningún partido político —eso es una obviedad, nadie lo hace—, pero sí estoy íntimamente persuadido de la necesidad de hacer cuanto esté en mi mano para que todo esto, sea un lugar mejor. Y eso, en el mundo real, implica tragar algunos sapos, tolerar para ser tolerado y hacer frente común. Todo… por el fin último de unir fuerzas que nos permitan evolucionar hacia escenarios más justos y ecuánimes.
Tampoco voy a pedir perdón por hacer uso de mi libertad política para optar por la que ahora mismo estimo que es la mejor opción para la defensa de los intereses de los desfavorecidos.
En mi opinión, en estos momentos, el grupo político desde el que más y mejor se puede intervenir en la sociedad es el PSOE… y quienes me conozcan sabrán que no me refiero a la mera gestión presupuestaria ni a asistir como espectadores al desarrollo de programas gubernativos de puro trámite.
Estoy convencido de que el PSOE es uno de los instrumentos llamados a adoptar un papel protagonista en la consecución de importantes hitos cívicos que nuestra sociedad todavía tiene pendientes.
Por lo demás… yo seré el de siempre y mis amigos también.
¡Salud!
Buenas,
En primer lugar: gracias compañeros, por el temple exhibido al readmitirme en el seno de vuestro —ya nuestro— partido.
Por otro lado, no puedo sino lamentar el tono de algunas reacciones que —no por esperadas— logran hacer mella en una parte de mi corazón.
Aún a riesgo de incurrir en una excesiva reiteración, basculando entre la nitidez y el tacto, diré que regresé al PSOE por la necesidad de hacer política, política palpable… marcada por hitos susceptibles de llevar a la práctica.
Quizá mi posición parezca hostil entre algunas personas, máxime cuando han invertido una parte muy significativa de sus vidas en proyectos que se detienen durante meses para discutir acerca de censos fantásticos, seguidismos apellidistas, purismos exacerbados, discursos más cercanos a la dialéctica materialista que al materialismo dialéctico, ensordecedora práxis nihilista, comparaciones ideológicas de retrete de secundaria, maximalismos deliberados y demás lindezas que me callo por consejo facultativo.
En las noches oscuras como ésta, solía preguntarme: ¿Será más pura la extrema perfección inmóvil, o el sutil equilibrio que sin embargo consigue abrirse paso por entre neones de un solo anochecer? Entonces, contemplo el PSOE, y me digo: y sin embargo, se mueve.
Lo dije antes y lo vuelvo a repetir: me alegro de hacer saber a quienes no lo sepan, que la práctica totalidad de los miembros de los partidos que se sitúan a la izquierda del PSOE son bellísimas personas, absolutamente honestas, abnegadas, valientes y con un respetabilísimo sentido crítico. Y lo que es más: les considero imprescindibles en su posición, y de veras, deseo que pronto encuentren un modo de organizarse que les permita atender mejor a su responsabilidad de clase.
Ahora bien, perdonadme, ex-camaradas, pero algunas cosas no pueden esperar. El proletariado que habita en esta parte del mundo no puede permitirse el terrible lujo de esperar indefinidamente una refundación óptima, que no termina de llegar, y que si llega, veremos como y cuándo será… ahí fuera están muriendo trabajadores, se están ahogando hermanos, se nos miente para enfrentarnos con armas prestadas a cambio de lujos que nos están vedados… subastan hospitales con la misma impunidad con la que antes traficaron con nuestras escuelas, caminos, bancos, teléfonos, aviones, barcos, carteros, minas e hidrocarburos.
Pido perdón. No puedo esperar. Me voy al PSOE, a hacer política.
Por supuesto, no tendré otro remedio que compartir espacio político junto a quienes estén dispuestos a compartirlo conmigo… ¿O acaso se nos ha olvidado el valor de la diversidad? Un partido con centenares de miles de afiliados no puede ser un partido en el que uno hable y el resto escuche. Votaré con Bono, Vázquez, Ibarra siempre que nuestra unidad lo exija y mis principios me lo permitan… y les rebatiré allí donde pueda y corresponda; como ellos harán conmigo. Luego… las urnas decidirán, porque de eso se trata al fin y al cabo: de avanzar asumiendo oscilaciones, pero sin olvidar jamás ni los objetivos que se deben alcanzar, ni los medios que nunca se habrán de utilizar.
Para terminar, y en respuesta al compañero intranquilo por el asunto judicial: ya hubo juicio, me absolvieron de desórdenes públicos —no hubo violencia— y me condenaron por sustituir la bandera bicolor por la tricolor —ambas españolas—. Tanto EFE, como Europa Press, PÚBLICO o EL PAÍS señalaron días después de conocerse el fallo, que en el momento de acontecer los hechos no era militante del PSOE.
¡Salud y República!



