jueves, octubre 22, 2009

Desagravio al "Botas"


El Botas iba solo, paseando, sonriendo a los señores que se quitaban el sombrero a su paso. Lo que mas extrañaba de él a los chicos del barrio eran unos botines blancos sobre los zapatos de charol: por eso le llamaban "El Botas".

(Eduardo Haro Tecglen)

Si alguna vez hubo en España una derecha civilizada, de las usuales allende los Pirineos, Niceto Alcalá-Zamora y Torres debería cargar sobre sus hombros la responsabilidad de semejante disparate.

Patricio berroqueño del campo andaluz, ministro alfonsino en las postrimerías del turnismo canovista, republicano por obra y gracia de don Miguel Primo, el Botas de Chamberí, anatemizado por la reacción, ignorado por la revolución.

Hasta que el general Primo de Rivera, con la anuencia y el aplauso de Alfonsito el Terrible, tomó el toro por los cuernos, Alcalá Zamora era uno de los muchos petimetres agazapados en las filas de las Restauración, un prestigiado leguleyo al servicio de la oligarquía improductiva detentadora del poder. La dictadura del jerezano arrojó en brazos de la diosa República a destacados liberal-conservadores, cansados del borboneo practicado por el rey, facultado por la Constitución de 1876 para intervenir en la administración del negocio público.

José Sánchez Guerra, Santiago Alba, Miguel Maura, Francisco Bergamín, Ángel Ossorio y Gallardo, dejaron al monarca en la estacada conforme el Directorio militar se eternizaba, maquillado a partir de 1925 bajo el adjetivo civil, entrando en el gobierno José Calvo-Sotelo o Galo Ponte.

Proclamada la Segunda República Española en olor de multitudes, Alcalá-Zamora, católico y hombre de orden, fue elegido presidente del gobierno provisional por los propios miembros del gabinete, entre los que destacaba don Manuel Azaña. Tras la aprobación de la Constitución de 1931, la mayoría republicano-socialista le aupó a la presidencia de la República, para gran escarnio de la derecha ultramontana.

Don Niceto quiso pergeñar de la nada un bloque de fuerzas derechistas lealmente republicanas, empeñadas en la defensa del régimen leal hasta las últimas consecuencias, en contraposición al apego monárquico de las clases poseedoras, ligadas a la dinastía Borbón como garantía del mantenimiento de sus privilegios de clase. En la ardua tarea encontró la colaboración del hijo más preclaro de Antonio Maura, el gran patrón del conservadurismo español: Miguel Maura Gamazo.

La utopía de encauzar por la vía republicana los ímpetus protofascistas de la plutocracia quedó en agua de borrajas, saboteada por el Vaticano, inspirador de la CEDA como partido socialcristiano, aglutinante del pequeño y del gran campesinado, de la gran burguesía y del capital financiero. La Derecha Liberal del tándem Alcalá-Zamora-Maura fue abortada antes de despegar, pulverizada por los futuros organizadores del 18 de julio.

El presidente de la República quedó aislado en su cubil, sin el respaldo de una fuerza política de empaque, obligado por las circunstancias a ejercer de árbitro entre las distintas facciones en liza. La izquierda azañista se empecinó en obstaculizar su labor, cegada por las complejas relaciones personales entre Alcalá-Zamora y su líder e inspirador.

Una vez ganadas las elecciones de febrero del 36, el Frente Popular despojó a don Niceto de la presidencia, encaramándose a ella don Manuel Azaña. Socialistas, republicanos de izquierda, comunistas, anarcosindicalistas, contribuyeron a la campaña de acoso y derribo del cordobés, siendo utilizados subrepticiamente por las derechas.

Niceto Alcalá-Zamora puso coto a la ambición desmesurada de Alejandro Lerroux, evitó que Gil-Robles ocupara la jefatura del gobierno, nunca confió en la lealtad constitucional del general Franco, actuó como freno para los ejecutivos del bienio negro. Una vez estallada la guerra civil, hizo mutis por el foro, exiliándose a Argentina, donde falleció en 1949.

Dos de sus retoños combatieron en el Ejército Popular de la República, sosteniendo el régimen político que su padre personificó, la misma República Española que él abandonó a su suerte, poniendo tierra de por medio.

Sirva este escrito como un pequeño acto de desagravio al republicano de derechas que intentó lo imposible: domar a la montañesa derecha española, salvaje y arisca desde Atapuerca.

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