miércoles, julio 29, 2009

La Flor de Juncaril


El toreo es un doble ejercicio físico metafísico de integración espiritual en el que se valora el significado de lo humano heroicamente o puramente: en cuerpo y alma, aparentemente inmortal.

(José Bergamín)

El Seat Toledo, cosecha de 1993, repintado en rojo granate, acabado en una baca deshilachada, aparcó justo debajo del luminoso del local. El letrero, un panel de bombillas estridentes, coloreaba la cortante noche granadina, despertando la libido atrasada de conductores aburridos, puteros vocacionales o turistas sin esperanzas de encontrar calor gratuito.

José León Villalta, apagó el motor, bajó el volumen de la radio hasta atravesar la barrera del silencio, abrió la guantera, rebuscó entre los papeles del vehículo, las pólizas del seguro, los cassettes descascarillados de Rafael Farina o Emilio el Moro, la caja de condones caducados. Una vez tuvo el frasco de colonia en su poder, procedió a aromatizarse el pecho, los sobacos y la barbilla. Tras ejecutar tal minuciosa operación de acicalamiento, ya podía echar la llave al Toledo y entrar en "La Flor de Cuba".

Cuando traspasó el umbral del negocio, se sintió herido en su dignidad humana por el apabullante reguetón, que se le hincaba en los oídos cómo una pesadilla, melodía bastarda para niñatos calentorros. El puticlub estaba prácticamente vacío, a excepción de un cateto cuarentón, moreno destripaterrones, que sopesaba las nalgas de Laly, riendo como un condenado. Villalta se acodó en el mostrador, encendió un cigarrillo y esperó a que Katiuska apareciera.

Katiuska Pérez Roldán odiaba a la Revolución Cubana porque ésta se había interpuesto en su acceso a la sociedad de consumo. Quería ver colgado de un poste a Fidel Castro porque focalizaba en él todas sus frustraciones de capitalista infradesarrollada. Despreciaba a los barbudos, porque sin su concurso, Cuba sería ahora una isla casino, un prostíbulo internacional, bendecido por el dólar, protegido por los marines. La Revolución la había expulsado de Matanzas, la había obligado a lanzarse al Caribe en balsa, a cruzar los cayos de la Florida, soportando rayos y truenos, a recalar en Miami, a engrosar el censo de gusanos anticastristas.

-Marchando un Jack Daniel's doble.

Katiuska, 39 años, mulatona de anchas caderas y tetas siliconadas, enfundada en un minishort vaquero y un top negro, se deslizaba por sus dominios de la barra como una gata despierta, encandilando a Villalta, que seguía sus andares de pantera. La visión de su tanga de hilo dental, asomando por encima del pantaloncito, continuaba poniéndole nervioso, a pesar de la costumbre.

Katiuska era un toro, un morlaco babeante, parado en mitad del albero, inquieta la plaza, meditabundo Antoñete, chulesco El Cordobés. José León Villata, el Rayo del Realejo, el hijo de Pancracio León, el diamante en bruto del toreo de los setenta, el matador callado, alérgico a las multitudes, corneado en el muslo derecho, levantado en el aire, arrastrado por la arena, vomitando espumarajos bermellones, llevado a hombros hasta la enfermería de La Monumental de México. La promesa, estrangulada cual paloma mensajera, desplumada, trozeada, tarifada, vendida.

El maestro Villalta, bebía el whisky sin convicción, observando a través del cristal el hielo picado al estilo americano, más propio de mojitos o de daiquiris. Katiuska, plantada delante de él, ofreciéndole la mercancía de su escote, regalándole miradas envenenadas, miradas traicioneras, miradas que pretendían ser de vicio, que no lograban ocultar el cariño que le profesaba.

-Pepe, cariño, llevabas ya tres semanas sin aparecer. Ya me estaba preocupando. Estuve a un tris de llamarte al móvil, chico, ¿Donde coño te habías metido?

-Donde a ti no te importa, negra. He estado resolviendo unos asuntos particulares, cerrando unos tratos, además el grande de mi Manolín estuvo encamao en el Clínico, por lo del ápendice.

-¿Te crees que soy boba, Pepito? ¿Acaso yo te miento, te he mentido alguna vez, comemierda? Lo del niño no lo niego, porque no tengo ni puta idea, pero lo otro es una milonga, pasada de moda, mil veces repetida, la mismica cantinela que sueltas cada dos por tres pa cerrarme la boca.

-Cree lo que te interese, negra, me importa una polla, francamente. Yo he venido esta noche a tu club pa tomarme una copa en paz, y santas pascuas.

Villlata reconoció los dedos callosos de Resina, palméandole la espalda. El Pescaero estaba hecho unos zorros: ojeroso, sin afeitar, con el pelo caracoleado, y un lamparón de grasa en la camisa mal planchada.

-Maestro, cuanto tiempo sin disfrutar de tu presencia en esta casa. Ya te echábamos de menos, sobre todo una que yo me sé, la leona salvaje de detrás del mostrador, esa que ahora te come a voces, porque se muere de ganas de comerte a besos.

-No exageres Pescaero-intervino Katiuska- que una servidora, sin este señoritingo, sabe donde buscarse las habichuelas.

-Eso seguro, negrita, no lo dudo, sigues estando igual de tremenda que cuando pise este antro por primera vez, hace ya tanto. Por cierto, ¿Cuando lo abriste?-inquirió el torero.

-Va ya para seis años. El 12 de marzo, hace exactamente seis años. Tenía yo entonces la edad de Cristo.

-Diga 33, doctorcito, jajajaja-canturréo Vicente Resina.

Cuando el campesino hubo descargado, Laly se unió a la tertulia del trío, rodeando al Pescaero con sus brazos de metacrilato, probando una suerte desconocida de abrazo del oso. Resina no pudo reprimir la carcajada, y una vez libre de las garras de la puta, recorrió su voluminosa anatomía, como si estuviera acariciando un pescado, presto a ser consumido, en el sagrario marmóreo de su pescadería.

Laly, Eulalia Muñoz Alaminos, dominicana, peluquera graduada, conversa al puterío por razones económicas, y de amistad. Laly tenía una peluquería a medias con su prima María Virgen en la Chana, de la que Katiuska era clienta asidua. Poco a poco se había convertido en un lugar de reunión óptimo para las latinas del barrio, un oasis caribeño donde conversar, planear juergas, recordar la tierra de origen, criticar el racismo español. Katiuska pronto se convirtió en el centro de atención, por su verbo desmedido, su audacia sin límites, su lucha sin cuartel por un cachito de espacio propio en el Mercado.

De aquella peluquería latina surgió "La Flor de Cuba", club de divertimento sexual, doscientos metros cuadrados para retozar a gusto, coger una pea, o cerrar la jornada laboral con restregones y conversaciones insulsas. Siete chicas, aparte de las dos socias copropietarias, Katiuska y Laly, el agua y el aceite, la sal y la pimienta, el follar destemplado, el querer pausado.

Cada orgasmo se asemejaba a una estocada, los roles se invertían, ahora era él el toro, la negra la torera. El Rayo del Realejo, el chavea buscarruinas de la calle Molinos, el monaguillo de Santo Domingo, el costalero descarnado del Rosario, la espada con más futuro de España, exhausto ante la hembra de piel de ébano, ante la mujer que le inflamaba, a la par, la bragueta y el corazón. El tabaco cauterizando los pulmones, el teléfono móvil sonando sin parar, el sudor frío resbalándole por el cogote.

Tintineaba Rocío Dúrcal, "La Gata bajo la Lluvia", lo que significaba que estaba llamando su mujer. Su nieto Pablo se lo había grabado en las Navidades pasadas.

-¡Joder, la parienta! Esta no me telefonea a estas horas sino es por algo grave...

Cuando iba a coger el móvil para atender a su señora, la sintonía cesó. Tuvo que marcarle Katiuska, ya que se había dejado las gafas para la vista cansada en el coche.

-¿Qué pasa, Luisa? ¿Pa que me llamas tan tarde?

-Soy yo, papá, la Jessica. Mamá no se puede poner. Han ingresao al Pablito. Por lo visto, está en la UCI, muy mal. Se le ha complicao lo del apéndice...-Su hija rompió a llorar.

El Seat Toledo remontó la circunvalación, desde el Polígono Juncaril, pulverizando las velocidades permitidas. El matador entró a degüello en el Materno-Infantil, cogiendo en volandas a médicos y enfermeras, pateando el ascensor averiado.

El chaval estaba muerto, en la mesa de operaciones, ni nueve añitos tenía. La familia estaba hundida, descabezada, desolada. Luisa permanecía serena, sentenciándole con sus ojos de color avellana. El matador matado, el torero toreado, el alborotador de los ruedos acusado, culpable de adulterio, de despreocupación, de trasnocheo inmisericorde.

Cuando arrancó el automóvil, había terminado ya la cajetilla de cigarrillos. El mono le sacudía, no tenía cojones de volver arriba, a pedirle a su hijo un puto cigarro en estas circunstancias. Estaría agobiado con el papeleo, preparando el funeral imprevisto de una criatura adorable. Para colmo el móvil parpadeaba, cuatro llamadas perdidas de la negra.

Necesitaba fumar. Su gaznate seco le pedía una copa a gritos. Quería huir de su esposa, de su Manolín, de su Jessy, de su Jorge, quería escapar del cadáver insepulto de su nieto mayor, el que más se parecía al abuelo, el heredero castrado de una casta torera. Quería marcar distancias con la puta enamorada, la cubana que cambió la Revolución socialista por la Monarquía cuché.

La noche es joven, se dijo. Aceleró el Toledo, saliendo por la Ronda Sur, en dirección a la autovía de Sierra Nevada. Cuando ya vislumbraba los túneles del Serrallo, le apeteció escuchar a Roberto Carlos, el rey de la canción melódica brasileña, el preferido de Luisa, al que llegaron a conocer en Quito, en 1977. Rozaba la cinta, en la marabunta de la guantera, alargaba la mano para cogerla, cuando el frenazo súbito del coche de delante, provocó el choque.

El Rayo del Realejo, José Léon Villalta, agonizaba en el interior del vehículo. Roberto Carlos entonaba ya "Cama y Mesa".

domingo, julio 26, 2009

Siempre nos quedará Castell


Ni yo soy Rick Blaine ni tú Ilsa Lazlo. Ni siquiera revolotea por ahí un Victor Lazlo cualquiera. Esto no es la Casablanca de la Segunda Guerra Mundial, es la Granada del desamparo y de la abulia. No estamos en una maldita película, no somos personajes de un clásico del séptimo arte, sino dos españolitos vagabundeando por el recién arrancado siglo XXI.

Sin embargo, parafraseando a Bogart: Siempre tendremos Castell de Ferro. Siempre tendremos el Parque García Lorca. Siempre tendremos Cumbres Verdes. Siempre nos quedará una tarde primaveral, a caballo entre Víznar y Alfacar. Nunca podrán robarnos la Alhambra, ni podrán arrebatarnos aquel paseo por la Cuesta de los Chinos.

Aprendí a quererte un 17 de abril, en la Huerta de los Mudos. Entonces creí que podría superar los obstáculos, creí que sería capaz de armarme de valor para desafiar las dificultades, creí encontrar mi patria en el cielo de tu boca...

Fuiste compañera, amante, amiga, fuiste la noche y el día, el alba y la madrugada. Fuimos dos locos en busca del Jardín del Edén, dos minúsculos mortales jugando a ser dioses, dos enamorados sin freno ni pausa. No calculamos el coste de la travesía hacia la felicidad, solamente disfrutamos del vino y de las rosas, sin pedir permiso, ni comprender lo que iba a suceder.

Tres meses apasionados, tres meses de ensueño, noventa veces veinticuatro horas, incontables segundos para revelar secretos, para sentir lo imposible, para jadear sin resuello al ritmo del radiocassette. Maestra y aprendiz, experto y principiante, formadores no reglados, cada uno en su materia, pigmaliones disciplinados, ensayando la cotidianeidad, preparando lo que ya no vendrá.

Cuando me tome un café Castell (café, chocolate, nata y ralladura de naranja) en el Caferini, me acordare de ti. Cuando Antonio me sirva el gazpacho y las puntillas de calamar en La Brisa, habrá un pensamiento para Tania*. Cuando saboree el cóctel al que me aficionaste (licor de coco con batido de chocolate), levantaré mi copa y brindaré por lo nuestro, aquello que pudo ser y no fue.

A falta de Rick's, siempre nos quedarán la Kapital, la Vogue, el Baja Mare. A falta de porvenir en común, siempre nos quedará el pasado, escondido en los pliegues de esta ciudad, bella y bellaca al unísono.

*Jamás te concedí el privilegio de la hache, jamás te lo concederé. Pídeme lo que te apetezca, que te lo conseguiré, pero no me pidas el martirio de la hache intercalada, de eso, ¡nanay!

sábado, julio 25, 2009

Granada Televisión informa del acto de UCAR en recuerdo de las víctimas del franquismo



Noticia aparecida en los informativos de Granada Televisión, cadena local propiedad del grupo Prisa, sobre el desagravio a las víctimas de la dictadura franquista organizado por la Unidad Cívica Andaluza por la República, en la mañana del viernes 24 de julio de 2009. El periodista Agustín Martínez introduce y comenta el reportaje.

viernes, julio 24, 2009

Nota de prensa UCAR-Granada


Granada, a 24 de julio de 2009

HOMENAJE A LAS VICTIMAS DEL FRANQUISMO EN LA TAPIA DEL CEMENTERIO DE GRANADA

Convocado por la Unidad Cívica Andaluza por la República

Familiares de víctimas del franquismo han hecho hoy una ofrenda floral y han colocado una placa conmemorativa en la tapia del cementerio de Granada, en memoria de los 2.400 republicanos fusilados por los franquistas durante la Guerra Civil. Esta es la segunda placa que colocan los familiares en el muro de los fusilamientos que aún conserva los impactos de bala. La primera placa fue arrancada por funcionarios municipales a los pocos días de ponerla. La Unidad Cívica Andaluza por la República, convocante del acto, ha pedido al gobierno municipal del Partido Popular que, por dignidad política y coherencia democrática, respete la placa colocada en la tapia que dice así: “A las víctimas del franquismo, fusiladas en esta tapia por defender la legalidad democrática de la República”. Durante el homenaje ha intervenido José María García Labrac, portavoz de UCAR:

“En nombre de la Unidad Cívica Andaluza por la República, quiero daros las gracias por estar aquí, honrando a estos mártires de la libertad y de la justicia social ¡Viva la Tercera República Española!”

Por su parte, Francisco Vigueras Roldán, periodista e investigador de la Guerra Civil, ha recordado cómo en la tapia del cementerio fueron vilmente asesinados alcaldes y concejales, médicos y abogados, profesores de Universidad y maestros de escuela, sindicalitas y trabajadores, es decir “la flor y nata de la sociedad granadina de entonces, lo que supuso no sólo un crimen contra la humanidad sino un daño irreparable para la ciudad de Granada del que aún no se ha recuperado”. Según Vigueras, los detenidos eran sacados de la prisión provincial de Granada, convertida en campo de concentración y exterminio, un recinto con capacidad para 400 reclusos, en el que se hacinaban más de 2.000. Los presos eran trasladados en los tristemente célebres “camiones de la muerte” que atravesaban de madrugada la ciudad, camino de la tapia del cementerio donde eran fusilados. La descarga de fusilería sonaba por toda la ciudad en el silencio de la noche, provocando el terror entre los granadinos, tal y como pretendían los militares golpistas.

La corporación municipal del 39 fue diezmada por los sublevados que fusilaron a varios alcaldes como Manuel Fernández Montesinos, José Palanco Romero, Constantino Ruiz Carnero o Luis Fajardo Fernández, y concejales como José Valenzuela Marín, José Megías Manzano, Juan Comino Alba, Rafael Gómez Juárez, Enrique Marín Forero, Juan Fernández Rosillo, Maximiliano Hernández Martínez, Rafael García Duarte, Antonio Dalmases, Manuel Salinas Pérez, Rafael Baquero San Martín y Virgilio Castilla , que llegó a ser presidente de la Diputación.

Durante el homenaje, se han leído las cartas de despedida, llenas de amargura y desesperanza, que algunos presos escribieron desde la cárcel a sus familias, antes de ser fusilados. Fue el caso de Luis Fajardo Fernández, que llegó a ser alcalde de Granada:

“A mi esposa, mis hijos y mis hermanos. Escribo estas líneas ante la perenne eventualidad de mi fusilamiento, de día en día más posible. … Escribo hoy viernes 7 de agosto de 1936 y son las ocho de la noche. No sé lo que me sucederá esta noche. Y por ello quiero dejar ordenadas mis cosas dentro de lo posible… Al suceder lo que espero, todos los días tened la seguridad de que mi último recuerdo será para vosotros. Os abraza vuestro esposo, padre y hermano. Luis”.

Los organizadores del homenaje han recordado, también, que los fusilamientos en la tapia del cementerio formaban parte de una matanza fríamente planificada, como demuestra la carta del abogado José María Bérriz, simpatizante de los militares golpistas:

“El camino es vencer o morir matando granujas… El Ejército quiere extirpar la raíz de esa mala planta que se comía a España. Y creo que lo va a conseguir. Funcionan día y noche los Juzgados Militares y las penas son severísimas….Siguen los fusilamientos. Directivos de los sindicatos, dirigentes, maestros y mediquillos de pueblo caen por docenas. La ciudad animada…”. Bérriz llega a escribir sin piedad ni remordimiento: “La cosecha no está nada mal para un solo mes de contienda”.

martes, julio 21, 2009

El reverso tenebroso de nuestra causa


La causa revolucionaria requiere del uso discrecional de la violencia. El ejercicio de la violencia en dosis controladas puede contribuir notablemente al triunfo de la revolución.

La violencia desbocada, descontrolada e irracional pierde su carácter revolucionario para adquirir connotaciones de venganza personal, ribetes de criminalidad. La violencia debe de ser medio para conseguir determinados objetivos, nunca meta en sí misma.

El Honor de las Injurias, documental dirigido por el pintor Carlos García-Alix, relata la truculenta trayectoria política de Felipe Sandoval, el Doctor Muñiz. Sandoval fue el pistolero y atracador anarquista que puso en jaque a las fuerzas de orden público de la República.

Rodado en un blanco y negro impecable, El Honor de las Injurias tiene factura de cine negro, rememorando los avatares de Sandoval como si se tratara de un thriller de ficción. García-Alix echa mano de ingentes recursos fotográficos para plasmar en la película la España de entonces. El metal de voz del narrador es uno de los aciertos del film, ya que te transporta a la atmósfera opresiva que creó y destruyó a Felipe Sandoval.

Adepto a la acción directa, ingresó en el anarquismo desde la delincuencia. Ratero profesional, conoció en la Modelo de Barcelona la doctrina ácrata, de la que se hizo incondicional. La CNT respondió al reinado de terror de Martínez Anido con la furia de sus armas. Sandoval ligó su supervivencia al brillo de las pistolas anarcosindicalistas.

La República burguesa del 14 de abril no supo o no quiso responder a las expectativas revolucionarias del movimiento anarquista, lo que precipitó el decantamiento insurrecional de la CNT. Las huelgas y los levantamientos obreros se sucedieron sin cesar, el Estado respondió haciendo uso del monopolio de la violencia, la CNT recurrió a los atracos, los robos y las expropiaciones. Sandoval fue el pistolero más reputado, el que ocupó más primeras planas en los periódicos, el Doctor Muñiz, cuyo nombre hacía temblar a propietarios y especuladores.

La sublevación franquista provocó lo que, en teoría, quería evitar: la revolución social. El Estado republicano se desmerengó a la par que se alzaba la facción africanista del Ejército. Colapsada la República, los partidos del Frente Popular se repartieron las tareas represivas, creando policías paralelas, en un marco de desconfianza, alimentado por la vesania fascista.

En el caos que siguió al 18 de julio, individuos de dudoso crédito acumularon responsabilidades esenciales en la depuración de la quinta columna, exhibiendo su pureza republicana con la comisión de crímenes horrendos. La asonada franquista privó a la República de su poder coercitivo, favoreciendo el encumbramiento de indeseables, que manejaron la retaguardia a su antojo, mientras el pueblo resistía en los frentes de batalla.

En ese contexto, Felipe Sandoval se hizo cargo de la checa del Cinema Europa, comandando una patrulla encargada de limpiar Madrid de fascistas emboscados. Los bombardeos de la aviación rebelde, que afectaron en masa a la población civil, enardecieron los ánimos de los defensores de la legalidad, que toleraron y ampararon auténticas atrocidades, bajo el espeso manto del silencio.

La matanza de la cárcel Modelo, instigada por Sandoval, como respuesta a la carnicería desatada por Yagüe en Badajoz, supuso un punto de inflexión en la represión republicana. El Gobierno recuperaba el dominio de la cosa pública, frenando los desmanes y desarticulando las checas. Las autoridades reordenaban la situación, reestableciendo el imperio de la ley, con el apoyo decidido del Partido Comunista. La estrella de Sandoval comenzaba a fundirse.

En la llamada España Nacional, la represión fue concienzudamente planificada por Franco y su cohorte de traidores. Las instrucciones secretas del general Mola relativas a la preparación del putsch ya establecían la aniquilación física de los opositores al Movimiento. El franquismo supuso la institucionalización del asesinato, la legalización del delito, el desvanecimiento del Derecho.

En la España leal, la represión fue la respuesta desesperada al golpe de Estado, el rebufo violento de los acostumbrados a perder desde el seno materno. Una represión infinitamente menor a la del bando contrario, injustificable pero comprensible. Una represión que mermó energías, que resto empuje al empeño republicano de vencer la guerra.

Felipe Sandoval fue uno de los verdugos al servicio de la revolución, un hombre que sufrió en presidio, al que apalearon y deformaron el rostro, un pobre diablo que se agarró a la Idea para vengarse de las injurias.

domingo, julio 19, 2009

El Dúo Calavera en el Baptisterio Romano de Las Gabias




Vídeos de la visita al Baptisterio Paleocristiano Romano de la localidad granadina de Las Gabias, realizada en la mañana del 19 de julio de 2009. Ejerció de guía Miguel Rojas Serrano, uno de los propietarios del monumento, nieto del tío Toleo, descubridor del mismo en 1920.

jueves, julio 16, 2009

Un fascista, un dictador, un "socialisto"


Ha estado el ministro Moratinos de viaje de negocios por África. En la delegación que le ha acompañado, figuraba en puesto preferente el senador Fraga Iribarne. Fueron recibidos por el mandatario de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema.

Resulta que Manuel Fraga Iribarne, presidente-fundador del Partido Popular, fue ministro del régimen fascista acaudillado por el general Franco. Resulta que participó en los Consejos de Ministros que condenaron a muerte a Julián Grimau, a Francisco Granado y a Joaquín Delgado. Resulta que mandaba las fuerzas policiales que se vieron implicadas en las matanzas de Vitoria y de Montejurra.

Resulta que Obiang Nguema es un dictador sanguinario y corrupto, un sátrapa multimillonario que mantiene al pueblo ecuatoguineano en la indigencia.

Resulta que Guinea Ecuatorial posee unas reservas petroleras nada desdeñables, lo que la ha convertido en un codiciado objeto de deseo para las potencias occidentales.

Resulta que el partido en el Gobierno, al que pertenece el señor Moratinos, tiene la guasa (y la desfachatez) de autodenominarse Socialista y Obrero.

Resulta que esto es una democracia (y yo voy, y me lo creo).

martes, julio 14, 2009

De cuando se suicidaron dos letraheridos


Si me oyen me han de llamar mal español porque digo los abusos para que se corrijan, y porque deseo que llegue mi patria al grado de esplendor que cito. Aqui creen que sólo ama a su patria aquel que con vergonzoso silencio o adulando a la ignorancia popular contribuye a la perpetuación del mal...

(Mariano José de Larra, 1809-1837)

Y me mantengo firme gracias a ti, poesía, / pequeño pueblo en armas contra la soledad.

(Javier Egea, 1952-1999)

El lunes de carnaval de 1837, Mariano José de Larra se suicidó frente al espejo de su piso de la calle de Santa Clara número 3, en el Madrid de los Austrias. Un pistoletazo en la sien derecha ponía el punto final a la aventura vital de Fígaro. Despechado, traicionado por la mujer que amaba, el periodista mejor remunerado del momento moría a la manera romántica.

Ceñir el suicidio de Larra a cuestiones sentimentales sería un error de libro. El abandono de Dolores Armijo fue la gota que colmó el vaso de su desesperanza, el empujoncito final hacia el abismo. Fue la sociedad española la que le arrojó en brazos de la parca.

Larra murió de puro español, de ser un español tan noble, un español de tan recia honradez, que ni la propia España se lo merecía. Este país nuestro ha sido (y es) un experto consumado en el pisoteo inmisericorde de las ilusiones de los mejores españoles, en el aplastamiento de los genios y los lumbreras capaces de modificar el rumbo vacilante y pendenciero que nos conduce al precipicio.

España fusiló a Federico, encarceló a Miguel Hernández, exilió a Bergamín, dejó que Machado se derrotara en Colliure, España repudió a Goya, tildó a Blanco White de extranjero, ejecutó a Riego, dió la orden de fuego que diseminó el cadáver de José María de Torrijos en las playas de Málaga. La nación encargada de guarecer las esencias católicas del orbe, quemó a los herejes, sepultó a los librepensadores, mató de hambre a los patriotas.

La biografía de Mariano José de Larra es la crónica de un fracaso. El Pobrecito Hablador fracasó en su afrancesamiento, en su liberalismo bientencionado, en su condición de enamorado de una mujer casada. La bala que le destrozó el cráneo sólo fue un trámite. Larra había fenecido mucho antes, en el exacto segundo en el que comprendió que no podía dejar de ser español, porque somos españoles los que no podemos ser otra cosa.

Javier Egea se descerrajó un tiro en la cabeza con su escopeta de caza. Encontraron su cuerpo en el interior de su domicilio, un ático en la calle Óscar Romero, en el populoso barrio granadino del Zaidín. Los hechos sucedieron el jueves 29 de julio de 1999.

Egea era poeta. Y comunista. Ser poeta en Granada es una carambola del azar, una pesada carga en la ciudad que mató al Poeta por excelencia. Ser comunista es acaso un empeño inexpugnable en la patria chica del chavico, en el lodazal de envidias regado por tres ríos desiguales en capacidad y en evocación literaria: el Darro, el Beiro y el Genil.

Burgués de estirpe, autodidacta sin título universitario, lector empedernido del Quijote, compañero de generación de Luis García Montero y Álvaro Salvador en aquella epopeya de la Otra Sentimentalidad, al amparo de las teorías marxistas de Juan Carlos Rodríguez. Quisquete practicó la poesía materialista, la poesía clasista del que sitúa su escritura en el terreno de la dialéctica capital/trabajo.

La estrategia lampedusiana que puso en marcha la Transición arrolló a los comunistas y compró a los poetas. Hubo algunos que no toleraron el soborno, que no aceptaron el tinglado editorial, los premios concedidos de antemano, los chanchullos mediáticos, la censura consciente o insconsciente, que se resistieron a sumarse a las huestes victoriosas del pensamiento único. Los comunistas, por su parte, asumieron la caída del Muro, el desmoronamiento del campo socialista, con estoicismo. La perfección leninista, contaminada por Stalin, rehecha a retazos por sus sucesores, se venía al suelo cual castillo de naipes, ante el asombroso espanto de los bolcheviques.

Javier Egea no se vendió, no escapó a la casa común de la izquierda, no renegó de sus orígenes ideológicos, continuó componiendo versos en el marco del materialismo histórico. Sus otrora colegas entraron en el circuito cultural mercantilizado, se convirtieron en popes de lo políticamente correcto, dejando atrás la poesía comprometida, conservando lazos partidarios más etéreos. La amistad se fue diluyendo, corrió el calendario, llegaron los casorios, la prole, la comodidad del brasero y del aparato de televisión.

No tuvo otro remedio que disparar contra sí mismo. No le dejaron ninguna salida. España le puso entre la espada y la pared, y él escogió el frío del acero.

Atrás quedaban los saraos en La Tertulia, las borracheras en el bar Bernardo, la lucidez del cubata, la camisa hawaiana de Rafael Alberti, el frustrado intento de construir un discurso poético anticapitalista, en el piélago de posmodernidad que nos descabalgó como tristes Saulos.

Larra y Egea, Egea y Larra, liberal el uno, marxista el otro, ambos refractarios para la España que les lanzó al vacío, ambos mártires sacrificados por los sumos sacerdotes del poder, ambos daños colaterales de los mandarines del devenir español.

La casualidad quiso unir los aciagos desenlaces de estos dos revolucionarios de la pluma. Javier Egea se arrancó la existencia a pocos metros de otra calle de Santa Clara, de similar nombre a aquella vía madrileña en la que Mariano José de Larra perdió la apuesta con Doña Cuaresma.

Homenajeando a las víctimas del 18 de julio en Granada



Acto en el cementerio municipal de Granada en recuerdo a las víctimas del golpe de estado franquista, llevado a cabo la mañana del 14 de abril de 2009, por integrantes de la Coordinadora Republicana de Granada. Homenaje incluido dentro de las II Jornadas Republicanas de Granada, realizadas el pasado mes de abril por segundo año consecutivo.

Nuestra asociación, UCAR-Granada, tuvo a bien participar en dichas Jornadas y forma parte actualmente de la Coordinadora.

sábado, julio 11, 2009

Tal Vez

Relato estival de política-ficción

Un águila real desplegaba su imponente anatomía sobre la Carrera de San Jerónimo. Batiendo sus alas, oteando el horizonte, ajena al revuelo que se había formado abajo, alrededor del edificio de las Cortes. Los municipales acordonaban la zona con presteza, ante las protestas a coro de un borracho noctámbulo y de un viejo madrugador. Los furgones policiales se amontonaban, conteniendo a duras penas a los curiosos, que eran legión, a tan tempranas horas de la mañana.

Los cronistas parlamentarios bebían café de máquina en un corrillo, algunos mojaban churros en el chocolate hirviente, otros se ajustaban la bufanda o se abrochaban el último botón del abrigo. Los reporteros de la tele hacían su aparte, compartiendo cigarrillos, contando chascarrillos y chistes malos.

El coche blindado que transportaba al primer magistrado de la nación llegó sobre las ocho y media. Baltasar Garzón Real descendió del auto con suficiencia, saludando a renglón seguido al presidente de la Asamblea Nacional, diputado Eduardo Madina. Una nube de reporteros y de cámaras rodeó sin piedad al presidente de la República, mientras Madina lograba zafarse del acoso periodístico, trepando con dificultad hasta los leones de las Cortes, donde le aguardaba un grupo de diputados correligionarios.

Antonio Moreno Vázquez leía el diario Público en su escaño, bostezando de vez en cuando, revisándose las ojeras en un espejito de mano que guardaba en la cartera de cuero. La noche anterior había recorrido los peores antros de Malasaña, devorando cacharrito tras cacharrito, emprendiendo un tour alucinante a la vera de Emilio Villarrubia Aguilera, colega de farras y de fiestas de guardar, dispuesto siempre a alternar las copas con el flamenco o con el frikismo más descarado. Una chica totalmente ida, pasada de alcohol y de porros, le había reconocido, soltándole un mítin político en medio del pub, mentándole a Marx y a su madre.

La juventud quedaba lejos, perdida en cualquier recoveco de los recuerdos, anclada en el puerto marinero del que se partió para nunca regresar. Las brumas del pasado le envolvían, le devolvían a su época de estudiante universitario en Granada, a los amigos repartidos por el mundo, a los amores olvidados, a los compañeros muertos hace ya tanto.

Cuando Garzón entró en el hemiciclo, Moreno dobló el periódico y lo guardó en la cartera, recolocándose el cuello de la chaquetita blanca, la de las grandes ocasiones. El jefe del Estado le saludó con la mirada, respondiéndole el diputado con una mueca que intentaba ser amistosa.

Durante la etapa postrera del reinado de Juan Carlos I, Moreno había sido hipercrítico con la actuación del entonces juez de la Audiencia Nacional. El afán de protagonismo, la búsqueda exacerbada de notoriedad mediática, ciertos tropezones procesales, la obsesión de acabar con el independentismo vasco a toda costa, mezclando churras y merinas, pescando a río revuelto, arriesgando libertades públicas en pos del fin del terrorismo etarra. Garzón no era santo de su devoción, precisamente.

Por esos años, Antonio Moreno apenas tenía veinte. Aún ni imaginaba que acabaría siendo alcalde de su pueblo natal, Alcalá del Valle, en la legislatura 2015-2019, coincidiendo con el acceso al trono de Felipe VI el 17 de abril de 2016. No se le pasaba por la cabeza que el 8 de junio de 2025 una Asamblea Constituyente iba a proclamar, en sesión extraordinaria, la Tercera República Española. Ni en sus sueños más remotos había podido imaginar que él iba luego a ocupar un escaño en la Asamblea Nacional, órgano unicameral del nuevo régimen, cómo portavoz del grupo parlamentario de Izquierda Unitaria Anticapitalista.

Baltasar Garzón pronunciaba su discurso en la tribuna de las Cortes con parsimonia, mirando sus papeles con el rabillo del ojo. Aunque se negara a reconocerlo, era un anciano septuagenario, cercano a los ochenta, enfermo crónico de hipertensión, cargado de kilos y de razones de peso para abandonar un cargo que ocupaba desde el 23 de octubre de 2029. Garzón había ganado las elecciones presidenciales de 2029, presentándose cómo candidato independiente, con el apoyo explícito del Partido Socialdemócrata Federal, capitaneado por Eduardo Madina y con el concurso de intelectuales de renombre cómo Luis García Montero, Juan Mariano Amaya o Sonia Gullón. El formidable aval que llevaba el antiguo juez debajo del brazo era su decisiva contribución a la solución negociada del conflicto vasco.

Los ciudadanos decidieron premiarle por su papel como comisionado especial del gobierno Madina en el diálogo abierto con la organización terrorista tras la tregua de noviembre de 2027. Garzón supo superar rencillas de siglos y tejer con sabiduría un acuerdo de mínimos que garantizaba la entrega de las armas por parte de ETA y la legalización de los partidos de la izquierda abertzale, estableciendo el objetivo a largo plazo de un referéndum de autodeterminación en Euskadi y en Navarra. El antes encarnizado enemigo del abertzalismo había conseguido una paz ansiada por los españoles, y apoyada mayoritariamente por los independentistas vascos.

El referéndum estaba previsto para la primavera del año 2034, aún faltaba año y medio para su celebración. El reciente nombramiento del histórico dirigente vasquista Arnaldo Otegi cómo vicelehendakari presagiaba un clima calmado de cara a la cita con las urnas. Otegi había renunciado a la violencia cómo instrumento político tras el fallecimiento de Juan Carlos I en abril de 2016, en el marco de las algaradas y disturbios prorrepublicanos que paralizaron Madrid y Barcelona durante tres semanas.

Esas movilizaciones propiciaron también la ruptura en el seno del PSOE, que se escindió en tres grupos: a la izquierda el Partido Socialdemócrata Federal de Madina, Cristina Narbona y Jesús Caldera, en el centro el PSOE Auténtico (Manuel Chaves, Rodríguez Zapatero, Pepe Blanco) y a la derecha la Unión Progresista Española (José Bono, Alfonso Guerra, Felipe González, Rubalcaba). La primera formación inició un proceso de consolidación que le permitió participar activamente en el desmantelamiento del sistema monárquico, estableciendo unos principios ideológicos claros: republicanismo, economía socialista de mercado e independencia en política exterior.

El PSOE Auténtico acabó siendo absorbido por la UPE. Para cuando la monarquía Borbón se deshizo en pedazos, acogotada por tremebundas recesiones, ruido de sables y levantamientos obreros, la UPE era un partido marginal, que acabó diluido en la sopa de siglas de las derechas españolas.

El presidente de la República estaba concluyendo su perorata, Antonio Moreno finiquitaba su intervención en el procesador de textos, en ese preciso instante, Arturo Mallorquí, secretario general del Partido Centrista Republicano, soltó una estruendosa carcajada, que rebotó en las paredes del hemiciclo. Aquel antiquísimo Congreso, que aún conservaba los restos de la balacera del teniente coronel Tejero en febrero de 1981, se estremeció en sus cimientos, tal era la potencia del vozarrón de Mallorquí.

El Moreno de Cádiz, motejado así por sus condiscípulos de la facultad, respondió al exabrupto con un gesto de cortesía. Era un gentleman del comunismo, caballero andante consciente de su destino de clase, principal representante de seis millones de españoles, votantes de Izquierda Unitaria Anticapitalista.

Mallorquí era un abogaducho de tres al cuarto, accionista de Telefónica, lameculos oficial de la familia Botín, líder de Nuevas Generaciones en la época de Mariano Rajoy. En 2019 participó activamente en la fundación del Partido Centrista Republicano, conjunción de centristas, liberales, democristianos y seguidores de Rosa Díez. Al instaurarse la República, mantuvo conversaciones con sectores de las Fuerzas Armadas, descontentos con Felipe VI, pero frontalmente anticomunistas.

Ahora ejercía de Castelar de la derecha civilizada, enseñando las fauces de bestia corrupia cada vez que alguien osaba hablar del socialismo, de la planificación democrática de la economía o de la laicidad del Estado.

Baltasar Garzón terminó la parrafada con suficiencia. Bajó del estrado y se dirigió a la tribuna de invitados donde le esperaban su esposa y varios amigos personales.

Un cuarentón maqueado, traje príncipe de Gales marca Armani, frondosamente engominado, se encaramó al micrófono, carraspeando antes de pronunciar la réplica al discurso presidencial. Fernando Sáenz de Heredia y Rodríguez de la Higuera, niño bien del barrio de Salamanca, galgo corredor de casta franquista, jefe nacional del Frente Español Antimarxista en el lustro de plomo (2019-2024), reconvertido ahora al parlamentarismo como portavoz de Coalición Liberal-Conservadora, el chiringuito creado por los ex ministros más carcas de Aznar.

Antonio Moreno desconectó en cuanto Sáenz de Heredia comenzaba a desgranar los entrantes de un menú dialéctico harto conocido, harto cansino. La cabeza le daba vueltas, necesitaba un vaso de agua helada y una aspirina para calmar la incipiente cefalea.

En la cafetería de la Asamblea, mientras removía la pastilla en el vaso de tubo repleto hasta los bordes de agua de Lanjarón, se dejó llevar por la ensoñación de nuevo, removiendo a su vez las entrañas de un alma castigada por la edad y las putadas de la política partidaria.

Él se creía un hombre de acción, un revolucionario de barricadas y banderas al viento, pero el destino le había reservado otro rol: ser un politicastro profesional, ocupante de un escaño en un parlamento burgués, oyente indignado de las paridas de cuatro ricachones aburridos. Antonio engañó a la resaca tragando el agua en un santiamén, pagó la consumición y subió hasta su despacho.

Dos fotos decoraban la oficina del diputado comunista: en una aparecía de jovencito rodeado por Marcelino Camacho y Josefina Samper, en la otra charlaba animadamente con Julio Anguita en el día de su 85 cumpleaños. Moreno descolgó una gabardina gris del perchero, se la colocó, apagó las luces del cubículo y echó la llave.

Cuando abandonó las Cortes, empezaba a llover. Se había dejado el paraguas en su apartamento de Cuatro Caminos. Maldijo su suerte.

Eran las doce y catorce minutos del mediodía cuando fue engullido por una boca de metro.

martes, julio 07, 2009

Alcanzadas las 20.000 visitas

Tengo la enorme satisfacción de comunicaros que este blog ha superado la barrera de las 20.000 visitas, tope que un servidor se había fijado en la mente hace ya algún tiempo.

Para celebrar este pequeño acontecimiento, de gran simbolismo para una bitácora personal e intransferible, os regalo un fondo de pantalla confeccionado por mi primo hermano, José Antonio Larrubia García. No sin reiterarle mi agradecimiento, os invito a contemplar el tuneo que realizó sobre una imagen de John Wayne y Robert Mitchum, posando ante la cámara en el rodaje de El Dorado (Howard Hawks, 1967).

Este wallpaper se plasmará en unas camisetas que lucirán los miembros de la Cuadrilla del Trabuco, peligrosa banda organizada de intereses inconfesables, especialista en llevar a cabo correrías torrentianas.

Os dejo con la obra de moros de José Antonio Primo de Labrac, que no de Rivera:

sábado, julio 04, 2009

Karl Malden, por narices


Nariz rota. Mirada desafiante. Típico y tópico usamericano medio. Mladen George Sekulovich, para nosotros Karl Malden.

Careto de granito, hechuras de tiarrón del Norte, la pipa al cinto y el puño apretado, plantado en mitad de un duelo, bajo el sol pegajoso de Texas, el silencio quebrado por las puertas batientes del saloon. Cobijado en la sombra de un descomunal bloque de apartamentos, subiendo la escalera de incendios, la gabardina empapada de lluvia sucia, de apestosa lluvia neoyorquina.

Enfrente Brando. O McQueen. Rod Steiger pisándote los talones. Carroll Baker desnuda en su cuna de muñequita, provocándote. Eli Wallach descojonándose, jodido judío, maldito hijo de Israel. Enredado en el tumulto, enmarañado en la jungla hollywoodiense, huyendo de la policía, acorralado por un par de hampones, de gatillo fácil y cortas entendederas, persiguiendo a los apaches, hasta el The End.

Actor's Studio en vena, método Stanislavski rebosando por los poros, Karl Malden coprotagonizó grandes clásicos del cine, animó filmes mediocres, prestó su carisma a subproductos meramente alimenticios. Fue el amigo fraterno de Marlon Brando, el defensor del chivato Elia Kazan, el marido de Mona Greenberg a lo largo de siete décadas.

Serbio y checo, estadounidense de Indiana, bajo sus fosas nasales pluscuamperfectas se refugiaba un consagrado maestro en el arte del cinematógrafo.

Arrecia el verano, cobrándose piezas. Pronto, Karl Malden, un numerito más en la perra estadística de ancianos víctimas de esta ola de calor.

viernes, julio 03, 2009

Entrevista a José Luis García Puche, presidente de UCAR-Granada


El doctor José Luis García Puche es el presidente del colectivo UCAR-Granada desde su fundación en abril de 2005. Actualmente es Director de la Unidad Clínica de Oncología del Hospital Clínico San Cecilio y profesor numerario de la Universidad de Granada. Lleva trabajando en Oncología 39 años, 30 de ellos cómo responsable. Tuvo formación en el Istituto dei Tumori de Milan (1975-1977). Militante del PCE ya en la clandestinidad, perteneció además a la Junta Democrática. En la actualidad forma parte de CCOO y de Izquierda Unida.

Sus principales aficiones son la lectura (Historia, Historia de la Ciencia, Física, Cosmología, Historia política, Filosofía, Teoría del conocimiento y novela negra), la bicicleta y la observación astronómica. Últimamente dedica parte de su ocio a su nieta.

Con su amabilidad habitual, accedió a realizar esta entrevista por correo electrónico, en los ratos libres que le dejan sus pacientes:

¿Qué hace un oncólogo de tanto prestigio cómo tú presidiendo una asociación republicana?

¿A que puedo dedicar mejor mi tiempo político, que a contribuir a instalar o soñar instalar la única forma de Estado compatible con la dignidad humana? En estos momentos no todos tenemos el mismo derecho en la vida, pero os puedo asegurar, que si somos iguales ante la muerte. En consecuencia no puedo tragar nada bien que haya quién por derechos heredados (no adquiridos con el esfuerzo) sea más que los míos, los que me rodean y yo mismo.

¿Cómo valoras, a 4 años del nacimiento de UCAR-Granada, la experiencia republicana?

Que la misma existencia de nuestra asociación y otras que comparten el ideal republicano ya son una molestia para el Poder Instituido que nos demoniza o de alguna manera intenta ridiculizarnos como trasnochados fuera de época. Existimos y somos, ahora debemos hacernos notar, hacer entender que la república en España es una meta a conseguir como forma de Estado no solo legítima, sino al alcance mediante medios pacíficos. Es evidente que nos queda mucho por hacer, pero sin bases o estructura desde la que trabajar (y UCAR es una de ellas) no es posible ni soñar.

¿Qué opinas sobre la participación de UCAR en la Coordinadora Republicana de Granada?

Mi respuesta es absolutamente favorable. Si partimos del deseo legítimo de luchar por la consecución de una República por todos los medios legales y pacíficos, creo que hay una base de unión mucho más potente que las posibles diferencias ideológicas que separan las distintas asociaciones proRepública. En mi profesión he mantenido ante quién quiera oírlo que: La solución del problema del cáncer (y de otros muchos problemas humanos) viene de mano de la cooperación y no de la competición.

¿Cómo calificarías las II Jornadas Republicanas de Granada, celebradas el pasado mes de abril, y en las que colaboró la asociación que tú presides?

Como el primer paso en la Coordinación deseable de nuestra asociaciones en una plataforma de acción conjunta de mínimos o máximos en la consecución del objetivo: La República en España. A continuación deberíamos tener muy claro la definición y proyección de los matices de la Idea republicana (no olvidemos que existen repúblicas bananeras, rechazables y modificables, pero no existe a mi juicio, ninguna monarquía intrínsecamente buena, en el sentido de consagrar el derecho hereditario por encima de la dignidad del esfuerzo personal).


¿Qué nos podrías decir sobre la condena por injurias al Rey del alcalde de Puerto Real, José Antonio Barroso?

Que no tiene mucho sentido político. No me puedo pronunciar respecto a la base jurídica. No obstante y desde nuestra posición Republicana, no tiene sentido lanzar acusaciones o insultos contra el rey y su familia (no contra la corona, que es un símbolo republicano apropiado por la monarquía) que tengan un carácter demagógico y no una base documental probatoria. Como republicano me da igual que el rey sea un crápula como que sea un tío tan bueno que todo lo que gana se lo da a los pobres. No hay rey bueno, no hay idea monárquica éticamente vendible, es inmoral en su esencia ,el hecho que la herencia prevalezca sobre el mérito. Por todo ello me parece más importantes las acusaciones de carácter general o aquellas debidamente probadas, como el hecho de que el rey actual entre otras cosas es un PERJURO, ya que todavía somos mayoría los que que nos podemos acordar como juró ante Franco y las Cortes en 1969 su acatamiento de los famosos principios del "movimiento nacional".

¿Qué opinión te merece la institución monárquica en general, y la borbónica en particular?

Creo que he respondido algo de esto en las anteriores preguntas. Precisamente porque creo en la república me abstengo de opinar personalmente sobre los Borbones (no puedo admitir que los derechos sean hereditarios, pero que tampoco lo sean las culpas). En todo caso un buen amigo mío médico cuando hablaba de esta familia se refería a ellos diciendo :"En España sufrimos una terrible epidemia de peste borbónica".

¿Cuáles son las perspectivas de futuro de UCAR?

1.- Consolidarnos como asociación, mediante promoción, difusión de la Idea Republicana en General y de nuestra asociación en particular y captación de simpatizantes.

2.- Tratar de establecer una convergencia de objetivos y plataforma unitaria de acción con las otras asociaciones republicanas.

3.- Atraer la atención de las estructuras políticas, sindicales o grupos de presión a los Objetivos Generales del establecimiento de la República. Muchos de nosotros sentimos casi repugnancia (y no faltan razones) por las instituciones políticas de nuestro país, tal como están funcionando, pero es lo que hay. Ya que es lo que hay es mejor de una vez por todas hacer que se enteren que la monarquía no es intocable, que muchos (no sabemos si mayoritariamente) queremos la República, QUE EL PUEBLO ESPAÑOL TIENE DERECHO A DECIDIR SOBRE FU FORMA DE ESTADO Y QUE EN LA TRANSICIÓN SE LE ROBO ESE DERECHO AL HACERLE VOTAR DE "MOCHO" UNA CONSTITUCIÓN CON MONARQUÍA DE REGALO. En definitiva que queremos y podemos cambiar.


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