jueves, septiembre 11, 2008

Memorial de infamias


A la memoria de Celia Hart Santamaría (1962-2008), llama inextinguible de la Revolución Cubana.

Curiosamente, estaba leyendo “Confieso que he vivido”, la autobiografía de Pablo Neruda, en el preciso instante en el que el primer avión se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center. Aquel 11 de septiembre de 2001, del que se cumplen hoy siete años, me encontraba repantingado en el viejo sillón orejero de los abuelos, disfrutando de los avatares existenciales del poeta chileno, del gran vate austral al que se le quitaron las ganas de vivir otro aciago 11 de septiembre*.

Minutos más tarde, pudimos ver por la televisión el choque del segundo avión contra la Torre Sur, emitido en directo en medio mundo. Pasamos la tarde embobados frente a la caja tonta, observando estupefactos el ataque kamikaze contra los centros de poder económicos y militares de los Estados Unidos. Muchos conocimos ese día el rostro de Osama Bin Laden, enemigo público número uno de Occidente, patrón del terrorismo internacional.

Luego, con el pasar de los meses, aparecieron las primeras teorías que cuestionaban la verdad oficial sobre el 11-S. El libro de Thierry Meyssan “La Gran Impostura”, publicado a principios de 2002, desveló las oscuras relaciones entre las familias Bush y Bin Laden, aportando datos técnicos que negaban la versión de los hechos que nos habían contado. A partir de ahí los conspiranoicos hicieron su agosto sacando un montón de nuevas versiones de los atentados en Nueva York y en Washington.

Mi propósito no es transitar por los caminos trillados de la conspiración, aunque yo mismo crea en ella, sino rememorar el 11-S desde mi particular óptica. El terrorismo integrista es una respuesta brutal al más brutal aún terrorismo imperialista estadounidense. Las víctimas occidentales de los ataques islamistas pagan los últimos 60 años de agravios, abusos y tropelías usamericanas en Oriente Medio.

EEUU ha derribado gobiernos democráticos (Irán, 1953), ha fomentado la guerra entre los países de la región (Irán-Irak, 1980-1988), ha apoyado dialéctica y tecnológicamente el apartheid israelí en Palestina (desde 1948 hasta la actualidad), ha financiado y entrenado grupos terroristas islamistas con la finalidad de combatir el comunismo o el nacionalismo reformista árabe (Afganistán, 1979), y ha sostenido militarmente las dictaduras teocráticas del Golfo, vulneradoras de los derechos humanos fundamentales. Este es el impecable historial del Imperio en la cuna de la civilización.

El 11-S sirvió como coartada para la guerra contra el terror, que permitió a los EEUU y a sus aliados invadir y ocupar Afganistán e Irak en los dos años siguientes. Además supuso una excusa genial para socavar las libertades civiles de millones de ciudadanos a lo largo del planeta, sacrificando la libertad en nombre de la seguridad. El neoliberalismo disolvía así los principios del liberalismo político, exterminando todo lo que estorbara a la acumulación capitalista.

La facción más extremista del Partido Republicano, los llamados neoconservadores, provenientes en su inmensa mayoría de la ultraizquierda, se hizo con el control de la Casa Blanca en las elecciones fraudulentas de 2000. George Walker Bush, hijo de presidente y nieto de senador, fue elegido emperador tras el sospechoso recuento de Florida, estado en el que su hermano Jeb era gobernador. El exilio anticastrista radicado en Miami, poderoso lobby en la política usamericana desde 1959, colaboró en el ascenso de Bush Junior a la presidencia.

Con Bush como presidente, y con Dick Cheney como vicepresidente y auténtico líder en la sombra, el proyecto de dominación imperial ha extendido sus tentáculos por Oriente Medio, Asia Central y el Cáucaso, fracasando estrepitosamente en América Latina, su sempiterno patio trasero. Los atentados de factura integrista han seguido sucediéndose desde el 11-S, afectando de lleno a capitales europeas como Madrid o Londres, fomentando el miedo irracional, la histeria colectiva y la xenofobia antiinmigrante.

A día de hoy, 11 de septiembre de 2008, Osama Bin Laden sigue en busca y captura, en paradero desconocido, oculto en alguna lejana cueva de la frontera afgano-pakistaní. O por lo menos ese es el cuento que nos larga Falsimedia. Bin Laden siempre me ha parecido un personaje de tebeo, un malo maloso de Tintín o de una película de la Hammer, primo tercero de Fu Manchú, digno de ser encarnado por Christopher Lee.

Recultado como guerrillero anticomunista por la CIA y el ISI (servicio secreto de Pakistán) a comienzos de los 80 para operar contra los soviéticos en Afganistán, reconvertido luego en combatiente antioccidental tras la guerra del Golfo Pérsico (1990-1991), es una figura brumosa, envuelta de misterio. Algo huele a podrido en Al Qaeda, sin duda.

Cuando leen estas líneas, George W. Bush agota su segunda legislatura en la Casa Blanca, reconocido genocida para muchísimas personas, incómodo para su propio partido y para el establishment de Washington, que está decidido a restaurar el prestigio perdido ante la opinión pública mundial. El lobo vuelve a esconderse tras la piel del cordero, ya sea con el negro Obama o con el oxidado McCain.

Sadam Hussein, cómplice del Imperio hasta la invasión de Kuwait en agosto de 1990, caricaturizado después como el Hitler de la península Arábiga, duerme el sueño de los justos. Ahorcado por esbirros del gobierno cipayo iraquí el 30 de diciembre de 2006, siendo grabada la agonía del dictador con un teléfono móvil, complemento macabro de las publicitadas torturas de Abu Ghraib. Qué distinto este video de aquel otro, en el que Sadam y Donald Rumsfeld se estrechaban las manos veintitantos años antes.

Bin Laden olvidado y perdido, Bush casi jubilado, Sadam muerto y enterrado, ese ha sido el destino de los protagonistas de la actualidad global post 11-S. Detrás de los titulares de los medios, los pueblos de Irak y Afganistán han sido los grandes perjudicados de este drama. Los fallecidos y heridos se cuentan por centenares de miles, los combates entre fuerzas estadounidenses y resistentes continúan, importunando el sueño usamericano, ensuciando el american way of live.

Las Torres Gemelas cayeron, el Pentágono fue tocado pero no hundido, la Tierra se estremeció cuando golpearon al gigante. Han pasado los años, hemos crecido, hemos madurado, algunos hasta hemos radicalizado nuestra ideología. Gracias a la matanza del 11-S, comprendí el papel del imperialismo usamericano en la magna tragedia de la humanidad. Y me decidí a batallar contra él, con las escasas fuerzas de las que dispongo.

En ello estamos.

*Hace 35 años, el 11 de septiembre de 1973, el fascismo demolía la democracia más vieja de América Latina, cayendo en la defensa de La Moneda el presidente Salvador Allende. El Terrorismo de Estado se apoderaba de Chile, desencadenando una espiral de violencia feroz que ahogó en sangre la vía allendista al socialismo. El Imperio participó activamente en la preparación del golpe, con el objetivo de eliminar a un gobierno rebelde que molestaba los intereses comerciales de las empresas usamericanas. Pablo Neruda sólo pudo sobrevivir dos semanas a la catástrofe.

sábado, septiembre 06, 2008

Rincón del invitado: Juan Pablo Segovia Gutiérrez


Inauguro con este texto una nueva sección del Llanto, en la que pretendo dar voz a mi gente, a los amigos que quieren mostrar sus reflexiones, sus ideas, sus historias, al mundo. El autor de este relato, que tiene mucho de verídico y de real, porque le conozco demasiado bien, y porque yo mismo he experimentado las sensaciones que él describe, es Juan Pablo Segovia Gutiérrez. Sólo puedo contar cosas buenas de JP, como le conoce la afición, ya que es uno de mis mejores amigos, desde hace muchísimos años.

Dejo ya de hacerle la pelota al doctor Segovia y les dejo con "Una noche más":

UNA NOCHE MÁS

Una noche más. Entre emocionado y nervioso, entro en el baño, no sin antes haber puesto en marcha el aparato de música, con algunas canciones que me fueran introduciendo en el ambiente. Con esto comienza una noche más de fiesta.
Tras haberme duchado, salgo de la ducha y me visto con el albornoz. Situado frente al espejo, me miro fijamente a los ojos y pienso, tal como hacía todas y cada una de las veces, que esta sería mi noche. Busco dentro del ropero algo que ponerme, siempre la mejor combinación. Esta noche toca discoteca, con lo que mi atuendo consta de una camisa, unos vaqueros, una correa negra con hebilla plateada y unos zapatos negros. Una vez vestido, decido cual de las colonias que tengo sobre el estante me echaré. Esta noche, Calvin Klein. En uno de los bolsillos, las llaves de casa y el móvil; en el otro, la cartera. Me despido de mis padres. Esta noche viene Joaquín a recogerme.
Cierro la puerta de casa, respiro profundamente y me convenzo, de nuevo, de que esta noche será distinta, será mi noche.

Saludo a mi amigo, que llega puntual, como siempre. Montamos en el coche y marchamos hacia la libertad. Las luces de la ciudad nos iluminan. En nuestro rostro se refleja la impaciencia, las ganas, la emoción.
Aparcado el coche, nos dirigimos hacia el lugar…Entramos sin problemas, dos buenos físicos no tiene problemas. La música ya se escucha, el ambiente ya se respira. Diez euros de entrada con dos consumiciones, no está nada mal. La puerta se aproxima. Cruzamos el umbral, la música nos envuelve del todo.

Las miradas de los presentes se orientan en nuestra dirección. De nuevo, pasamos desapercibidos. Un sitio en la barra. Una Guinnes para mi, Coca-Cola para Joaquín. Esa es la noche. Decidimos recorrer el local. Nos convence, si. Bonita decoración, buena música. Acabamos las copas tras una pequeña charla. Es el momento de entrar en el auténtico ambiente, la pista de baile.
Esfuerzos en vano para conseguir un hueco. El tiempo pasa. Algunas miradas cruzadas, nada más. Eso si, el orgullo muy alto.
Arrecia el calor. Andamos metidos en la muchedumbre. Roces. Solo roces. El tiempo avanza. Vagando en busca de un lugar adecuado. Me invaden pensamientos que alteran mi ánimo. Una noche más, ¿solo eso?. Aun cabía esperanza. Fijo objetivo, comento, no actúo. ¡Maldita sea, otra vez no!. Empiezo a estar cansado. Tres cervezas. Muchas miradas. Nada más. Un último esfuerzo. Nada. Maldito muro, lo odio. Me empiezo a dar cuenta de que todo es igual, como siempre…como siempre.

La madrugada llega. Se acabó. Agotados, nos vamos. Comentarios de camino a casa. Fabricando excusas. Conciencia tranquila. Es la hora de dormir. Antes de cerrar los ojos, pienso que otra vez será. La próxima vez será. Caigo en un profundo sueño. Una noche más.

miércoles, septiembre 03, 2008

Del Ciclismo considerado como una de las Bellas Artes

Nunca he sido muy partidario del deporte. A diferencia de mis compañeros de generación, de mis amigos y conocidos, no he practicado casi ninguna actividad deportiva en mi vida. Por unas razones u otras, ni el fútbol, ni el baloncesto, ni el tenis, me han entusiasmado jamás. La pereza y la vagancia han sido dos constantes en mi existencia, aunque no quede demasiado guay al reconocerlo.

Tampoco he visto mucho deporte por televisión, ni siquiera soy seguidor de ningún equipo de fútbol, aunque me declaro enemigo ferviente del Real Madrid, por los siglos de los siglos (amén). Lo único que me ha llamado siempre la atención ha sido el ciclismo. El mismo deporte que tantos españoles utilizan para amenizar sus siestas veraniegas, el mismo del que reniegan los colegas más futboleros tachándolo de aburrido y soporífero, el puteado y marginado ciclismo.

El Tour y la Vuelta han sido parte indispensable de todos mis veranos. Mañanas y tardes enteras pegado al televisor, dictadura personal del mando a distancia, en aquellos años en los que el aire acondicionado brillaba por su ausencia. La lucha titánica de los ciclistas contra los colosos alpinos y pirenaicos o la odisea del Angliru, son trozos de una mitología propia, que han contribuido a formar la personalidad del escriba de estos disparates.

No vayan a creer que he sido un as con la bici ni nada parecido. He pedaleado más en bicicleta estática que en una normal. Tengo muchos ciclistas en la familia, y no me extrañaría que algún día surja un profesional de entre nosotros. Yo soy la oveja negra del clan, así que no esperen de mi ninguna hazaña deportiva. (Ahora deberían ustedes reír a carcajada limpia, si es que han entendido el chiste).

El ciclismo es la cenicienta del deporte de élite, un patito feo calumniado y vejado, siendo sin embargo el de más dureza, el más extremo. El adjetivo más utilizado por los cronistas deportivos para referirse al ciclismo es el de que es algo épico. No les falta razón, incluso se quedan cortos.

Los escándalos de dopaje que vienen sacudiendo al ciclismo desde que estalló el caso Festina en el Tour de 1998 no han conseguido acabar con él, a pesar de que se han llevado por delante a campeonísimos como Roberto Heras, Ivan Basso o Jan Ullrich. Los patrocinadores más poderosos han ido abandonando el barco, a medida que la travesía se iba poniendo peliaguda. El combate antidoping se ha cebado con los ciclistas, olvidando a los millonarios futbolistas, ídolos de masas y símbolos inmaculados de la sociedad de consumo.

Por supuesto que sé que el ciclismo profesional es un eslabón más del gran entramado capitalista, pero también lo es el cine clásico yanqui y nadie se pone tiquismiquis cuando un rojo lo reivindica. Es mi opio del pueblo particular, no puedo remediarlo. Desviaciones pequeñoburguesas que llevo en la sangre. (Más risas, e incluso aplausos).

Como cualquier religión, el deporte de las dos ruedas ha tenido dioses: Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault, Miguel Indurain, Lance Armstrong. El panteón de los mártires alberga entre otros a Tom Simpson, Luis Ocaña, Fabio Casartelli, Marco Pantani, José María Jiménez Chava e Isaac Gálvez. No podían faltar los demonios, encarnados en los vampiros de la UCI* o en la prensa sensacionalista.

Anquetil, Merckx, Hinault y Miguelón lograron cinco victorias en la clasificación general de la carrera más importante del calendario ciclista: el Tour de Francia. El texano Armstrong logró rebasar esa cifra mítica, alcanzando los siete Tour de Francia, ganándolos de forma consecutiva. Sin embargo, para la mayoría de los aficionados el mejor corredor de la historia es el belga Eddy Merckx, apodado el Caníbal, que vencía en las etapas de montaña, en las cronos y en los sprints. Su hijo Axel también fue ciclista profesional, aunque sin alcanzar las cotas de magnificencia del Caníbal.

Tom Simpson fue la primera víctima conocida del dopaje, falleciendo en una etapa del Tour de 1967, mientras escalaba el Mont Ventoux, ascensión terrible de paisaje lunar. Desde entonces, el Gigante de la Provenza arrastra una maldición para el ciclismo. El mismo Eddy Merckx necesito oxígeno al conquistar la cima tiempo después.

La depresión, enfermedad cada vez más común en este mundo nuestro, acechó a Luis Ocaña, a Marco Pantani y al Chava, aniquilando las esperanzas de estos tres increíbles ciclistas, condenándolos al infierno de las drogas para arrojarlos después al pozo oscuro del suicidio y de la muerte. José María Jiménez ha sido uno de mis corredores favoritos, valiente, atrevido, chulesco, de condiciones excepcionales, capaz de sacarle una minutada al resto de líderes en un sólo puerto y de perder todas sus opciones de triunfo final al día siguiente. No en vano, le llamaron el Curro Romero del ciclismo.

Casartelli falleció en la bajada del Portet d'Aspet, en el Tour de 1995. Recuerdo que presencié la caída a través de la tele, quedando francamente impresionado por el charco de sangre espesa que se formaba alrededor de su cabeza. Tenía todavía nueve añitos, me acompañaba mi padre, que no trabajaba aquel mes de julio, debido al Expediente de Regulación de Empleo que afectó a su empresa.

La más reciente de estas tragedias fue la muerte de Isaac Gálvez en el velódromo de Gante, cuando disputaba una prueba de pista con el olímpico Joan Llaneras, el 26 de noviembre de 2006. Gálvez compatibilizaba la pista y la carretera, al igual que otros muchos ciclistas.

Mis primeros pinitos de escritor también tienen que ver con el ciclismo, ya que rellenaba hojas y hojas de libretas escolares con la caligrafía garrapatosa que me caracteriza, intentando captar cada detalle, cada instante de las etapas de la Vuelta o del Tour. Conservo esos cuadernos, acumulando polvo, en algún estante del dormitorio.

El hombre frente a la montaña, el humano contra el reloj, aupado en una bicicleta, intentando conseguir la gloria deportiva. Modernos caballeros andantes sin princesas que rescatar ni dragones que descabezar, fragmentos de mi memoria, benditos ciclistas.

*En el argot ciclista, se denomina vampiros a los analistas de sangre de la Unión Ciclista Internacional, encargados de inspeccionar el torrente sanguíneo de los miembros del pelotón, en busca de sustancias prohibidas.

lunes, agosto 04, 2008

Ajoblanco triturado


"Mucho se ha escrito sobre la transición española, casi siempre desde el pragmatismo de los grupos que la pactaron, pocas veces desde la ingenuidad de quienes la soñamos diferente."

(José Ribas)

Barcelona era una fiesta. La dictadura agonizaba (o eso parecía), se liberaba la sexualidad, los estudiantes defendían la autonomía universitaria, apedreando a los grises. Los hijos de la burguesía catalana copaban el censo de los partidos antifranquistas, preparando el futuro asalto al poder. Franco moría matando, la represión se cebaba en los sindicalistas de Comisiones Obreras, que habían logrado infiltrar el Sindicato Vertical con notable éxito. Las Ramblas eran el símbolo de la libertad largamente añorada, el espejo de los deseos frustrados de ciertos disidentes de aquella mayoría silenciosa que apuntalaba al franquismo.

Este ambiente es el punto de partida de "Los 70 a destajo. Ajoblanco y Libertad". El autor, José Ribas fue uno de aquellos jóvenes, estudiante de Derecho a comienzos de los 70, de padre falangista de la primera hora, luego tibiamente franquista; uno de tantos que descubrió la política en las aulas de la Universidad. Ribas entró al ruedo político con la intención de colaborar activamente en la caída del Régimen, datando de entonces un rencor imposible de disimular hacia el PSUC y las diferentes banderías de la extrema izquierda.

Este rencor recorre todo el libro, sembrando la obra de ridículas comparaciones entre Francisco Franco y Vladimir Lenin, anatemizando al comunismo y a los comunistas, tratados todos de aliados del posfranquismo reformista y de enemigos de los trabajadores, sin distinciones ni matices. Metiendo en un mismo saco a las vedettes de la gauche divine y a los honestos militantes comunistas, trotskistas, maoístas, olvidando los años de cárcel, torturas y penurias de los que nunca se rindieron, los últimos soldados de la República Española.

Ribas escupe verdades como puños, comentando el paso de muchos dirigentes del PSUC o de Bandera Roja al carro de los vencedores de la historia, denunciando la gran mentira de la Transición, el pacto entre la élite liberal de la dictadura y la cúpula dirigente de las izquierdas, haciendo tabula rasa de cuatro décadas de crímenes impunes, equiparando a verdugos y a víctimas, amnistiando a Simón Sánchez Montero para que pudiera ser amnistiado también Manuel Fraga Iribarne.

El leit motiv fundamental del título que les comento es Ajoblanco, el semanario barcelonés que José Ribas puso en marcha en 1974. Revista contracultural y underground en sus inicios, escorada hacia el anarquismo conforme evolucionaban ideológicamente sus mentores y colaboradores, al albur del fin de la dictadura y de la instauración de la democracia. Toni Puig, Fernando Mir, Luis Racionero, Quim Monzó, Ana Castellar, Ramón Barnils, fueron las cabezas pensantes del invento en su primera época, cuando les tocó competir con Triunfo, con Cambio 16, con Cuadernos para el Diálogo, revistas punteras de la información política, opositoras al Régimen desde el liberalismo, el comunismo o la socialdemocracia.

Ajoblanco posibilitó el encuentro de muchísimos jóvenes con inquietudes políticas y artísticas similares, alejadas de lo convencional. El Ajo potenció la liberalización de las costumbres sexuales, encorsetadas y oprimidas por la moral católica, dignificando la sexualidad herida de gays y lesbianas. Observó con atención los derroteros de la reforma pactada de la dictadura, atacando el afán colaboracionista de los cargos dirigentes del PSOE o del PCE, apostando fuertemente por la reconstrucción de la CNT, la central anarcosindicalista, a la que se afilió un esperanzado Ribas, una vez legalizada.

El comunismo libertario impregna cada una de las páginas de "Los 70 a destajo. Ajoblanco y Libertad". Visto como alternativa factible y radical al franquismo, y también al juancarlismo, ensalzado en demasía, con entusiasmo desmedido e irreal. Pepe Ribas confunde la realidad y el deseo, asignando un potencial a la CNT de entonces, de la que esta carecía objetivamente hablando. Aquella CNT no era ni la sombra de la de los años 30, cuando contaba sus afiliados en cifras de seis ceros. Aún así, reconozco que era un formidable enemigo del Estado monárquico, un enemigo contradictorio e iluso a ratos, al que se combatió con fiereza y al que se derrotó, sobre todo tras el caso Scala.

La obsesión anticomunista de Ribas no repara en que la sucesión de ilustres colaboradores (y fundadores) de Ajoblanco que desfilan por el libro es una broma macabra. Repasemos la trayectoria posterior de algunos ácratas de salón que quisieron ser popes de la contracultura y acabaron siendo sumos sacerdotes de lo políticamente correcto, viles lacayos del Estado al que un día dijeron combatir.

Toni Puig, uno de los creadores del Ajo, fiero anarquista en los 70, es hoy asesor en mercadotecnia relacional del Ayuntamiento de Barcelona, institución sumamente revolucionaria y subversiva, como ustedes saben.

Luis Racionero, tótem cultural del grupo, gurú personal de Ribas, dirigió la Biblioteca Nacional durante los tres últimos años del segundo gobierno de José María Aznar (2001-2004). Se autodefine como liberal y es fan confeso de Rosa Díez.

Javier Valenzuela, granadino de cuna, valenciano de adopción, ácido cronista del Ajo, jefe de prensa internacional de Rodríguez Zapatero al principio de su primera legislatura. Ya sabemos, por la Cope y afines, que Zapatero es Lenin, sin barba, eso sí.

No necesito nombrarles los méritos actuales del excelso Fernando Savater, que iba de filósofo libertario en la Transición, y ahora dicta cátedra sobre lo divino y lo humano, marcando tendencia y creando partidos políticos acordes a los nuevos tiempos, ni de derechas ni de izquierdas, del centro mágico y genial.

Francesc Boldú, peso pesado de aquella CNT, según las propias palabras de Ribas, es catedrático de Filosofía en el Instituto Español de Tánger (Marruecos) y publica artículos en El País, sin que por el momento se haya tenido noticia de ninguna queja suya con respecto a la actitud beligerante del susodicho periódico contra los gobiernos revolucionarios de América Latina.

Karmele Marchante, feminista extremista en Ajoblanco, tertuliana fija en los programas del colorín, sigue dándoselas de intelectual y reclamándose discípula de Manolo Vázquez Montalbán(*). En una ocasión la oí despotricar de Hugo Chávez, con el mismo ardor con el que defiende a la mayor terrateniente de España, Cayetana de Alba.

Parece que no se lleva demasiado bien con su hermano mayor Jorge, alias Federico Sánchez, aunque tienen muchas cosas en común. Carlos Semprún Maura es tan traidor como Jorge, quizás más sincero en su actual deriva neoliberal, un tipo de cuidado que vomita cotidianamente el catecismo de Hayek y Friedman, en el pasquín cibernético de FJL.

Moncho Alpuente ejerció de referente madrileño para la gente del Ajo, ejerciendo todavía de anarquista en actos de la CNT, compaginando el activismo libertario con trabajos varios para el grupo Prisa, buque insignia de la progresía española.

Equivalentes capitalinos de Ajoblanco fueron también Pedro Almodóvar y Alaska, que continúan dinamitando el sistema con bombas de cine monotemático y granadas de música discotequera. Sin comentarios.

El más inefable del periodismo patrio, el locutor que ha hecho del mitin información radiofónica (Julio Anguita dixit), fue otro de los alegres muchachos del Ajo. En su travesía sin retorno desde el maoísmo de Bandera Roja hasta la extrema derecha del liberalismo, Federico Jiménez Losantos recaló en el puerto de Pepe Ribas. Recién había abandonado El Viejo Topo, por una supuesta censura que desmintió convenientemente Miguel Riera, director de la publicación en aquel entonces y aún hoy, cuando Ribas le reclutó.

El grumete Federico emborronó cuartillas para el suplemento La Bañera Literaria, donde coincidió con el autor italiano Carlo Frabetti. No, no han leído mal, FJL y Frabetti escribieron codo a codo en una publicación ácrata en la Barcelona prodigiosa de entonces. Cualquier lector bien informado conocerá el abismo ideológico que separa actualmente a los dos antiguos compañeros de luchas.

Carlo Frabetti no se convirtió a la religión del libre mercado, lleva la herejía en los genes (es hijo de partisanos), es uno de los mejores intérpretes del caos capitalista, aunque no siempre comparta uno todas sus posiciones. FJL es un patético esbozo de sí mismo, un pequeño talibán de sacristía que ha perdido la guerra por el control del PP. Sonado fue el enfrentamiento público Losantos-Frabetti posterior a la gala de los Goya de 2003, en el que el ínclito Federico acusó a Carlo y a los del No a la Guerra de recibir dinero de Sadam Hussein. Posteriormente, Frabetti desmontó la calumnia ante los tribunales.

Ajoblanco acabó convertida en una cueva de conversos, prestos a saltar a lugares más confortables, donde disertar de las bondades de la democracia burguesa con sus antiguos enemigos. Por eso aquello se jodió, llevándose por delante el anhelo de cientos de miles de anarquistas y librepensadores, apisonados por la Transición.

Lo que luego sobrevino es de sobras conocido: la movida, el consumo abusivo de drogas ilegales, el sexo pretendidamente liberado, el sida, el fin de la epopeya ochentera. El capital apartó a esa generación de la militancia antisistema, condenándola a las miserias del consumismo. Ganaron el derecho a drogarse, a escuchar letras subidas de trono, a follar con ciento y la madre, pero perdieron la libertad de ser distintos.

Recomiendo la lectura de estas cuasi memorias de José Ribas, fenomenalmente escritas, haciendo gala de una memoria fantástica, otro gran texto para desmenuzar el torrente de mentiras que escupen los portavoces del Estado sobre el posfranquismo.

¡A seguir desfaciendo entuertos, que quedan muchas causas perdidas por conquistar!

(*) Vázquez Montalbán no sale muy bien parado del libro de Ribas. Este le retrata como un comunista sectario y dogmático, arribista y ambicioso, envidioso del éxito de Ajoblanco, un perfil que difiere bastante de lo que uno ha leído anteriormente. No tuve el placer de conocer personalmente al difunto Manolo, pero entre su curriculum vitae y el de Luis Racionero no hay color, sencillamente. Esta idea se puede hacer extensible al resto de escribientes del Ajo que menciono arriba. En contraste con la vieja militancia comunista, dejan mucho que desear.

viernes, julio 18, 2008

El sermón del 18 de julio


Afuera, la noche es inusualmente fresca. Amenaza lluvia, magnífica para bandear los rigores del verano. Perdonen la tardanza en actualizar, pero ando más ocupado que nunca. Y no es una excusa, es la realidad. Ya soy un currito anónimo más, un cotizante entre millones, proletario de cuello blanco ansioso de revolución.

Mis pormenores laborales no son el objeto de esta reflexión. Sólo sirven de introducción para afrontar relajados uno de los mayores dramas de nuestro tiempo. Siento utilizar el mismo lenguaje sentimental del telediario, pero no podemos permitir que también nos arrebaten las palabras. La sangría constante de pateras y cayucos es un drama porque es inevitable en el capitalismo, ya que sin los naufragios y las tragedias de la mar, el sistema no podría sobrevivir.

El capital produce muerte y desolación, se nutre del sudor de los débiles, se alimenta del hambre de los pobres. La libertad de mercado de unos pocos se sustenta sobre la opresión de la mayor parte de los habitantes de la Tierra. Evitar este rosario de desgracias es sencillo: humanizar la economía, fraternizar las relaciones de producción, estrangular el neoliberalismo, pues.

En las últimas semanas, la prensa ha llorado, con sus habituales lágrimas de cocodrilo, a las víctimas inmigrantes de dos sucesos casi simultáneos, ocurridos en las costas de Granada y de Almería. Incluso, el presidente del Gobierno se pronunció públicamente, lamentando los fallecimientos, cínico cómo acostumbra, incapaz de reconocer su parte de culpa en el crimen.

Occidente es culpable, fueron las potencias europeas las que colonizaron América, África y Asia, ellas patentaron el imperialismo, dando carta de naturaleza al saqueo, al despojo, al robo a mano armada de los recursos naturales de las naciones que ahora llaman subdesarrolladas. De esos polvos vienen estos lodos. España también fue un imperio temible, extendió un reinado de terror de sol a sol, masacró a millones, expolió todo lo que pudo. Ahora recibe un flujo considerable de migrantes, provenientes del Nuevo Mundo que antaño ocupó.

En plena canícula, escapamos masivamente a la playa, a disfrutar de los atascos, del gazpacho y de las nenas en bikini. Mientras, en la orilla opuesta del Mediterráneo, miles y miles de desesperados se preparan para traspasar ilegalmente la frontera española. Nos tostamos al sol, intentando leer el arrugado diario deportivo o el best-seller de moda, peleando con la parienta, vigilando de reojo a los niños, sobando un poquito a la novia. La legión de parias que fabrica la globalización, se atreve a perturbar la tranquilidad burguesa de la que gozamos, rompiendo nuestros esquemas, ahogándose frente a nosotros, demostrando lo barata que se cotiza la carne de esclavo en el mercado global.

Aún así tenemos la desfachatez de ser racistas, de mirar por encima del hombro al diferente, al extranjero. Usamos eufemismos sucios (subsaharianos, magrebíes) delante de cámaras y micrófonos, en el calor del hogar, en la barra del bar, siguen siendo los negros y moros de mierda.

Despachamos el enorme conflicto inmigratorio con dos bravuconadas, en vez de analizar seriamente las causas y los porqués de este fenómeno, que es tan viejo como el ser humano. Es sencillo culpar de todos los males de la sociedad a los extranjeros, sin acordarse de los empresarios, de los políticos corruptos, de los príncipes de la Iglesia. La fábula del burro y la zanahoria se ha hecho carne mortal en la España del siglo XXI.

El que escribe, que ha estudiado a fondo el tratamiento jurídico de la extranjería en la legislación española, y que incluso ha realizado prácticas en servicios municipales para inmigrantes, ya no se sorprende de nada. Ni el asistencialismo ni la mala conciencia socialdemócrata suponen soluciones a largo plazo para tan controvertida empresa. Sólo son paños calientes, parches demasiado pequeños para tapar la desvergüenza reinante.

Integración, asimilación, multiculturalismo, ghetto, suburbios, palabras que se lleva el viento de la actualidad, que revientan las ilusiones de muchas gentes, huérfanas de consumismo. Catálogo rígido y enmohecido de deberes, página en blanco de derechos. Privados del sufragio universal, base elemental de la democracia que tanto pregonan, parece que se lo van a conceder para beneficiar electoralmente al PSOE.

Concluyo el sermón de la montaña más acalorado que cuando lo empecé, en un dieciocho de julio de infausto recuerdo, a setenta y dos años del origen de todas nuestras derrotas.

viernes, junio 20, 2008

¿Es esto una paranoia costumbrista?


El sol derrite las azoteas, golpea presuroso el verano. Lanzarse a la calle es una misión suicida, que no obstante, cumple ciegamente el 99% de la población. De repente, el calor agobiante del desierto se ha apoderado de nuestras ciudades. Ya es hora de prender el aire acondicionado, jodiendo un poquito más a la Madre Tierra.

Aroma sahariano, preludio de un estío infernal, nos queda el consuelo de cierto frescor nocturno. Las noches granadinas siempre han gozado de esa fama, quizás porque carecemos de un río caudaloso y pegajoso, quizás porque la Penibética nos protege, dueña y señora del horizonte.

Granada es Macondo, un Macondo africano, que quiere ser europeo, pero que ni puede ni lo intenta. Reaccionaria, clerical, beata, densamente masificada de iglesias y conventos, señorío de la tapa, bares y restaurantes a espuertas, pijos y jipis, putas y viejos. Los autobuses urbanos ejemplifican a la perfección la variedad tribal del lugar, lo mismo te encuentras a una docena de monjas momificadas que a un gay de diseño que desprecia lo pueblerina que es Granada, y las ganas que tiene de largarse a Barcelona.

Los toreros deslumbran en las discotecas, los burros pasean las despedidas de soltero por las aceras, la manifestación del Metal planta cara a la escoria falangista, que ondea la bandera gallinácea al paso de la huelga. Para que queremos a Gabo, si la providencia nos regaló a José Vicente Pascual. Qué pollas me dices de Benedetti, aquí basta y sobra con Luis García Montero.

Junio ahoga, en una placeta albayzinera Burt Lancaster reta a duelo a Robert Mitchum. Los turistas huyen acojonados, perdiendo en la estampida novísimas cámaras digitales, enseñando sus blancas pantorrillas, sus calcetines de ejecutivo atrapados en sandalias frailunas.

Miguel Ríos vuelve a Granada, en La Tertulia, la progresía se corre al contemplarse en el espejo. Encantados de haberse conocido, escondiendo las vergüenzas tras las páginas de El País. Sin Prisa pero sin pausa, firmando manifiestos, que feo que es ese Hugo Chávez, le falta glamour, ropa de marca, publicar relatos en la Diputación, escribir una columna en el Ideal, en Granada Hoy, incluso en La Opinión.

El Tour de Francia conquista el Veleta. La etapa cuadragésimo quinta acaba en un mano a mano entre Miguel Indurain y Marco Pantani. La serpiente multicolor se divisa desde todos los pueblos de la Vega, en el coche escoba duerme a pierna suelta José Torres Hurtado, alcalde y pensador, cateto y cagarrecio. Deslizándose hacia la Alpujarra, el pelotón compacto se interna en la región más extraña de Andalucía, la tierra de mis ancestros, para esprintar en las anchas avenidas de Trevélez, desayunando jamón con agua mineral.

Habas con jamón, tortilla Sacromonte, y para acompañar, vinillo de la Contraviesa, ron pálido de Motril, calimocho en el botellódromo del Hipercor. De postre, piononos de Casa Ysla, polvorones y mantecaos de Casa Pasteles. Para aligerar el cuerpo y quemar las grasas, qué mejor que un garbeo por la Fuente de la Bicha, a la orilla del Genil, buscando Cenes de la Vega.

Embotellamiento en el Camino de Ronda, rutina en los días laborables, coches de autoescuela en manada, furgonetas en doble fila, no hay municipales a la vista. Tornado galopa rabioso, esquivando los automóviles, desesperadamente. Montado sobre su grupa, cabalga el Zorro, negrísimo y brillante traje de campaña. Creo que es Guy Williams, el protagonista de la serie de Disney, el mejor de los Zorros.

Por Villarejo, trotan los lanceros, al mando del sargento García, estrambótico gordo, bigotudo y desaliñado. Un autocar de guiris no frena a tiempo, y acaba arrollando a la tropa. La carnicería es impresionante, los paparazzis desenfundan sus objetivos y consiguen la exclusiva.

Llueven macetas. Saltan desde los balcones, estrellándose contra la calva de algún desprevenido peatón, machacando los toldos de los vecinos. Gitanitos poligoneros, con el torso descubierto, revenden en los mercadillos, en la marcha verde, en los tíos tiraos. Cae la noche, espectaculares prostitutas ocupan estos territorios, ofreciendo la carne deseada, el placer mecánico y fugaz del sexo de pago.

Semana Santa permanente, 365 días de pasión, los pasos toman la ciudad, inundando de saetas el malhumor de los ateos. Cristo del Silencio por el Carril de las Tomasas, rondando el amanecer, taracea crucificada, los niños del incienso huelen a hospicio. Antes de radical, fui nazareno.

Mitchum y Lancaster, Lancaster y Mitchum, costaleros de la Greñua, mayordomos de la Aurora, mastican churros y beben chocolate ardiente, las pistolas al cinto, desechados ya los floretes en el armario empotrado del honor. Parlan en granaíno de Maracena, inexplicablemente.

Vibra la afición, explota el marcador, el Granada C.F. golea al Real Madrid en el estadio de Los Cármenes. Promotores inmobiliarios y concejales celebran el resultado con una paella en Los Manueles, descargando la alegría en Don Pepe/Don José.

En la pista central de Mae West, Guy Williams, alias Diego de la Vega, menea las caderas al son del reggaetón. Las nenas se arremolinan para mirarlo, haciendo mohines de aprobación, sacando pecho, hasta que los wonderbras revientan. Es el éxtasis, y eso que no estoy presente.

Queda instaurada la 3ª República, la tricolor es izada, suena el himno de Riego, marchan los republicanos por el Paseo de los Tristes. Los gatos del Darro maúllan al unísono, Antonio González El Pescadilla rasga su guitarra, los niñacos descuelgan los tangas de los tendederos y se pierden hacia Puerta Real.

Me despierto, resacoso, sudando, con trazas de haber soñado algo inquietante. ¿O no?

viernes, junio 13, 2008

Las razones de mi "Llanto"


Alguna vez me han preguntado el porqué de rotular este blog como El Llanto de la Acequia. Creo que ha llegado el momento de explicarlo. Me he decidido a hacerlo, ya que ha pasado casi año y medio desde que esta bitácora escogió un nuevo rumbo, más acorde con mi propia personalidad.

El título del blog está plagiado literalmente del nombre de uno de los capítulos del Álbum de la Historia de España (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 1995), obra del historiador vasco Fernando García de Cortázar. Este señor está en las antípodas de mi pensamiento político actual, posiblemente ahora no hubiera comprado este libro, pero eran otros tiempos. Calculo que tenemos el Álbum en casa desde el año 1997, poco después de que mi madre se hiciera socia del Círculo de Lectores. Entonces, tenía yo 12 años, era apenas un crío, apasionado por la historia, de un izquierdismo sutil, plagado de clichés .

El llanto de la acequia, de García de Cortázar, relata la expulsión de los moriscos de España, decretada por Felipe III en 1609. El autor alude metafóricamente al dolor de los que se veían obligados a dejar sus tierras, sus haciendas, sus huertas, su país, por el único hecho de profesar una religión diferente de la oficial. Los artesanos del agua, los magos de la agricultura, partían al desierto del destierro, dejándonos lo mejor de sus técnicas agrícolas.

Sin lugar a dudas, esta fue mi principal inspiración a la hora de darle un nombre al blog. Pero no fue la única. Yo nací y he vivido siempre en la ciudad de Granada, último bastión islámico en la Península. El agua es un elemento indispensable del paisaje granadino, el líquido elemento moldeó a Granada, la hizo a su imagen y semejanza. Granada vive sobre tres ríos, Genil, Darro y Beiro, que mueren en silencio, sin que nadie haga nada por defenderlos.

La Acequia Gorda del Genil es uno de los recuerdos más persistentes de mi infancia. Cómo olvidar aquellos domingos en donde los abuelos, en el barrio de la Parrilla, entre el Realejo y el Barranco del Abogado, el abuelo Salvador escanciando vino en mi vaso, los correteos con los primos, la ingenuidad tremenda de pensar que todo era posible.

La acequia, corría entonces brava y caudalosa, atravesando el Cuartel de las Palmas, deteniéndose en el Molino del Marqués, descansando junto a la casa natal de Ángel Ganivet, para perderse bajo el asfalto, junto al edificio de la Compañía Sevillana de Electricidad. Cuando yo iba de un lado para otro, de la mano del abuelo, ya no había guardias civiles en el Cuartel, ya los habían trasladado al Polígono de Cartuja, a un tiro de piedra del Parque Nueva Granada, donde vivíamos entonces. Aquel Cuartel, entronca las dos ramas de mi familia.

Antonio Jiménez Ortiz, abuelo materno de mi padre, originario de Yátor, guardia civil, formó parte de la promoción que inauguró el Cuartel de Las Palmas sobre 1911. El bisabuelo residía muy cerca de allí, en la calle Santo Sepulcro de la Quinta, donde la bisabuela Loreto daría a luz a Teresa Jiménez de Toro, mi abuela, el 15 de octubre de 1927. En la misma Bola de Oro había nacido dos años atrás Antonio García López, que a la postre acabaría conociendo a Teresa y casándose con ella.

Todos los caminos llevan a Roma, las casualidades existen y nos utilizan como muñecos de trapo. El Cuartel marcó también la vida de mi familia materna, ya que los guardias civiles eran clientes habituales de la tienda de comestibles que abrió mi bisabuelo Salvador Labrac Escudero, y que heredó mi abuelo Salvador Labrac López, en la planta baja de la enorme casa donde se criaron mi abuelo y su hermana, mi madre y mi tío. De las Palmas partían los picoletos a combatir a los del monte (los hermanos Quero, entre otros), según me ha relatado mi tía abuela Conchita (la Chacha), que cumplió 85 años el 22 de mayo.

El Llanto de la Acequia no es más que un pálido reflejo de mi rabia, un lugar donde desahogarme, donde escupir a mis enemigos, a los vuestros. Cuando me siento frente al ordenador y tecleo los posts, se desborda la acequia de mi malafollá, repartiendo mandobles a diestro y siniestro.

Mi Llanto no sería el mismo sin los capotes de Félix Arana, webmaster de Unidad Cívica por la República, que ha dado a conocer muchos de mis textos en la web que administra. Tampoco debo olvidarme de los compañeros de Kaosenlared, ni de los de Rebelión. Un saludo desde aquí para los miembros del Foro por la Memoria de Granada, que me incluyen en su página de vez en cuando, sin que nunca les haya dado las gracias.

Entre Víznar y Alfacar, muy cerca del escenario del Crimen, fluye Aynadamar, la Fuente Grande, la Fuente de las Lágrimas. Monedas oxidadas reposan en sus profundidades, lanzadas por peticionarios de deseos, que se acercan a Aynadamar para respirar el mismo aire serrano que exhaló por última vez Federico.

Cómo iba a faltar Lorca en esta ocasión, era imposible romper con el tópico. Granada entera le asesinó, y todavía estamos pagando la salvajada. Lorca eran todos, lloro por ellos un instante, me secó las lágrimas, miró hacia el mañana y os espero, con los brazos abiertos.

El viaje será largo, nos queda mucho que recorrer. El Llanto permanecerá en esta batalla, al pie de Sierra Nevada, esperando que la revolución se encarame a lo alto de la Alhambra y despeñe la ignominia hasta el fondo de la Sabika.

lunes, junio 09, 2008

Charla-coloquio republicana, ¡ahora sí!


UCAR- Granada os invita a participar, ¡ahora sí!, en una charla-coloquio sobre Municipalismo y República, contaremos con la asistencia de Antonio Romero, impulsor de la campaña 'Municipios por la tercera república'.

Esperamos vuestra asistencia y participación en esta actividad.

José Luis García Puche.

Presidente de UCAR-Granada.

DIA: JUEVES 12 DE JUNIO.

HORA: 8 DE LA TARDE.

LUGAR: ATENEO LIBERTARIO (sede de la CGT).

C/FRIBURGO 57/59 BAJO (cerca del centro comercial Alcampo).

domingo, junio 01, 2008

Al rescate de Maximilien Robespierre


Debemos cumplir una misión urgente, y realizarla con esmero y cuidado. Un comando de fuerzas especiales de la izquierda anticapitalista española, compuesto por nuestros mejores militantes, debe partir de inmediato hacia Francia, para encontrar la sepultura perdida de Maximilien Robespierre, rescatando sus restos mortales. Acabaremos así con uno de los misterios de la Revolución Francesa, desvelando el destino final del que fue el más grande de sus líderes.

La primera parada de la expedición será el cementerio de Errancis, donde los termidorianos enterraron al Incorruptible, cubriéndole con cal viva. El equipo de arqueólogos de la Federación Estatal de Foros por la Memoria tendrá que trabajar duro, inspeccionar el camposanto de cabo a rabo, buscando cualquier mínimo rastro de Robespierre. Y si aparece de paso Louis Antoine de Saint-Just, su principal lugarteniente, mataremos dos pájaros de un certero disparo.

Si fracasamos en el intento y no descubrimos nada, no hay porqué preocuparse. El cuerpo de Robespierre no es indispensable para que el operativo finalice exitosamente. Lo que sí necesitamos son los ideales robiesperristas, aquel torrente de pensamientos que hicieron temblar el mundo. Ahora estas ideas nos ayudaran a rehacer nuestra constelación de causas perdidas, que se han ido resquebrajando a medida que triunfaba el neoliberalismo.

El PSOE, nacido marxista y reeducado sociademócrata, es el partido del orden y del capital, el partido de la gran banca y de la oligarquía. Enzarzado el PP en una lucha a cara de perro, de pronóstico reservado, el PSOE es la garantía de que el statu quo no se modificará en detrimento de la clase empresarial. El PSOE es el enemigo a batir, por mucho que se empeñe la progresía en mostrarnos los horrores del PP. La reconstrucción de la izquierda alternativa y transformadora se hará contra el PSOE y contra el Gobierno ZP.

Para recuperarnos del coma profundo que sufrimos, necesitamos tanto la teoría económica de Marx como la propuesta demócrata radical de Robespierre. El socialismo del futuro será robespierrista o no será, será democrático o sólo será un sucedáneo, una chuchería con la que endulzar la mediocridad imperante. El hilo rojo que une a Karl Marx y a Maximilien Robespierre, del que ya han hablado otros antes que yo, forjará la madeja del anticapitalismo revolucionario, en este nuevo siglo.

Estamos en la última década del siglo XVIII. La joven República Francesa, atacada e invadida por las más poderosas naciones del orbe (la misma situación se repetiría 130 años después con la naciente Unión Soviética), vacilaba entre los realistas, los girondinos y los jacobinos, estableciendo para siempre los conceptos de derecha, centro e izquierda. Marat, Danton, La Fayette, Robespierre, Saint-Just, Bonaparte, ocupaban la arena pública, debatiendo en la Convención o en la Asamblea Nacional, publicando panfletos insurreccionales o dirigiendo los ejércitos franceses hacia la victoria. Sobre todos ellos, brillaba Robespierre.

Maximilien Robespiere, tribuno de la plebe, abogado de los humildes, defensor del pueblo campesino y trabajador, miembro del ala izquierda del club de los jacobinos, figura maldita para monárquicos y burgueses, idolatrado por los sans culottes, magnífico orador, parlamentario agresivo, hombre de salud escasa, con razón la masa le llamó Incorruptible. Denostado durante siglos, vilipendiado y olvidado, descatalogado por la ortodoxia soviética, víctima de una campaña de desprestigio demasiado larga y cruel, consiguió combinar los aspectos más positivos del liberalismo con lo que él mismo calificó de economía política popular.

La economía política popular que propugnaba Robespierre defendía la prevalencia del poder político sobre el poder económico, defendiendo el control ciudadano de la economía. Se oponía así a la libertad total del mercado, base fundamental del liberalismo clásico, precisando que nunca el derecho a la propiedad privada podría situarse por encima del derecho a una existencia digna. Ni el derrocamiento de la Monarquía Borbón ni la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano eran suficientes, sólo etapas importantes de una carrera de fondo hacia la libertad y hacia la felicidad, que todavía recorremos.

Ante aquellos que pretendían negar el derecho al voto a judíos y a comediantes, Robespierre afirmaba "Devolvámoslos a la felicidad, a la patria, a la virtud, devolviéndoles la dignidad de hombres y de ciudadanos libres; soñemos que jamás puede ser política, que se pueda llamar así, el condenar al envilecimiento y a la opresión a una multitud de hombres que viven entre nosotros". El de Arrás atacaba los prejuicios antijudíos, propios de entonces, exigiendo la igualdad legal para cualquier ciudadano.

Robespierre se oponía a a la proposición de ley marcial, que trataban de aprobar los reaccionarios con el fin de sofocar militarmente los numerosos motines populares que estallaban en Francia. Justificaba el derecho del pueblo a la insurrección si el Estado violaba las libertades , argumentando que "El pueblo volverá a ponerse por sí mismo bajo el yugo de las leyes cuando éstas no sean otra cosa que protección y provecho".

"Todos los hombres nacidos y domiciliados en Francia son miembros de la sociedad política que se llama la nación francesa, es decir, ciudadanos franceses. Lo son por la naturaleza de las cosas y por los principios primeros del derecho de las gentes. Los derechos unidos a este título no dependen ni de la fortuna que cada uno de ellos posee, ni de la cantidad del impuesto a la que está sometido, porque no es el impuesto lo que nos hace ciudadanos; la cualidad de ciudadanos obliga solamente a contribuir a los gastos comunes del estado, según sus facultades". Con estas palabras combatía Robespierre el sufragio censitario, que privaba del derecho al voto a la inmensa mayoría de los franceses.

El diputado jacobino siempre se enfrentó al esclavismo, porque lo consideraba incompatible con la propia Revolución: "Desde el momento en que, en uno de vuestros decretos, hayáis pronunciado la palabra esclavo, habréis pronunciado vuestro propio deshonor y el derrocamiento de vuestra constitución".

"Cuanto más pobre se es, más necesidad se tiene de la autoridad protectora; así, lejos de disminuir esta facultad, para la causa de los ciudadanos más pobres, es por el contrario a estos ciudadanos a quienes el legislador debe garantizarla de la manera más auténtica y extensa". Este pequeño apunte deja bien claro en que trinchera de la lucha de clases estaba Maximilien Robespierre.

Frente a los que promovían la guerra de conquista para, supuestamente, extender los principios revolucionarios por Europa, Robespierre replicaba "La idea más extravagante que puede nacer en la cabeza de un político es creer que es suficiente que un pueblo entre a mano armada en un pueblo extranjero para hacerle adoptar sus leyes y su constitución. Nadie quiere a los misioneros armados. Y el primer consejo que dan la naturaleza y la prudencia es rechazarlos como enemigos". Anticipaba de este modo el fracaso del socialismo real, impuesto por el Ejército Rojo a los países del Este tras el aniquilamiento del Tercer Reich. Incluso, se adelantaba al error tremendo del Che Guevara, lo que le acabó costando la vida en las selvas de Bolivia.

En otra de sus fantásticas alocuciones, respondía a los que le acusaban de tomar medidas ilegales para actuar contra los enemigos de la revolución, alegando que "Todas aquellas cosas eran ilegales, tan ilegales como la revolución, como la caída del trono y de la Bastilla, tan ilegales como la propia libertad" .

"La libertad del comercio es necesaria hasta el límite en que la codicia homicida empieza a abusar de ella"; "Ningún hombre tiene el derecho a amontonar el trigo al lado de su semejante que muere de hambre"; "La primera ley social es pues la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir"; "Todo cuanto resulte indispensable para conservarla (la vida) es propiedad común de la sociedad entera"; "Toda especulación mercantil que hago a expensas de la vida de mi semejante no es tráfico, es bandidaje y fratricidio". La prosa contundente del Incorruptible deja bien claro que el ser humano es más importante que el mercado, que nadie debe hacerse rico a costa de que otros se mueran de hambre. Anticapitalismo del bueno, parece escrito para describir la globalización.

También atacaba la pena de muerte: "Quiero probaros dos proposiciones principales: la primera, que la pena de muerte es esencialmente injusta; la segunda, que no es la más represiva de todas las penas, y que contribuye mucho más a multiplicar los crímenes que a prevenirlos". Precisamente, la acusación que lanzó la reacción contra Robespierre, y que aún se escucha, es que fue un tirano sanguinario, acérrimo partidario de la pena de muerte. Otra mentira más. Sólo fue partidario de ella en contadas ocasiones. Cierto es que votó a favor de la ejecución del rey, medida extrema que contribuyó a descabezar la conspiración contrarrevolucionaria. En la época del Terror, con Francia asaetada por los ejércitos absolutistas, justificó el uso de la pena de muerte para preservar la integridad de la república, seriamente amenazada.

"Dar al gobierno la fuerza necesaria para que los ciudadanos respeten siempre los derechos de los ciudadanos, y hacer de manera que el gobierno nunca pueda violarlos". Estas debían ser las funciones del Poder Legislativo según Robespierre. "Los males de la sociedad no provienen jamás del pueblo sino del gobierno"; "El interés del pueblo es el bien público. El interés del hombre con poder es el bien privado". Como pueden apreciar, Robespierre era rousseauniano, demasiado ingenuo, demasiado honesto para este mundo de canallas.

El discurso sobre los Principios del Gobierno Revolucionario es fundamental en la trayectoria de Maximilien Robespierre: "La teoría del gobierno revolucionario es tan nueva como la revolución que la ha traído. No hay que buscarla en los libros de los escritores políticos, que no han visto en absoluto esta Revolución, ni en las leyes de los tiranos que contentos con abusar de su poder, se ocupan poco de buscar la legitimidad; esta palabra no es para la aristocracia más que un asunto de terror; para los tiranos, un escándalo; para mucha gente un enigma. El principio del gobierno constitucional es conservar la República; la del gobierno revolucionario es fundarla. El gobierno constitucional se ocupa principalmente de la libertad civil; y el gobierno revolucionario de la libertad pública. Bajo el régimen constitucional es suficiente con proteger a los individuos de los abusos del poder público; bajo el régimen revolucionario, el propio poder público está obligado a defenderse contra todas las facciones que le ataquen. El gobierno revolucionario debe a los buenos ciudadanos toda la protección nacional; a los enemigos del pueblo no les debe sino la muerte".

La reacción obligó a la Revolución a actuar rigurosamente, aplicando la pena de muerte a opositores y a conspiradores. Robespierre ejerció como contrapeso, dentro del Comité de Salud Pública del que era miembro, entre las posturas más extremistas y las más moderadas. Era un hombre, nada más y nada menos que una persona, por lo que su quehacer político no fue perfecto, cometió errores en algunas ocasiones, aunque siempre tuvo al pueblo en su corazón.

"La esencia de la república o de la democracia es la igualdad, se concluye de ello que el amor a la patria abarca necesariamente el amor a la igualdad. Es verdad también que este sentimiento sublime supone la prioridad del interés público sobre todos los intereses particulares". La igualdad, la bendita igualdad, el horizonte de nuestras batallas, fue también el propósito final de aquel francés enfermizo y enjuto, que un día sembró de inquietud el alma podrida de los poderosos.

Cojamos picos y palas, pongámonos el mono de trabajo, cavemos una y otra vez, destripando la tierra donde dicen que arrojaron el cadáver de Maximilien. Quizás encontremos su cabeza, la cabeza del sabio, del orador, del guerrero de la Revolución. Si tenemos la suerte de lograrlo, no permitamos que nadie le eleve a la categoría de dios, le ponga velas y le rece avemarías, porque entonces seríamos traidores, traidores a Robespierre y traidores a la causa de la humanidad.

"La verdad es mi único refugio frente al crimen; no quiero ni elogios ni partidarios: mi defensa está en mi conciencia". Así sea, compañero.

*La totalidad de las citas de Maximilien Robespierre, mencionadas en este artículo, provienen de la recopilación de discursos del revolucionario jacobino, "Por la felicidad y por la libertad", publicada en El Viejo Topo, en 2005.

miércoles, mayo 28, 2008

Cancelada la charla-coloquio con Antonio Romero

La charla-coloquio de Antonio Romero, prevista para mañana, ha sido suspendida, y todavía no se ha fijado una fecha para la nueva cita con el político malagueño. Les dejo, de momento con el email de UCAR, por el que se nos informó de la noticia:

"Os comunicamos, que por cambios de última hora en la agenda del ponente, Antonio Romero, posponemos la charla coloquio que temiamos prevista el próximo jueves.

Lamentamos esta suspensión y os comunicaremos la nueva fecha para esta actividad. Aprovecho para recordaros que estamos trabajando en la elaboración de actividades para el próximo curso y que os enviaremos el calendario.

Un saludo.

José Luis García Puche.

Presidente de UCAR-Granada."

domingo, mayo 25, 2008

Momentos republicanos

Copio y pego a continuación la invitación al acto que organiza UCAR-Granada este próximo jueves 29 de mayo, y del que les daré cuenta en este blog:

"Como ya os adelantamos en el último correo, para el próximo día 29 de mayo organizamos una charla coloquio sobre 'Municipalismo y República' para lo que contamos con la presencia de Antonio Romero, activista de la red de municipios por la III REPÚBLICA.

Esperamos vuestra asistencia y vuestra participación en esta actividad que puede ser del interés de los que trabajamos por los ideales republicanos.

José Luis García Puche.

Presidente de UCAR-Granada.

CHARLA COLOQUIO: MUNICIPALISMO Y REPUBLICA.

LUGAR: ATENEO LIBERTARIO (SEDE DE LA CGT), CALLE FRIBURGO S/N BAJO. (CERCA DE ALCAMPO).

DIA Y HORA: JUEVES 29 DE MAYO A LAS 20 HORAS."

Para ir abriendo boca, les cuelgo algunas fotos del último 14 de abril, en memoria, una vez más, del general republicano Emilio Herrera Linares:







martes, mayo 20, 2008

Contra Felipe, contra Aznar


No he podido resistir la tentación de traducir al teclado la impresión que me ha producido esta fotografía. Apareció en la portada del diario Ideal, el viernes 9 de mayo. Es una foto de la agencia Associated Press, según refleja la nota al pie.

Esta mañana, rebusqué en la bolsa de los periódicos viejos, consiguiendo rescatar el ejemplar del día 9, encaminándome acto seguido al escáner con paso firme. No pueden negar, compañeros lectores, que este juntaletras se desvive por complacerles.

El reportero que captó esta instantánea ha demostrado poseer un gran olfato noticioso, ha hecho historia inmortalizando el apretón de manos entre Felipe González y José María Aznar, ambos ex presidentes del Gobierno del Reino de España.

El inesperado encuentro tuvo lugar durante el funeral de Estado por el también antiguo jefe de Gobierno, Leopodo Calvo-Sotelo, recientemente fallecido. En las exequias del prohombre, curiosamente sobrino del Protomártir, se saludaron los dos próceres, enemigos irreconciliables durante siglos.

Este mínimo acercamiento no significa que Felipe y Aznar sean amigos ahora. Su relación personal ha sido nefasta desde que el joven Aznar sucedió a Manuel Fraga como líder del PP, en 1989, cuando Felipe González llevaba 7 años ejerciendo la presidencia. Han pasado dos décadas y los dos continúan siendo protagonistas del teatrillo político español.

Felipe González Márquez (Sevilla, 1942), saltó espectacularmente a la fama en el Congreso socialista de 1974, celebrado en la ciudad francesa de Suresnes. Apenas faltaba un año para la muerte del general Franco y la cercanía del hecho biológico inevitable* se palpaba en el ambiente. De manera sorprendente, el clan de los sevillanos se apoderó sin problemas del aparato del PSOE, arrinconando a los históricos del exilio. Así se cumplía uno de los puntos clave del intrincado guión escrito para la España posfranquista por los poderes fácticos internacionales.

Carismático, campechano, populachero, Felipe conectó con gran parte del proletariado celtibérico. El PSOE representaba la juventud frente a un PCE dirigido por ancianos, protagonistas directos de la guerra civil. La dialéctica incendiaria de Felipe sobrepasó por la izquierda el mensaje moderado de Carrillo. La Transición iba alcanzando sus propósitos finales, el PSOE se convertía en el gran granero electoral de la izquierda y el PCE se conformaba con las migajas del pastel.

Tocado y hundido Adolfo Suárez, el breve paréntesis de Calvo-Sotelo sirvió de rampa de lanzamiento del felipismo. El último Ejecutivo ucedista introdujo a España en la Alianza Atlántica y rectificó el desorden autonómico, dos aspectos fundamentales para que el Régimen juancarlista obtuviera el definitivo beneplácito del Mercado. El 28 de octubre de 1982, el PSOE ganó de calle las elecciones generales, con casi el 50% de los votos emitidos, logrando una holgada mayoría absoluta.

Muchos trabajadores ilusos creyeron que con este triunfo, la izquierda se resarcía de la derrota militar del 39, abriéndose la vereda para la transformación socialista de la piel de toro. Aquellos sueños quedaron hechos añicos, con el correr de los meses.

El felipismo traicionó la confianza del pueblo español, demostrado quiénes eran sus verdaderos amos. La socialdemocracia liberal apuntaló los privilegios de las misma fuerzas telúricas que habían sostenido el franquismo.

La Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio, Reguladora del Derecho a la Educación, estableció el sistema de conciertos con la enseñanza privada, a través del cual, se financia con dinero público la educación religiosa católica. El PSOE contentó así a la Iglesia Católica, la misma institución medieval que había paseado bajo palio al Caudillo.

El referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, de fecha 12 de marzo de 1986, selló el compromiso histórico del PSOE con el imperialismo norteamericano. El viraje pesoísta desde el antiotanismo hasta llegar a falsificar el resultado de la consulta para que ganara el Sí (como ha denunciado hace poco Antonio Romero), reactivó a la izquierda anticapitalista, que se agrupó en Izquierda Unida, ejerciendo de alternativa al pragmatismo felipista. Nos quedamos en la OTAN, renunciando a la no alineación, fórmula que incluso intentó Suárez, lo que le acabó costando la presidencia.

La guerra sucia contra ETA, promovida desde la cúpula del Ministerio del Interior, se saldó con 27 asesinatos y muchos daños colaterales de por medio. Las acciones terroristas de los GAL facilitaron la corrupción dentro del entramado de Interior y encumbraron a joyitas de la talla de Pedro J. Ramírez, adalid del periodismo de información, vetusto liberal de influencias insospechadas. El PSOE se agarró a la razón de Estado para justificar la violación de los derechos humanos en Euskadi, siguiendo la gloriosa tradición de la dictadura fascista.

Bajo el influjo de la revolución conservadora de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el Gobierno pesoísta introdujo el neoliberalismo en nuestra maltrecha economía, reconversión industrial mediante. Desempleo, contratos basura, flexibilización laboral, precarización, mastodónticos beneficios empresariales, conceptos que aprendimos a digerir, telediario a telediario. La contundente política antiobrera de Felipe llevó a la insubordinación a la UGT (sindicato hermano del PSOE), que se sumó a la convocatoria de huelga general del 14 de diciembre de 1988.

Al año siguiente, el felipismo revalidaba la mayoría absoluta, aunque con menor margen de maniobra. El candidato perdedor se llamaba José María Aznar. A primera vista, un hombre opaco, falto de carisma, sin ninguna pizca de sentido del humor, escondido detrás de un bigote. De profesión inspector de Hacienda, presidente de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (1987-1989), de familia franquista y opusdeísta (por parte de su esposa, Ana Botella), nunca se imaginó Manuel Fraga que semejante charlotín iba a conseguir sin ni siquiera despeinarse lo que él tanto había añorado y ni había podido rozar: la jefatura del Gobierno.

José María Alfredo Aznar López (Madrid, 1953), alegre falangista independiente en sus años mozos, hijo y nieto de lacayos del tirano, pasó desapercibido en la Transición, cuando Felipe ya era un mito. Diputado en 1982 por Alianza Popular (germen del posterior PP), en los comicios en los que el PSOE arrasó, tuvo que esperar hasta el final de la década para enfrentarse directamente al de Sevilla. Fraga se especializó en criar delfines, posibles sucesores, a los que fue descartando conforme su propia estrella política declinaba. Jorge Verstrynge, Antonio Hernández Mancha, Isabel Tocino, Alberto Ruiz-Gallardón, todos y cada uno de ellos pudieron ser lo que Aznar alcanzó en 1989.

Sucesivamente, la prensa fue destapando un rosario interminable de escándalos y casos de corrupción, que afectaban a miembros de las más altas instituciones del Estado. El PP explotó a tope el filón de la corrupción, con la eficiente colaboración de diversos medios de comunicación. Aún retuvo fuerzas Felipe González para derrotar una vez más a Aznar en 1993, en plena crisis económica, estando muy presente el fantasma del paro entre los curritos españoles.

A lo largo de su etapa presidencial, Felipe favoreció los intereses empresariales del grupo Prisa, a la cabeza del cual estaba Jesús de Polanco, otro falangista reconvertido a la causa demócrata. Prisa agradeció los servicios prestados, defendiendo a capa y espada al Gobierno y agrediendo con todos los recursos a su disposición, al principal adversario izquierdista de González, Julio Anguita, coordinador general de la coalición Izquierda Unida.

A la tercera, Aznar ganó. El PP conseguía desbancar al PSOE el 3 de marzo de 1996. La victoria aznarista fue pírrica, superando por muy poco a Felipe. Las malas lenguas no se cansan de repetir que el atentado etarra del que Aznar salió ileso en 1995 favoreció sus aspiraciones electorales. Se ha hablado mucho de aquella acción terrorista...

El primer mandato de Aznar comenzó dulcemente, pactando con los nacionalistas periféricos (vascos y catalanes), a los que antes había denigrado sin piedad. También logró la paz social con los sindicatos, que tantos quebraderos de cabeza habían dado a González. Se dedicó a construir un imperio mediático que favoreciera al PP, para competir con Prisa. Al principio, nombraba a Manuel Azaña (uno de los iconos del republicanismo patrio) en sus discursos.

La estela de privatizaciones de la era Aznar, continuista con respecto a la era Felipe, formó un bloque de empresas dirigidas por amigos personales del presidente, algunos de los cuales se volvieron demasiado díscolos. El patrimonio de todos los ciudadanos españoles se vendía al mejor postor, sin que el manso pueblo soberano dijera esta boca es mía.

Negociando con ETA, hablando catalán en la intimidad, tapando los pelotazos que afectaban a la Corona, atacando a la clase trabajadora, exigiendo reformas capitalistas a Fidel Castro, José María Aznar gobernó este país hasta el 2000.

Tras obtener mayoría absoluta, pudo prescindir de los buenos modales y se quitó el disfraz de centrista. El aznarismo desatado empezó a perseguir al nacionalismo vasco, con toda la potencia de la que era capaz. El líder socialista José Luis Rodríguez Zapatero colaboró con empeño en la sucia telaraña que Aznar y los de su ralea extendieron sobre el País Vasco.

A nivel internacional, Aznar se alineó incondicionalmente con el presidente usaco George Walker Bush, heredero intelectual de Reagan, y retoño legítimo de George Herbert Bush. El antaño joseantoniano se implicaba personalmente en golpes de estado en Venezuela o en Guinea Ecuatorial, contribuyendo a la invasión de Irak con impecable acento texano y maneras de portero de discoteca. La imagen de sumisión al yanquismo que dió Aznar en 2002-2003 permanece grabada en la retina de la gente decente como ejemplo de lo que no debe de hacer ningún mandatario.

La segunda y última legislatura del aznarato reintrodujo la crispación a gran escala en el debate político nacional. El líder supremo no aceptaba las críticas, y acababa descalificando a sus oponentes de manera grosera cada vez que comparecía antes los medios. El decretazo rompió el idilio aznarista con los sindicatos, la catástrofe del Prestige afectó de lleno al PP en su feudo gallego, el accidente del Yakovlev 42 enfrió las relaciones del Gobierno con sectores del Ejército. Si Felipe tuvo su Filesa, Aznar tuvo su Gescartera.

Muchos adquirimos conciencia ideológica frente al aznarismo. El felipismo nos pilló demasiado niños, y fue contra Aznar, contra el que ensayamos nuestra rebeldía. Para la mayoría, sólo fue un paréntesis, ya que ZP los ha domesticado con ese coñazo del talante.

El aznarismo acabó como el rosario de la Aurora, el 13 de marzo de 2004. Dos días después de la masacre de Atocha, un puñado de valientes desafió al Gobierno en las calles, derrotando al Fuhrercito y al sucesor, Mariano Rajoy. El PSOE aprovechó el caudal de votos antipeperos para recuperar el poder. El zapaterismo, un felipismo light, es ya otro capítulo de la historia, que aqui les seguiremos contando.

Aznar y Felipe, Felipe y Aznar, dos fichas intercambiables del Monopoly capitalista, dos enemigos del pueblo, aunque el pueblo esté tan ciego que todavía no lo sepa. El hecho de que permanezcan en libertad y no estén bajo llave y entre rejas, es la prueba más fehaciente de que esto no es una democracia.

La pantomima de Estado de Derecho que sufrimos, queda al descubierto con una simple fotografía. Este breve encuentro desmonta el cuento de hadas que nos repiten cada día desde hace más de 30 años. La Disneylandia borbónica esconde un oscuro patio trasero, adonde desembocan los detritus de la libertad. Allí, el gran titiritero guarda a sus muñecos cuando no los necesita. De vez en cuando, los saca de paseo. Los felipes y los aznares seguirán poblando nuestras pesadillas hasta que no logremos arrancarnos las cadenas que nos separan del futuro.

¡Lo que puede dar de sí una fotografía, si se la estira como a un chicle!

*Se dice que fue el granadino Manuel Jiménez de Parga, posterior ministro de la UCD y presidente del Tribunal Constitucional con Aznar, el que utilizó esta afortunada expresión para referirse sutilmente al fallecimiento de Francisco Franco, años antes de que sucediera tal cosa.

miércoles, mayo 14, 2008

Garras de astracán


La escuché una vez en público, hace ya algún tiempo, y no me agradó nada de lo que soltó por esa boquita de piñón. Compartía mesa redonda con el eurodiputado popular Jaime Mayor Oreja, ministro del Interior del primer gobierno aznarista. Ella era entonces también eurodiputada, pero del Partido Socialista Obrero Español. Creánme si les digo, que a su lado Mayor Oreja parecía un niño de pecho.

La conferencia, a la que acudí alentado por determinado profesor, pues debíamos hacer presencia para poder aprobar la asignatura, trataba sobre la política antiterrorista y de seguridad en el marco de la Unión Europea. Rosa Díez, peliteñida como acostumbra, superó con creces el extremismo derechista de Mayor, recibiendo encendidos aplausos de los estudiantes presentes en el recinto, la mayoría de ellos, jóvenes cachorros del Partido Popular. No tengo ni que decirles que yo no aplaudí. Mi camarada Antonio, al que no le gusta demasiado que le mencione en este blog, tampoco.

Doña Rosita la demócrata, frustradas sus aspiraciones de ocupar la secretaría general del PSOE, relegada al segundo plano de Estrasburgo, acusadora implacable del presidente ZP, entendió que si quería seguir figurando en los papeles, debía abandonar la nave pesoísta, emprendiendo un nuevo rumbo con destino incierto. Lo mismo se podía meter una hostia tremenda, electoralmente hablando, que regresar a la política nacional con un acta de diputada bajo el brazo.

No se integró en Ciutadans por considerarlos demasiado de izquierdas (cosas veredes, Mío Cid), así que se empeñó en fundar un partido novísimo, partiendo de la asociación ¡Basta Ya!. Rodeada de ilustres figuras de la cultura españolista, tales como su pareja sentimental Fernando Savater, Albert Boabdella y Mario Vargas Llosa, promocionada a bombo y platillo por El Mundo, la Cope o Libertad Digital, haciendo del acoso y derribo del Gobierno su razón de ser, Rosa Díez ponía en marcha Unión, Progreso y Democracia (UPyD).

No se recuerda en la historia reciente de España semejante campaña publicitaria a favor de una opción política minoritaria. En sentido contrario, me viene a la cabeza el arsenal de mentiras e improperios que lanzó el grupo Prisa contra Julio Anguita a mediados de los 90, con el fin de destrozar la línea ideológica de Izquierda Unida, objetivo que parecen haber conseguido en estos últimos meses.

El partido bisagra de Rosa y los intelectuales no nacionalistas (entiéndase, rabiosos nacionalistas españoles), incorporó de cara a las elecciones del 9 de marzo a dos referentes del constitucionalismo: Álvaro Pombo y Álvaro de Marichalar. Vaya par de ... tocayos. El primero es un escritor homosexual, que nadó a contracorriente hasta que la familia Lara se topó con él y le galardonó con el Planeta. El otro Alvaro posee el incalificable mérito de ser hermano menor de Jaime de Marichalar, ex yerno del Rey de España. Es un habitual de la prensa rosa y creo que se dedica profesionalmente a recorrer los mares y océanos, montado en una moto acuática. Quijote Marichalar y Sancho Pombo. El hidalgo de ultramar y el escudero gay.

UPyD cumplió su cometido: Rosa Díez salió elegida diputada por Madrid. "La alegre chica de COU", llamada así por su correligionario Tino Barriuso, concursante de Saber y Ganar y bloguero de 20 Minutos, consiguió el añorado escaño , lo que le asegura a ella y a su partidito, generosas subvenciones públicas y titulares a tutiplén durante toda la legislatura. A vivir de los españoles cuatro añitos más. Esta mujer es un lince.

Enseñando las garras de astracán, la bien pagá, reclinada en la barra de Chicote, derretía con su escote, a la crema de la intelectualidad. O por lo menos, así lo escribió y lo cantó Agustín Lara (escuchen la original versión de Enrique Heredia Negri, merece la pena). Haciendo un símil, Rosa Díez, recostada en el escaño del Congreso, derretirá con su verbo florido a la bancada pepera, provocará el orgasmo de pedrojotas y losantos, y nos aburrirá a tantos, hartos de profetas del Apocalipsis.

Esta legislatura va a ser excesivamente curiosa. Un antiguo competidor de Rosa, José Bono, del ala más dura del PSOE, personaje esperpéntico y carpetovetónico donde los haya, presidirá los debates. La voz de Izquierda Unida en el Parlamento será la del diputado unigénito Gaspar Llamazares, fracasado coordinador general y gran responsable de la debacle actual de la coalición. El PP ha iniciado un camino de perdición de dudosos resultados, lo que no hará sino reforzar el neoliberalismo latente del Gobierno.

En medio de este desierto poselectoral, puede que un día sintamos en nuestros cogotes el zarpazo democrático de sus garras de astracán. Entonces, todavía, la libertad será una quimera.

Posdata urgente: ETA, extraño grupo terrorista al servicio de intereses inconfesables, ha vuelto a asesinar. Reaparece así en el panorama político, engordando el ego de los que han hecho del discurso españolista una rentable forma de vida. El Estado monárquico intenta aplastar a la izquierda abertzale con sucios métodos, los gudaris de pacotilla inutilizan el sacrificio independentista matando por enésima vez.

domingo, mayo 04, 2008

Luis Alberto Lavandeyra recuerda a Ernesto Che Guevara

Tuve la suerte de conocer a Luis Alberto Lavandeyra y a su esposa Ana Cauwel, en el mes de mayo de 2004, hace casi cuatro años. Participábamos en el II Encuentro Estatal de Solidaridad con la Revolución Bolivariana, celebrado en el antiguo edificio de los Sindicatos, en el salón de actos de CCOO, en la granadina Avenida de la Constitución. Aquel anciano larguirucho, de acento exótico y porte de caballero, había sido compañero de lucha del Che Guevara, en la Sierra Maestra, revolucionario también en Guatemala y en El Salvador.

Hicimos buenas migas los cuatro (mi señor padre, Luis, Ana y el menda lerenda), en aquel fin de semana de tan grato recuerdo. Intercambiamos números de teléfono y correos electrónicos, quedamos en vernos pronto, ya que la pareja residía entonces en Sevilla. No hemos vuelto a coincidir, ya que ellos se trasladaron poco después a Venezuela, al "corazón de la Patria Grande", cómo acertadamente la llama el querido Luis. Seguimos en contacto cibernético, esperando reencontrarnos algún día.

Navegando la otra noche por Internet, descubrí una entrevista al amigo Lavandeyra, realizada por una joven periodista de Radio Nacional de Venezuela, cuyo nombre desconozco. Con el audio de dicha entrevista y unas cuantas imágenes del Che, he finiquitado este vídeo, que espero les guste.

Un abrazo enorme, capaz de cruzar océanos y fronteras, para Ana y para Luis.