lunes, septiembre 21, 2009

Fiesta del PCE 2009, Córdoba

El sábado, 19 de septiembre, jornada de mi 24 cumpleaños, lo pasamos en la Fiesta del PCE, celebrada esta vez en el recinto ferial de El Arenal, en Córdoba ciudad. Aprovechamos el día entre puestos de libros, charlas, homenajes, cubalitros de tinto de verano y buñuelos de calabaza.

Volví a ver tras demasiado tiempo a Antonio Moreno Vázquez, compañero de carrera y de ideales. Conocí a su padre, a su tío y a su primo, de los que me había contado maravillas siempre, sin exagerar ni un ápice. Los comunistas alcalareños se han ganado con creces un sitial de honor en el patrimonio simbólico de mi memoria.

Juan Pablo Segovia Gutiérrez, que tuvo a bien acompañarme a la capital califal, captó con el objetivo digital de la Kodak desconchada mis encuentros con Felipe Alcaraz, Paco Algora, Isaías Rodríguez, El Cabrero y Marcos Ana. Vaya para él mi eterno agradecimiento.

Un pellizquito de Juan Pinilla clausuró nuestra Fiesta particular, el San Rafael del estadio municipal de El Arcángel nos conminó a regresar, blandiendo la espada de alabastro, levantando el puño de roca.

Con Felipe Alcaraz, novelista, poeta y presidente ejecutivo del PCE.

Con Paco Algora, actor y escritor.

Con Isaías Rodríguez, embajador de la República Bolivariana de Venezuela en España.

Con José Domínguez Muñoz El Cabrero, cantaor y pastor de cabras.

Con Marcos Ana, la nobleza y el decoro del comunismo ibérico.

martes, septiembre 15, 2009

Unas palabras para Almeida


La vida humana es una experiencia finita, una odisea fugaz cuya estela permanece en la memoria de los nuestros, guardada bajo siete llaves en la corteza cerebral de aquellos que nos quisieron, nos amaron, nos odiaron.

Cuando las campanas tocan a muerto por un hacedor de naciones, un albañil de utopías, un arquitecto de anhelos colectivos, el llanto por el difunto es la demostración fehaciente de que éste no vivió en vano. Las masas llevan el duelo, su ánimo está de luto, el revolucionario pierde el pulso, expulsa la respiración, enraizado en el alma de su pueblo.

Juan Almeida Bosque, Comandante de la Revolución Cubana, eligió trinchera en el Moncada, ratificó la opción en el Granma, sostuvo el estandarte rojinegro del Movimiento 26 de Julio durante cinco décadas, por más que porfiara la ofensiva usamericana. "Aqui no se rinde nadie", afirmó en su día el negro Almeida.

Ni Almeida ni Cuba consideraron siquiera la posibilidad de rendirse.

miércoles, septiembre 09, 2009

Traje de luces


Ni el chándal podía disimular la ruina. Sometido a la disciplina deportiva del algodón, no era más que un recuerdo pintarrajeado de aquel guaperas que fue elegido el torero con mejor planta del momento por las lectoras de la revista Hola, en el año 1979. Su paisano Jaime Peñafiel, por entonces redactor-jefe de la publicación rosa, le hizo entrega del galardón en los salones del hotel Palace, abarrotados de amigos, curiosos y periodistas.

Ataviado para la caminata matinal, bajó con precaución la empinada escalera de caracol que comunicaba la vivienda con la carnicería de su mujer. Luisa, adormilada y de mal genio, despachaba a la clientela, mayoritariamente de sexo femenino. José le tiró un beso desde la puerta, repasó de reojo la anatomía de las presentes y salió a la calle.

La avenida Cervantes presentaba el aspecto normal de un martes por la mañana: trasiego de viandantes, madres solteras con sus bebés en los carritos, jubilados con el ejemplar de Ideal bajo el brazo, niños rezagados que corrían hacia el colegio del Ave María de la Quinta, todavía las legañas pegadas y el resto del colacao en la comisura de los labios. José León Villalta aceleró el paso y bajó hacia el puente Verde, donde observó a una pareja de patos retozando en las estancadas aguas del Genil. Andando en paralelo al río, recorriendo el paseo de los Basilios, volvió a aquella velada inolvidable de hacía casi treinta años.

Vestido de sport, peinado primorosamente por Luisa, estaba espléndido aquella noche. En la sala estaba presente la plana mayor del toreo de la época: Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordóñez, Rafael de Paula, Curro Romero, Paquirri. En una esquina, fumaba Paco Rabal. En primera fila, al lado de su mujer, Lola Flores, Carmen Sevilla y Concha Márquez Piquer, lucían sus mejores galas, despertando el interés de los fotógrafos.

Los aplausos sonaron atronadores cuando el Rayo del Realejo se levantó de su asiento para recoger el premio que le entregaba Peñafiel. No era una condecoración taurina, sólo era la prueba viviente de que las mujeres españolas se morían por sus huesos, sin embargo los diestros también batieron palmas, reconociendo el talante y la clase del torero granadino. Cuando se giró para ofrecer la estatuilla al público, creyó ofrecer las dos orejas y el rabo al respetable de Las Ventas. Perdió la compostura una milésima de segundo cuando vio a Raquel Rosúa, al fondo del salón, lasciva como de costumbre, sonriéndole.

El deambular tempranero formaba parte de su rutina, desde que el endocrino se lo recomendó para bajar peso, tras un leve desajuste cardíaco. Cuando le apetecía subía hasta el Llano de la Perdiz, apontocaba sus reales en el reloj de sol de la cumbre y apuraba un cigarrillo, un único pitillo, lo que le permitía iniciar la bajada con los pulmones algo despejados. Algunos días se internaba en el Zaidín, hasta los confines de la avenida Dílar, terminando su andadura en las cocheras de la Rober, donde veía pasar los autobuses renqueantes que se encargaban del transporte urbano de pasajeros en la ciudad.

En ocasiones, finalizaba su trayecto en el parque de la Rosaleda, o cruzaba el puente sobre el ferrocarril de la calle Jesse Owens, para tomarse unas tapillas en Las Torres. Cuando regresaba a casa, Luisa había cerrado la tienda y él debía de entrar por la puerta de al lado del escaparate, que únicamente utilizaban cuando el negocio echaba el cierre.

Los domingos, arroz. Los lunes, puchero. Los martes, lentejas. Lo que quedaba de la semana el menú diario alternaba la pasta, el pescado y la carne, rematado siempre con un café con leche frente al televisor, sentados ambos en el sofá, tapados con la manta de la mesa camilla, calentándose los pies con el brasero eléctrico. Eso siempre que fuera invierno, porque si el verano acechaba Luisa encendía el aire acondicionado y convertía el comedor en el Polo Norte.

El brasero, el típico brasero de picón que calentó sus tardes y sus noches de niño en el Realejo, el aparatejo que su madre, Angusticas, quiso que se llevara consigo en la gira de América de 1975. Menos mal que consiguió convencer a la mujer de que aquello iba a formar un estropicio en el avión, que incluso lo podían requisar en las aduanas mexicanas, que no se preocupara, que en los hoteles del otro lado del charco también existía la calefacción.

Aquel año de 1975 fue trágico para el mundo del toro. Domingo Dominguín, matador retirado, apoderado de su hermano Luis Miguel, se suicidó de dos tiros en el pecho, en Guayaquil, donde residía con una imponente colombiana. A Villalta la noticia le pilló en Lima, donde acababa de torear un mano a mano con Pepe Cáceres. Apreciaba mucho a Dominguito, la personalidad arrolladora, la retórica revolucionaria impropia de un linaje taurino de raigambre franquista, su simpatía a raudales.

Precisamente, fue en una fiesta en el piso de Domingo en la calle Ferraz, donde conoció a Raquel Rosúa. Villalta todavía no vivía en Madrid, estaba alojado de manera temporal en la mansión de Luis Miguel, en Somosaguas. Llevaba unas copas de más cuando Fernando Fernán Gómez le presentó a la joven actriz que representaba un papel menor en una obra coral dirigida por Adolfo Marsillach. La conversación, animada por el dato de que la familia de Raquel provenía de Loja, se prolongó hasta el catre de la pensión donde habitaba la cómica.

Siguieron citándose a lo largo de tres años, hasta que José decidió cortar por lo sano en la primavera de 1974. Luisa se había quedado embarazada de Jorge, su segundo hijo, lo que intensificó el complejo de culpa que sentía el maestro, emponzoñando definitivamente la relación que mantenía con su amante. No volvió a verla hasta la noche de entrega del premio de Hola.

Dos tardes en semana, José León Villalta jugaba al dominó con los restos de su antigua peña taurina en la cafetería Ramírez, sita en las cercanías del coliseo granadino. Rafael Labella, Juanito Carmona y Luis Carlos Martínez eran los únicos fieles que habían resistido a las sucesivas hecatombes que arruinaron la meteórica carrera del Rayo del Realejo. Primero, la cogida del DF que le postró en cama durante dos temporadas, luego el fiasco de la reaparición en la Goyesca de Ronda, que sería el inicio de su declive. Luego vino el alcoholismo, la adicción a la cocaína, las peleas en los bares de putas, la pinchada que le metió un gitano de las casillas bajas de La Paz, cuando lo encontró follándose a su señora esposa.

El martes de autos, Villalta salió del Ramírez con el repeluzno metido en el cuerpo. Sus tres compadres de juegos y de risas habían evolucionado al unísono hacia un derechismo feroz, descabellado, alentados por los talibanes de las ondas. En vez de hablar de mujeres, de fútbol o de toros, se dedicaban a despotricar contra el presidente del Gobierno, responsable para ellos de todos los males del orbe. No es que él mismo fuera un entusiasta partidario del mentado Zapatero, él ni siquiera votaba, pero aquello le parecía una exageración.

Labella y Carmona, albañiles, habían estado mezclados en las huelgas contra la dictadura, ingresando en las Comisiones Obreras clandestinas, librándose por poco del aciago destino de los tres muertos del 70. Rafael había militado además en el Partido Comunista, figurando de relleno en unas listas electorales para el ayuntamiento de Atarfe. Luis Carlos era hijo de un capitán de la Guardia Civil, nacido en el cuartel de Las Palmas, revoltoso, contestatario, había sufrido una particular evolución, desde el maoísmo hasta el españolismo recalcitrante, recalando como tantos en el felipismo durante el período del pelotazo.

Cogió el autobús de la línea 9 en la avenida de la Constitución, a las 9 menos cuarto de la tarde. Se acomodó en el espacio reservado a los carricoches de niños chicos y se contentó con acariciar el paquete de tabaco, mirando con fiereza el letrero que prohibía fumar, una pegatina mal pegada a la cristalera que recubría el vehículo. Entonces la vio.

Una mulata trigueña, de larga cola azabache, adornadas sus orejas por dos aros de plata de tamaño maxi, cubría sus curvas con unos tejanos gastados y una cazadora de aviador. Calzaba unas botas peludas, de color morado. En un determinado instante, cuando Villalta llevaba ya unos cuantos minutos comiéndosela con la mirada, la chica, que tendría unos 35 años, cruzó sus pupilas con las del torero. Rayos, truenos y centellas, al modo del querido Archibald Haddock, impactaron en las hormonas de José Léon Villalta, despabilando el hambre de hembra, que ya creía saciada. No en vano, había alcanzado los 61 años en enero.

La noche del martes 24 de febrero de 2008, José no cenó en su hogar, dulce hogar. Engañó a su esposa con una excusa barata, apagó el teléfono móvil y se dispuso a controlar la mamada esplendorosa que Janina estaba acometiendo. Mientras su polla brotaba de una sequía de meses, remozada por la lengua experta de la brasileña, encendió como pudo la radio del Seat Toledo, sintonizando la Cadena Dial. Pastora Soler, una de sus preferidas junto a Pasión Vega o Diana Navarro en la nueva hornada de la canción española, defendía un tema de su álbum. Janina moldeaba el miembro viril a su antojo, con placidez y dedicación.

Enero de 1981. Adolfo Suárez se ahogaba en las arenas movedizas de la realpolitik, Tejero y los de su cuerda sacaban brillo a sus sables, los Comités anti-OTAN se manifestaban en Madrid. La actriz Lola Gaos, el abogado laboralista Fernando Sagaseta, el diputado socialista Pablo Castellano, el comandante de la UMD Luis Otero, eran los oradores programados del acto. La sorpresa mayúscula se produjo cuando un hombre joven subió al estrado. Elegante, distinguido, con porte de senador romano, chaqueta beige, camisa blanca y pañuelo azul, pantalones negros, zapatos italianos.

El diestro realejeño, en el apogeo de su popularidad, antes de su vuelta a los ruedos tras la cornada de La Monumental, estaba exultante. Titubeó durante un momento para luego empezar su alocución a los manifestantes contrarios a la entrada de España en la Alianza Atlántica :

-Buenas noches a todos, admirados compañeros de tribuna, estimados asistentes. Estamos aquí, en este acto, exteriorizando nuestra repulsa ante el ingreso de nuestro país a la OTAN. Estamos aquí, porque no queremos que nuestro territorio sea base de operaciones de ejércitos extranjeros destinados a reprimir a los pueblos libres del mundo. Estamos aquí, porque queremos que nuestra tierra sea tierra de paz, de entendimiento entre culturas, religiones y formas de vida. Estamos aquí, porque preferimos, en fin, el trinar mañanero de un gorrión al ruido ensordecedor de un B-52, rompiendo la tranquilidad de la siesta.

A muchos de vosotros, quizás a la mayoría, os desconcierta mi presencia ante este micrófono. Algunos pensaréis que soy un advenedizo, un torero acabado lanzado en paracaídas al movimiento anti-OTAN, deseoso de recuperar el cariño del público, promocionando mi inminente regreso al albero. Permitidme deciros que estáis equivocados.

Si estoy en este lugar, junto a vosotros, junto a dignos representantes de la cultura, la abogacía, el parlamentarismo correoso, la milicia demócrata, es porque éste es mi sitio, y no otro. Si me encuentro aquí, es por mi padre.

Pancracio León Valverde nació en Colomera, un pueblecito de la provincia de Granada, en 1919. Sus ascendientes poseían varias fanegas de olivos en los alrededores del pueblo, lo que les situaba como una familia relativamente rica. Cuando llegó la sangría del 36, Colomera quedó en zona republicana, mientras que la capital era tomada por los fascistas. Pancracio fue reclutado a la fuerza e hizo la guerra en el Ejército Popular de la República.

El señorito, destinado a una unidad dirigida por mandos comunistas, acabó contagiándose del marxismo de sus superiores. Cuando acabó la contienda, fue repatriado a España y tuvo que soportar un servicio militar en las islas Canarias, suplicio que duró unos cuantos años.

Vendidos los olivares, puso un horno de pan en la calle Santiago, en la antigua judería granadina, el Realejo. Mi madre, Angustias Villalta López, entró a trabajar en la panadería en el otoño de 1945, naciendo un servidor el 26 de enero de 1947.

A mi añorado padre le debo las primeras letras, las primeras inquietudes, las primeras respuestas a las enrevesadas preguntas infantiles. A mi padre le debo el estar hoy presente, en esta demostración de coraje de un pueblo al que no han vencido definitivamente.

El toreo me permitió, además de cumplir con mi vocación, entrar en contacto con personajes inolvidables, que no hicieron sino aumentar mi politización, concretar la conciencia de clase de un mocoso de la posguerra. Fui partidario, si puede decirse así, del Partido Marxista Taurino-Pensamiento Domingo Dominguín...

El Seat Toledo, aparcado en una calle desolada, por las proximidades del Camino de los Neveros, desengrasaba sus amortiguadores al compás de los cuerpos. La farola mortecina más cercana congregaba en danza un miserable enjambre de mosquitos. El traje de luces cogía polvo en el cuarto de los trastos viejos.

*La pintura que antecede este relato corto es obra del pintor Juan Pedro Aguilar Moreno, y se encuentra disponible en su página web: http://www.jupeam.com/

lunes, septiembre 07, 2009

En el alambre


Me sostengo en el alambre, con más pena que gloria. Finiquitado en abril el último contrato temporal, de una ristra infinita por la que no pude ni devengar la ayuda familiar, me encuentro extraviado en el desierto del desempleo.

La búsqueda de trabajo no da ningún resultado, los cursos de formación profesional ocupacional se esfuman, el canto de sirena de las oposiciones comienza a seducirme. Afronto la nueva temporada francamente desorientado, en términos laborales se entiende. Desgajado de la Facultad, aquejado de titulitis (pandemia contemporánea del estudiantado español), buscando rincones a cubierto, donde resguardarme hasta que escampe la tormenta.

A falta de un buen psicólogo que codifique mis neuras, me refugio en la escritura, santo oficio de inquirir verdad según Pepe Bergamín. Inquiero así mi verdad, que espero sea también la vuestra, la de las víctimas del capitalismo en su versión neoliberal. Destripando la realidad que me rodea, indagando sobre la marcha de los acontecimientos internacionales, opinando a diestro y siniestro, a veces de manera apasionada, otras intentando ser frío, destilo la esencia de mi raciocinio (si es que alguna vez he poseído tal cualidad).

Mientras soluciono mis problemas existenciales, seguiré actualizando el Llanto periódicamente, cuando me venga la chispa, cuando se conecten los circuitos. Ojalá el fantasma de Vladimir Ilich, al que invoco en las imágenes que acompañan esta entrada, acuda en mi socorro.

Salud gente.

miércoles, septiembre 02, 2009

Apuntes de apartamento para un socialismo a la venezolana


En el imaginario colectivo de los años noventa Venezuela aparecía como un país fértil en la producción de misses Universo, a los ojos de un español tipo era sólo el plató constante de nuestros culebrones predilectos.

A día de hoy, la percepción se bifurca frontalmente. Para los adeptos al pensamiento único, la nación caribeña sufre en silencio las tropelías y los desmanes de un gobierno populista y totalitario. Para los anticapitalistas, cada uno de su padre y de su madre, Venezuela es el laboratorio de experimentación ideológica y práctica del socialismo postsoviético.

El Socialismo del siglo XXI, preconizado y puesto en marcha por el presidente Hugo Chávez, supone la simbiosis venezolana del compendio de experiencias libertarias sudamericanas. Recogiendo el legado de la gesta bolivariana, reconociendo el padrinazgo simbólico de la Revolución Cubana, aunando el socialismo castrense y el socialismo civil en un mismo proyecto de cambio.

La Revolución Bolivariana se declara continuadora legítima de la pretensión inconclusa del Libertador: La unión política de América del Sur. A fin de lograrlo, propone una Segunda Independencia Latinoamericana, que arroje a las oligarquías cipayas al limbo de la Historia.

Cuba ha magnetizado con su ejemplo a todo los procesos revolucionarios desarrollados en el mundo tras 1959. Venezuela no podía renunciar al acompañamiento solidario de la isla numantina, desafiante ante los Estados Unidos, compañera indiscutible de los pueblos pobres.

Fidel Castro ya adivinó el potencial de Chávez al recibirlo en el aeropuerto de La Habana con honores de jefe de Estado, el 14 de diciembre de 1994. Su proverbial sabiduría anticipó el triunfo chavista en las elecciones de 1998, auténtica viga maestra sobre la que se comenzó a cimentar la revolución.

El socialismo venezolano es la decantación final de una serie de nacionalismos progresistas, asociados normalmente a sectores comprometidos de las fuerzas armadas, surgidos como respuesta incontrolada al expolio económico del imperialismo extranjero sobre las riquezas naturales del continente. Desde el seno de los cuarteles hasta los claustros universitarios, desde el sindicalismo de base hasta la intelectualidad inquieta, desde los cerros miserables hasta la Iglesia refractaria a los mercaderes de nuevo cuño, la doctrina de Simón Bolívar agrupó a los descontentos con la Cuarta República, a los desahuciados del pacto de Punto Fijo.

El juramento del Salman de Güere (1982) marca el inicio de la lucha política de una generación de militares venezolanos, encabezados por Hugo Chávez. Pero, mucho antes, ya combatían las guerrillas en las selvas y en las sierras, ya se proclamaban bolivarianas. Chávez canalizó la rebeldía de los nadie, encauzándola y concretándola en una estrategia a largo plazo, la Revolución Bolivariana.

Los Ejércitos sudamericanos siempre han sido más propicios a la infiltración revolucionaria que sus homólogos occidentales. La milicia está en el origen del peronismo, uno de los movimientos sociopolíticos más complejos de América Latina, capaz de unir bajo la égida de Juan Domingo Perón a la extrema izquierda montonera y a la Triple A ultraderechista. Militares fueron también Juan Velasco Alvarado, Juan José Torres, Francisco Caamaño Deñó, Luís Carlos Prestes u Omar Torrijos, representantes todos ellos de la disidencia con respecto al Imperio del Norte.

Este fenómeno, de nacionalismos antiimperialistas o de socialismos castrenses (según mi criterio), ha chocado demasiadas veces con la estrechez de miras de los intérpretes del marxismo vulgar, incapaces de divisar por encima de sus narices, absorbidas en la lectura de los clásicos del género. Tanto análisis del propio ombligo ha acabado provocando una teoría marxiana pacata, únicamente practicable en los delirios personales de los profesionales del oficio.

Cualquier hijo de vecino, con unas entendederas medianas, comprende el papel represivo de las fuerzas armadas en el organigrama del estado capitalista. No por ello, se puede descalificar sin argumentos a los intentos revolucionarios capitaneados por soldados. Venezuela es la prueba viva de que de un batallón de paracaidistas puede manar el empuje necesario para articular la mayor amenaza planetaria a los EEUU.

La estela del socialismo civil también ha fructificado en los pagos de Rómulo Gallegos. La sombra del Amauta planea sobre Caracas. José Carlos Mariátegui, el progenitor del socialismo indoamericano, es citado constantemente por el presidente Chávez y por los constructores de la Revolución Bonita, como un precedente en el desbroce de dogmas y de arquetipos. Mariátegui es la posibilidad de elaborar una propuesta socialista acotada al terreno nacional, despojada de prejuicios europeos, superadora del desgarro soviético, inmaculada del pecado original del estalinismo.

Salvador Allende Gossens, héroe inapelable en el panteón de cualquier izquierda posible, emblema del socialismo ciudadano, guía también los pasos elefantiásicos del pueblo venezolano. El fracaso de la Unidad Popular, desintegrada por un golpe militar fascista, sirve de advertencia para un proceso que ya ha sentido el peligro reaccionario en sus variantes más dañinas: el putsch mediático, el paro empresarial-petrolero, los motines delincuenciales, la desestabilización imperialista.

El socialismo a la venezolana, conjugación de Marx y de Bolívar, cóctel aliñado al alimón por Simón Rodríguez y por Friedrich Engels, parto con dolor del Amauta y del general Ezequiel Zamora, avanzadilla universal del socialismo postsoviético, reserva de nuestras esperanzas tantas veces marchitadas.

La vía al socialismo que emprenden en estas horas los revolucionarios venezolanos, los parias del puntofijismo, los obreros en vanguardia, las clases medias conscientes, los soldados patriotas, no es una aventura impoluta, limpia de imperfecciones. Es el enésimo intento de subvertir el estado de las cosas, aspiración humana desde el principio de los tiempos. No es el cometido de este artículo juzgar los errores y las desviaciones del proyecto bolivariano, que haberlos haylos. Esa espinosa cuestión la dejamos para otra ocasión.

En el maremágnum de esta penúltima crisis cíclica del sistema capitalista, en esta orilla del sur de Europa, a tiro de piedra del África ardiente, Venezuela emerge de las tinieblas cual faro acogedor que nos señala la ruta a seguir.

*Las cuatro ideas que sustentan este texto prendieron en mi mollera durante las vacaciones en Castell de Ferro, a ello se debe el curioso nombre del mismo.

domingo, agosto 30, 2009

Retorno a la patria chica


Mi álter ego, a pesar de su renovado look leninista, se ha convertido al monarquismo. Ahí le tenéis, en pleno Balcón de Europa, alternando con Su Majestad Alfonso XII. Se empeñó el chiquillo en visitar Nerja, sorteando la tortura rojiverde de la travesía de Torrenueva, esperando que el influjo resistente de Chanquete despertara a sus musas, aletargadas en el sopor agosteño.

El barco del susodicho sólo le pudo proporcionar unos minutos de sombra, un receso en la magna tarea de recuperar la inspiración del ayer. Hete aquí, el entuerto que no pudo desfacer el marino catódico, lo vino a resolver un Borbón también de pega. El azul Mediterráneo sirvió de marco para la resurrección del literato.

El bronce borbónico actuó como catalizador, despertando al hombre de orden que el Malali siempre ha llevado dentro. Oleadas de banderas constitucionales, la Marcha Real a tope, San Luis María Anson en paños menores, arruinaron los vestigios de rebeldía en la psique del Labrac.

Las ideas de acero toledano se disolvieron como simples terrones de azúcar. El rojerío, mera pose intelectual, un pelín snob, nada pudo con la campechanía tradicional de los reyes de España.

El 26 de agosto de 2009, mi otro yo se pasó al enemigo.

Yo, he vuelto.

Recomenzamos carajo...

sábado, agosto 01, 2009

El "Llanto" cierra por vacaciones


Por tercer verano consecutivo, El Llanto de la Acequia, cuelga el cartel de cerrado por vacaciones. Este paréntesis se produce por motivos obvios: este que suscribe se marcha un mesecito a la costa granadina, donde la conexión a Internet es una quimera, una empresa de complicada consecución.

Me dedicaré estas semanas al culto al cuerpo, es decir, a la ingestión desatada de tintos con limón, a tostarme en la playa cómo una sardina marxista-leninista, a bucear la piscina de punta a punta.

En septiembre, regresará Antonio Salvador, con la mala leche a flor de piel, sobredosis de Manolo Vázquez Montalbán mediante, preparado para emprender el curso 2009/2010.

Os aviso, con suficiente antelación: pasaré lista, y el que falte, será castigado con una temporada en el Gulag, a media pensión.

Salud y República.

miércoles, julio 29, 2009

La Flor de Juncaril


El toreo es un doble ejercicio físico metafísico de integración espiritual en el que se valora el significado de lo humano heroicamente o puramente: en cuerpo y alma, aparentemente inmortal.

(José Bergamín)

El Seat Toledo, cosecha de 1993, repintado en rojo granate, acabado en una baca deshilachada, aparcó justo debajo del luminoso del local. El letrero, un panel de bombillas estridentes, coloreaba la cortante noche granadina, despertando la libido atrasada de conductores aburridos, puteros vocacionales o turistas sin esperanzas de encontrar calor gratuito.

José León Villalta, apagó el motor, bajó el volumen de la radio hasta atravesar la barrera del silencio, abrió la guantera, rebuscó entre los papeles del vehículo, las pólizas del seguro, los cassettes descascarillados de Rafael Farina o Emilio el Moro, la caja de condones caducados. Una vez tuvo el frasco de colonia en su poder, procedió a aromatizarse el pecho, los sobacos y la barbilla. Tras ejecutar tal minuciosa operación de acicalamiento, ya podía echar la llave al Toledo y entrar en "La Flor de Cuba".

Cuando traspasó el umbral del negocio, se sintió herido en su dignidad humana por el apabullante reguetón, que se le hincaba en los oídos cómo una pesadilla, melodía bastarda para niñatos calentorros. El puticlub estaba prácticamente vacío, a excepción de un cateto cuarentón, moreno destripaterrones, que sopesaba las nalgas de Laly, riendo como un condenado. Villalta se acodó en el mostrador, encendió un cigarrillo y esperó a que Katiuska apareciera.

Katiuska Pérez Roldán odiaba a la Revolución Cubana porque se había interpuesto en su acceso a la sociedad de consumo. Quería ver colgado de un poste a Fidel Castro porque focalizaba en él todas sus frustraciones de capitalista infradesarrollada. Despreciaba a los barbudos, porque sin su concurso, Cuba sería ahora una isla casino, un prostíbulo internacional, bendecido por el dólar, protegido por los marines. La Revolución la había expulsado de Matanzas, la había obligado a lanzarse al Caribe en balsa, a cruzar los cayos de la Florida, soportando rayos y truenos, a recalar en Miami, a engrosar el censo de gusanos anticastristas.

-Marchando un Jack Daniel's doble.

Katiuska, 39 años, mulatona de anchas caderas y tetas siliconadas, enfundada en un minishort vaquero y un top negro, se deslizaba por sus dominios de la barra como una gata despierta, encandilando a Villalta, que seguía sus andares de pantera. La visión de su tanga de hilo dental, asomando por encima del pantaloncito, continuaba poniéndole nervioso, a pesar de la costumbre.

Katiuska era un toro, un morlaco babeante, parado en mitad del albero, inquieta la plaza, meditabundo Antoñete, chulesco El Cordobés. José León Villata, el Rayo del Realejo, el hijo de Pancracio León, el diamante en bruto del toreo de los setenta, el matador callado, alérgico a las multitudes, corneado en el muslo derecho, levantado en el aire, arrastrado por la arena, vomitando espumarajos bermellones, llevado a hombros hasta la enfermería de La Monumental de México. La promesa, estrangulada cual paloma mensajera, desplumada, trozeada, tarifada, vendida.

El maestro Villalta, bebía el whisky sin convicción, observando a través del cristal el hielo picado al estilo americano, más propio de mojitos o de daiquiris. Katiuska, plantada delante de él, ofreciéndole la mercancía de su escote, regalándole miradas envenenadas, miradas traicioneras, miradas que pretendían ser de vicio, que no lograban ocultar el cariño que le profesaba.

-Pepe, cariño, llevabas ya tres semanas sin aparecer. Ya me estaba preocupando. Estuve a un tris de llamarte al móvil, chico, ¿Donde coño te habías metido?

-Donde a ti no te importa, negra. He estado resolviendo unos asuntos particulares, cerrando unos tratos, además el grande de mi Manolín estuvo encamao en el Clínico, por lo del ápendice.

-¿Te crees que soy boba, Pepito? ¿Acaso yo te miento, te he mentido alguna vez, comemierda? Lo del niño no lo niego, porque no tengo ni puta idea, pero lo otro es una milonga, pasada de moda, mil veces repetida, la mismica cantinela que sueltas cada dos por tres pa cerrarme la boca.

-Cree lo que te interese, negra, me importa una polla, francamente. Yo he venido esta noche a tu club pa tomarme una copa en paz, y santas pascuas.

Villlata reconoció los dedos callosos de Resina, palméandole la espalda. El Pescaero estaba hecho unos zorros: ojeroso, sin afeitar, con el pelo caracoleado, y un lamparón de grasa en la camisa mal planchada.

-Maestro, cuanto tiempo sin disfrutar de tu presencia en esta casa. Ya te echábamos de menos, sobre todo una que yo me sé, la leona salvaje de detrás del mostrador, esa que ahora te come a voces, porque se muere de ganas de comerte a besos.

-No exageres Pescaero-intervino Katiuska- que una servidora, sin este señoritingo, sabe donde buscarse las habichuelas.

-Eso seguro, negrita, no lo dudo, sigues estando igual de tremenda que cuando pise este antro por primera vez, hace ya tanto. Por cierto, ¿Cuando lo abriste?-inquirió el torero.

-Va ya para seis años. El 12 de marzo, hace exactamente seis años. Tenía yo entonces la edad de Cristo.

-Diga 33, doctorcito, jajajaja-canturréo Vicente Resina.

Cuando el campesino hubo descargado, Laly se unió a la tertulia del trío, rodeando al Pescaero con sus brazos de metacrilato, probando una suerte desconocida de abrazo del oso. Resina no pudo reprimir la carcajada, y una vez libre de las garras de la puta, recorrió su voluminosa anatomía, como si estuviera acariciando un pescado, presto a ser consumido, en el sagrario marmóreo de su pescadería.

Laly, Eulalia Muñoz Alaminos, dominicana, peluquera graduada, conversa al puterío por razones económicas, y de amistad. Laly tenía una peluquería a medias con su prima María Virgen en la Chana, de la que Katiuska era clienta asidua. Poco a poco se había convertido en un lugar de reunión óptimo para las latinas del barrio, un oasis caribeño donde conversar, planear juergas, recordar la tierra de origen, criticar el racismo español. Katiuska pronto se convirtió en el centro de atención, por su verbo desmedido, su audacia sin límites, su lucha sin cuartel por un cachito de espacio propio en el Mercado.

De aquella peluquería latina surgió "La Flor de Cuba", club de divertimento sexual, doscientos metros cuadrados para retozar a gusto, coger una pea, o cerrar la jornada laboral con restregones y conversaciones insulsas. Siete chicas, aparte de las dos socias copropietarias, Katiuska y Laly, el agua y el aceite, la sal y la pimienta, el follar destemplado, el querer pausado.

Cada orgasmo se asemejaba a una estocada, los roles se invertían, ahora era él el toro, la negra la torera. El Rayo del Realejo, el chavea buscarruinas de la calle Molinos, el monaguillo de Santo Domingo, el costalero descarnado del Rosario, la espada con más futuro de España, exhausto ante la hembra de piel de ébano, ante la mujer que le inflamaba, a la par, la bragueta y el corazón. El tabaco cauterizando los pulmones, el teléfono móvil sonando sin parar, el sudor frío resbalándole por el cogote.

Tintineaba Rocío Dúrcal, "La Gata bajo la Lluvia", lo que significaba que estaba llamando su mujer. Su nieto Pablo se lo había grabado en las Navidades pasadas.

-¡Joder, la parienta! Esta no me telefonea a estas horas sino es por algo grave...

Cuando iba a coger el móvil para atender a su señora, la sintonía cesó. Tuvo que marcarle Katiuska, ya que se había dejado las gafas para la vista cansada en el coche.

-¿Qué pasa, Luisa? ¿Pa que me llamas tan tarde?

-Soy yo, papá, la Jessica. Mamá no se puede poner. Han ingresao al Pablito. Por lo visto, está en la UCI, muy mal. Se le ha complicao lo del apéndice...-Su hija rompió a llorar.

El Seat Toledo remontó la circunvalación, desde el Polígono Juncaril, pulverizando las velocidades permitidas. El matador entró a degüello en el Materno-Infantil, cogiendo en volandas a médicos y enfermeras, pateando el ascensor averiado.

El chaval estaba muerto, en la mesa de operaciones, ni nueve añitos tenía. La familia estaba hundida, descabezada, desolada. Luisa permanecía serena, sentenciándole con sus ojos de color avellana. El matador matado, el torero toreado, el alborotador de los ruedos acusado, culpable de adulterio, de despreocupación, de trasnocheo inmisericorde.

Cuando arrancó el automóvil, había terminado ya la cajetilla de cigarrillos. El mono le sacudía, no tenía cojones de volver arriba, a pedirle a su hijo un puto cigarro en estas circunstancias. Estaría agobiado con el papeleo, preparando el funeral imprevisto de una criatura adorable. Para colmo el móvil parpadeaba, cuatro llamadas perdidas de la negra.

Necesitaba fumar. Su gaznate seco le pedía una copa a gritos. Quería huir de su esposa, de su Manolín, de su Jessy, de su Jorge, quería escapar del cadáver insepulto de su nieto mayor, el que más se parecía al abuelo, el heredero castrado de una casta torera. Quería marcar distancias con la puta enamorada, la cubana que cambió la Revolución socialista por la Monarquía cuché.

La noche es joven, se dijo. Aceleró el Toledo, saliendo por la Ronda Sur, en dirección a la autovía de Sierra Nevada. Cuando ya vislumbraba los túneles del Serrallo, le apeteció escuchar a Roberto Carlos, el rey de la canción melódica brasileña, el preferido de Luisa, al que llegaron a conocer en Quito, en 1977. Rozaba la cinta, en la marabunta de la guantera, alargaba la mano para cogerla, cuando el frenazo súbito del coche de delante, provocó el choque.

El Rayo del Realejo, José Léon Villalta, agonizaba en el interior del vehículo. Roberto Carlos entonaba ya "Cama y Mesa".

domingo, julio 26, 2009

Siempre nos quedará Castell


Ni yo soy Rick Blaine ni tú Ilsa Lazlo. Ni siquiera revolotea por ahí un Victor Lazlo cualquiera. Esto no es la Casablanca de la Segunda Guerra Mundial, es la Granada del desamparo y de la abulia. No estamos en una maldita película, no somos personajes de un clásico del séptimo arte, sino dos españolitos vagabundeando por el recién arrancado siglo XXI.

Sin embargo, parafraseando a Bogart: Siempre tendremos Castell de Ferro. Siempre tendremos el Parque García Lorca. Siempre tendremos Cumbres Verdes. Siempre nos quedará una tarde primaveral, a caballo entre Víznar y Alfacar. Nunca podrán robarnos la Alhambra, ni podrán arrebatarnos aquel paseo por la Cuesta de los Chinos.

Aprendí a quererte un 17 de abril, en la Huerta de los Mudos. Entonces creí que podría superar los obstáculos, creí que sería capaz de armarme de valor para desafiar las dificultades, creí encontrar mi patria en el cielo de tu boca...

Fuiste compañera, amante, amiga, fuiste la noche y el día, el alba y la madrugada. Fuimos dos locos en busca del Jardín del Edén, dos minúsculos mortales jugando a ser dioses, dos enamorados sin freno ni pausa. No calculamos el coste de la travesía hacia la felicidad, solamente disfrutamos del vino y de las rosas, sin pedir permiso, ni comprender lo que iba a suceder.

Tres meses apasionados, tres meses de ensueño, noventa veces veinticuatro horas, incontables segundos para revelar secretos, para sentir lo imposible, para jadear sin resuello al ritmo del radiocassette. Maestra y aprendiz, experto y principiante, formadores no reglados, cada uno en su materia, pigmaliones disciplinados, ensayando la cotidianeidad, preparando lo que ya no vendrá.

Cuando me tome un café Castell (café, chocolate, nata y ralladura de naranja) en el Caferini, me acordare de ti. Cuando Antonio me sirva el gazpacho y las puntillas de calamar en La Brisa, habrá un pensamiento para Tania*. Cuando saboree el cóctel al que me aficionaste (licor de coco con batido de chocolate), levantaré mi copa y brindaré por lo nuestro, aquello que pudo ser y no fue.

A falta de Rick's, siempre nos quedarán la Kapital, la Vogue, el Baja Mare. A falta de porvenir en común, siempre nos quedará el pasado, escondido en los pliegues de esta ciudad, bella y bellaca al unísono.

*Jamás te concedí el privilegio de la hache, jamás te lo concederé. Pídeme lo que te apetezca, que te lo conseguiré, pero no me pidas el martirio de la hache intercalada, de eso, ¡nanay!

sábado, julio 25, 2009

Granada Televisión informa del acto de UCAR en recuerdo de las víctimas del franquismo



Noticia aparecida en los informativos de Granada Televisión, cadena local propiedad del grupo Prisa, sobre el desagravio a las víctimas de la dictadura franquista organizado por la Unidad Cívica Andaluza por la República, en la mañana del viernes 24 de julio de 2009. El periodista Agustín Martínez introduce y comenta el reportaje.

viernes, julio 24, 2009

Nota de prensa UCAR-Granada


Granada, a 24 de julio de 2009

HOMENAJE A LAS VICTIMAS DEL FRANQUISMO EN LA TAPIA DEL CEMENTERIO DE GRANADA

Convocado por la Unidad Cívica Andaluza por la República

Familiares de víctimas del franquismo han hecho hoy una ofrenda floral y han colocado una placa conmemorativa en la tapia del cementerio de Granada, en memoria de los 2.400 republicanos fusilados por los franquistas durante la Guerra Civil. Esta es la segunda placa que colocan los familiares en el muro de los fusilamientos que aún conserva los impactos de bala. La primera placa fue arrancada por funcionarios municipales a los pocos días de ponerla. La Unidad Cívica Andaluza por la República, convocante del acto, ha pedido al gobierno municipal del Partido Popular que, por dignidad política y coherencia democrática, respete la placa colocada en la tapia que dice así: “A las víctimas del franquismo, fusiladas en esta tapia por defender la legalidad democrática de la República”. Durante el homenaje ha intervenido José María García Labrac, portavoz de UCAR:

“En nombre de la Unidad Cívica Andaluza por la República, quiero daros las gracias por estar aquí, honrando a estos mártires de la libertad y de la justicia social ¡Viva la Tercera República Española!”

Por su parte, Francisco Vigueras Roldán, periodista e investigador de la Guerra Civil, ha recordado cómo en la tapia del cementerio fueron vilmente asesinados alcaldes y concejales, médicos y abogados, profesores de Universidad y maestros de escuela, sindicalitas y trabajadores, es decir “la flor y nata de la sociedad granadina de entonces, lo que supuso no sólo un crimen contra la humanidad sino un daño irreparable para la ciudad de Granada del que aún no se ha recuperado”. Según Vigueras, los detenidos eran sacados de la prisión provincial de Granada, convertida en campo de concentración y exterminio, un recinto con capacidad para 400 reclusos, en el que se hacinaban más de 2.000. Los presos eran trasladados en los tristemente célebres “camiones de la muerte” que atravesaban de madrugada la ciudad, camino de la tapia del cementerio donde eran fusilados. La descarga de fusilería sonaba por toda la ciudad en el silencio de la noche, provocando el terror entre los granadinos, tal y como pretendían los militares golpistas.

La corporación municipal del 39 fue diezmada por los sublevados que fusilaron a varios alcaldes como Manuel Fernández Montesinos, José Palanco Romero, Constantino Ruiz Carnero o Luis Fajardo Fernández, y concejales como José Valenzuela Marín, José Megías Manzano, Juan Comino Alba, Rafael Gómez Juárez, Enrique Marín Forero, Juan Fernández Rosillo, Maximiliano Hernández Martínez, Rafael García Duarte, Antonio Dalmases, Manuel Salinas Pérez, Rafael Baquero San Martín y Virgilio Castilla , que llegó a ser presidente de la Diputación.

Durante el homenaje, se han leído las cartas de despedida, llenas de amargura y desesperanza, que algunos presos escribieron desde la cárcel a sus familias, antes de ser fusilados. Fue el caso de Luis Fajardo Fernández, que llegó a ser alcalde de Granada:

“A mi esposa, mis hijos y mis hermanos. Escribo estas líneas ante la perenne eventualidad de mi fusilamiento, de día en día más posible. … Escribo hoy viernes 7 de agosto de 1936 y son las ocho de la noche. No sé lo que me sucederá esta noche. Y por ello quiero dejar ordenadas mis cosas dentro de lo posible… Al suceder lo que espero, todos los días tened la seguridad de que mi último recuerdo será para vosotros. Os abraza vuestro esposo, padre y hermano. Luis”.

Los organizadores del homenaje han recordado, también, que los fusilamientos en la tapia del cementerio formaban parte de una matanza fríamente planificada, como demuestra la carta del abogado José María Bérriz, simpatizante de los militares golpistas:

“El camino es vencer o morir matando granujas… El Ejército quiere extirpar la raíz de esa mala planta que se comía a España. Y creo que lo va a conseguir. Funcionan día y noche los Juzgados Militares y las penas son severísimas….Siguen los fusilamientos. Directivos de los sindicatos, dirigentes, maestros y mediquillos de pueblo caen por docenas. La ciudad animada…”. Bérriz llega a escribir sin piedad ni remordimiento: “La cosecha no está nada mal para un solo mes de contienda”.

martes, julio 21, 2009

El reverso tenebroso de nuestra causa


La causa revolucionaria requiere del uso discrecional de la violencia. El ejercicio de la violencia en dosis controladas puede contribuir notablemente al triunfo de la revolución.

La violencia desbocada, descontrolada e irracional pierde su carácter revolucionario para adquirir connotaciones de venganza personal, ribetes de criminalidad. La violencia debe de ser medio para conseguir determinados objetivos, nunca meta en sí misma.

El Honor de las Injurias, documental dirigido por el pintor Carlos García-Alix, relata la truculenta trayectoria política de Felipe Sandoval, el Doctor Muñiz. Sandoval fue el pistolero y atracador anarquista que puso en jaque a las fuerzas de orden público de la República.

Rodado en un blanco y negro impecable, El Honor de las Injurias tiene factura de cine negro, rememorando los avatares de Sandoval como si se tratara de un thriller de ficción. García-Alix echa mano de ingentes recursos fotográficos para plasmar en la película la España de entonces. El metal de voz del narrador es uno de los aciertos del film, ya que te transporta a la atmósfera opresiva que creó y destruyó a Felipe Sandoval.

Adepto a la acción directa, ingresó en el anarquismo desde la delincuencia. Ratero profesional, conoció en la Modelo de Barcelona la doctrina ácrata, de la que se hizo incondicional. La CNT respondió al reinado de terror de Martínez Anido con la furia de sus armas. Sandoval ligó su supervivencia al brillo de las pistolas anarcosindicalistas.

La República burguesa del 14 de abril no supo o no quiso responder a las expectativas revolucionarias del movimiento anarquista, lo que precipitó el decantamiento insurrecional de la CNT. Las huelgas y los levantamientos obreros se sucedieron sin cesar, el Estado respondió haciendo uso del monopolio de la violencia, la CNT recurrió a los atracos, los robos y las expropiaciones. Sandoval fue el pistolero más reputado, el que ocupó más primeras planas en los periódicos, el Doctor Muñiz, cuyo nombre hacía temblar a propietarios y especuladores.

La sublevación franquista provocó lo que, en teoría, quería evitar: la revolución social. El Estado republicano se desmerengó a la par que se alzaba la facción africanista del Ejército. Colapsada la República, los partidos del Frente Popular se repartieron las tareas represivas, creando policías paralelas, en un marco de desconfianza, alimentado por la vesania fascista.

En el caos que siguió al 18 de julio, individuos de dudoso crédito acumularon responsabilidades esenciales en la depuración de la quinta columna, exhibiendo su pureza republicana con la comisión de crímenes horrendos. La asonada franquista privó a la República de su poder coercitivo, favoreciendo el encumbramiento de indeseables, que manejaron la retaguardia a su antojo, mientras el pueblo resistía en los frentes de batalla.

En ese contexto, Felipe Sandoval se hizo cargo de la checa del Cinema Europa, comandando una patrulla encargada de limpiar Madrid de fascistas emboscados. Los bombardeos de la aviación rebelde, que afectaron en masa a la población civil, enardecieron los ánimos de los defensores de la legalidad, que toleraron y ampararon auténticas atrocidades, bajo el espeso manto del silencio.

La matanza de la cárcel Modelo, instigada por Sandoval, como respuesta a la carnicería desatada por Yagüe en Badajoz, supuso un punto de inflexión en la represión republicana. El Gobierno recuperaba el dominio de la cosa pública, frenando los desmanes y desarticulando las checas. Las autoridades reordenaban la situación, reestableciendo el imperio de la ley, con el apoyo decidido del Partido Comunista. La estrella de Sandoval comenzaba a fundirse.

En la llamada España Nacional, la represión fue concienzudamente planificada por Franco y su cohorte de traidores. Las instrucciones secretas del general Mola relativas a la preparación del putsch ya establecían la aniquilación física de los opositores al Movimiento. El franquismo supuso la institucionalización del asesinato, la legalización del delito, el desvanecimiento del Derecho.

En la España leal, la represión fue la respuesta desesperada al golpe de Estado, el rebufo violento de los acostumbrados a perder desde el seno materno. Una represión infinitamente menor a la del bando contrario, injustificable pero comprensible. Una represión que mermó energías, que resto empuje al empeño republicano de vencer la guerra.

Felipe Sandoval fue uno de los verdugos al servicio de la revolución, un hombre que sufrió en presidio, al que apalearon y deformaron el rostro, un pobre diablo que se agarró a la Idea para vengarse de las injurias.

domingo, julio 19, 2009

El Dúo Calavera en el Baptisterio Romano de Las Gabias




Vídeos de la visita al Baptisterio Paleocristiano Romano de la localidad granadina de Las Gabias, realizada en la mañana del 19 de julio de 2009. Ejerció de guía Miguel Rojas Serrano, uno de los propietarios del monumento, nieto del tío Toleo, descubridor del mismo en 1920.

jueves, julio 16, 2009

Un fascista, un dictador, un "socialisto"


Ha estado el ministro Moratinos de viaje de negocios por África. En la delegación que le ha acompañado, figuraba en puesto preferente el senador Fraga Iribarne. Fueron recibidos por el mandatario de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema.

Resulta que Manuel Fraga Iribarne, presidente-fundador del Partido Popular, fue ministro del régimen fascista acaudillado por el general Franco. Resulta que participó en los Consejos de Ministros que condenaron a muerte a Julián Grimau, a Francisco Granado y a Joaquín Delgado. Resulta que mandaba las fuerzas policiales que se vieron implicadas en las matanzas de Vitoria y de Montejurra.

Resulta que Obiang Nguema es un dictador sanguinario y corrupto, un sátrapa multimillonario que mantiene al pueblo ecuatoguineano en la indigencia.

Resulta que Guinea Ecuatorial posee unas reservas petroleras nada desdeñables, lo que la ha convertido en un codiciado objeto de deseo para las potencias occidentales.

Resulta que el partido en el Gobierno, al que pertenece el señor Moratinos, tiene la guasa (y la desfachatez) de autodenominarse Socialista y Obrero.

Resulta que esto es una democracia (y yo voy, y me lo creo).

martes, julio 14, 2009

De cuando se suicidaron dos letraheridos


Si me oyen me han de llamar mal español porque digo los abusos para que se corrijan, y porque deseo que llegue mi patria al grado de esplendor que cito. Aqui creen que sólo ama a su patria aquel que con vergonzoso silencio o adulando a la ignorancia popular contribuye a la perpetuación del mal...

(Mariano José de Larra, 1809-1837)

Y me mantengo firme gracias a ti, poesía, / pequeño pueblo en armas contra la soledad.

(Javier Egea, 1952-1999)

El lunes de carnaval de 1837, Mariano José de Larra se suicidó frente al espejo de su piso de la calle de Santa Clara número 3, en el Madrid de los Austrias. Un pistoletazo en la sien derecha ponía el punto final a la aventura vital de Fígaro. Despechado, traicionado por la mujer que amaba, el periodista mejor remunerado del momento moría a la manera romántica.

Ceñir el suicidio de Larra a cuestiones sentimentales sería un error de libro. El abandono de Dolores Armijo fue la gota que colmó el vaso de su desesperanza, el empujoncito final hacia el abismo. Fue la sociedad española la que le arrojó en brazos de la parca.

Larra murió de puro español, de ser un español tan noble, un español de tan recia honradez, que ni la propia España se lo merecía. Este país nuestro ha sido (y es) un experto consumado en el pisoteo inmisericorde de las ilusiones de los mejores españoles, en el aplastamiento de los genios y los lumbreras capaces de modificar el rumbo vacilante y pendenciero que nos conduce al precipicio.

España fusiló a Federico, encarceló a Miguel Hernández, exilió a Bergamín, dejó que Machado se derrotara en Colliure, España repudió a Goya, tildó a Blanco White de extranjero, ejecutó a Riego, dió la orden de fuego que diseminó el cadáver de José María de Torrijos en las playas de Málaga. La nación encargada de guarecer las esencias católicas del orbe, quemó a los herejes, sepultó a los librepensadores, mató de hambre a los patriotas.

La biografía de Mariano José de Larra es la crónica de un fracaso. El Pobrecito Hablador fracasó en su afrancesamiento, en su liberalismo bientencionado, en su condición de enamorado de una mujer casada. La bala que le destrozó el cráneo sólo fue un trámite. Larra había fenecido mucho antes, en el exacto segundo en el que comprendió que no podía dejar de ser español, porque somos españoles los que no podemos ser otra cosa.

Javier Egea se descerrajó un tiro en la cabeza con su escopeta de caza. Encontraron su cuerpo en el interior de su domicilio, un ático en la calle Óscar Romero, en el populoso barrio granadino del Zaidín. Los hechos sucedieron el jueves 29 de julio de 1999.

Egea era poeta. Y comunista. Ser poeta en Granada es una carambola del azar, una pesada carga en la ciudad que mató al Poeta por excelencia. Ser comunista es acaso un empeño inexpugnable en la patria chica del chavico, en el lodazal de envidias regado por tres ríos desiguales en capacidad y en evocación literaria: el Darro, el Beiro y el Genil.

Burgués de estirpe, autodidacta sin título universitario, lector empedernido del Quijote, compañero de generación de Luis García Montero y Álvaro Salvador en aquella epopeya de la Otra Sentimentalidad, al amparo de las teorías marxistas de Juan Carlos Rodríguez. Quisquete practicó la poesía materialista, la poesía clasista del que sitúa su escritura en el terreno de la dialéctica capital/trabajo.

La estrategia lampedusiana que puso en marcha la Transición arrolló a los comunistas y compró a los poetas. Hubo algunos que no toleraron el soborno, que no aceptaron el tinglado editorial, los premios concedidos de antemano, los chanchullos mediáticos, la censura consciente o insconsciente, que se resistieron a sumarse a las huestes victoriosas del pensamiento único. Los comunistas, por su parte, asumieron la caída del Muro, el desmoronamiento del campo socialista, con estoicismo. La perfección leninista, contaminada por Stalin, rehecha a retazos por sus sucesores, se venía al suelo cual castillo de naipes, ante el asombroso espanto de los bolcheviques.

Javier Egea no se vendió, no escapó a la casa común de la izquierda, no renegó de sus orígenes ideológicos, continuó componiendo versos en el marco del materialismo histórico. Sus otrora colegas entraron en el circuito cultural mercantilizado, se convirtieron en popes de lo políticamente correcto, dejando atrás la poesía comprometida, conservando lazos partidarios más etéreos. La amistad se fue diluyendo, corrió el calendario, llegaron los casorios, la prole, la comodidad del brasero y del aparato de televisión.

No tuvo otro remedio que disparar contra sí mismo. No le dejaron ninguna salida. España le puso entre la espada y la pared, y él escogió el frío del acero.

Atrás quedaban los saraos en La Tertulia, las borracheras en el bar Bernardo, la lucidez del cubata, la camisa hawaiana de Rafael Alberti, el frustrado intento de construir un discurso poético anticapitalista, en el piélago de posmodernidad que nos descabalgó como tristes Saulos.

Larra y Egea, Egea y Larra, liberal el uno, marxista el otro, ambos refractarios para la España que les lanzó al vacío, ambos mártires sacrificados por los sumos sacerdotes del poder, ambos daños colaterales de los mandarines del devenir español.

La casualidad quiso unir los aciagos desenlaces de estos dos revolucionarios de la pluma. Javier Egea se arrancó la existencia a pocos metros de otra calle de Santa Clara, de similar nombre a aquella vía madrileña en la que Mariano José de Larra perdió la apuesta con Doña Cuaresma.

Homenajeando a las víctimas del 18 de julio en Granada



Acto en el cementerio municipal de Granada en recuerdo a las víctimas del golpe de estado franquista, llevado a cabo la mañana del 14 de abril de 2009, por integrantes de la Coordinadora Republicana de Granada. Homenaje incluido dentro de las II Jornadas Republicanas de Granada, realizadas el pasado mes de abril por segundo año consecutivo.

Nuestra asociación, UCAR-Granada, tuvo a bien participar en dichas Jornadas y forma parte actualmente de la Coordinadora.

sábado, julio 11, 2009

Tal Vez

Relato estival de política-ficción

Un águila real desplegaba su imponente anatomía sobre la Carrera de San Jerónimo. Batiendo sus alas, oteando el horizonte, ajena al revuelo que se había formado abajo, alrededor del edificio de las Cortes. Los municipales acordonaban la zona con presteza, ante las protestas a coro de un borracho noctámbulo y de un viejo madrugador. Los furgones policiales se amontonaban, conteniendo a duras penas a los curiosos, que eran legión, a tan tempranas horas de la mañana.

Los cronistas parlamentarios bebían café de máquina en un corrillo, algunos mojaban churros en el chocolate hirviente, otros se ajustaban la bufanda o se abrochaban el último botón del abrigo. Los reporteros de la tele hacían su aparte, compartiendo cigarrillos, contando chascarrillos y chistes malos.

El coche blindado que transportaba al primer magistrado de la nación llegó sobre las ocho y media. Baltasar Garzón Real descendió del auto con suficiencia, saludando a renglón seguido al presidente de la Asamblea Nacional, diputado Eduardo Madina. Una nube de reporteros y de cámaras rodeó sin piedad al presidente de la República, mientras Madina lograba zafarse del acoso periodístico, trepando con dificultad hasta los leones de las Cortes, donde le aguardaba un grupo de diputados correligionarios.

Antonio Moreno Vázquez leía el diario Público en su escaño, bostezando de vez en cuando, revisándose las ojeras en un espejito de mano que guardaba en la cartera de cuero. La noche anterior había recorrido los peores antros de Malasaña, devorando cacharrito tras cacharrito, emprendiendo un tour alucinante a la vera de Emilio Villarrubia Aguilera, colega de farras y de fiestas de guardar, dispuesto siempre a alternar las copas con el flamenco o con el frikismo más descarado. Una chica totalmente ida, pasada de alcohol y de porros, le había reconocido, soltándole un mítin político en medio del pub, mentándole a Marx y a su madre.

La juventud quedaba lejos, perdida en cualquier recoveco de los recuerdos, anclada en el puerto marinero del que se partió para nunca regresar. Las brumas del pasado le envolvían, le devolvían a su época de estudiante universitario en Granada, a los amigos repartidos por el mundo, a los amores olvidados, a los compañeros muertos hace ya tanto.

Cuando Garzón entró en el hemiciclo, Moreno dobló el periódico y lo guardó en la cartera, recolocándose el cuello de la chaquetita blanca, la de las grandes ocasiones. El jefe del Estado le saludó con la mirada, respondiéndole el diputado con una mueca que intentaba ser amistosa.

Durante la etapa postrera del reinado de Juan Carlos I, Moreno había sido hipercrítico con la actuación del entonces juez de la Audiencia Nacional. El afán de protagonismo, la búsqueda exacerbada de notoriedad mediática, ciertos tropezones procesales, la obsesión de acabar con el independentismo vasco a toda costa, mezclando churras y merinas, pescando a río revuelto, arriesgando libertades públicas en pos del fin del terrorismo etarra. Garzón no era santo de su devoción, precisamente.

Por esos años, Antonio Moreno apenas tenía veinte. Aún ni imaginaba que acabaría siendo alcalde de su pueblo natal, Alcalá del Valle, en la legislatura 2015-2019, coincidiendo con el acceso al trono de Felipe VI el 17 de abril de 2016. No se le pasaba por la cabeza que el 8 de junio de 2025 una Asamblea Constituyente iba a proclamar, en sesión extraordinaria, la Tercera República Española. Ni en sus sueños más remotos había podido imaginar que él iba luego a ocupar un escaño en la Asamblea Nacional, órgano unicameral del nuevo régimen, cómo portavoz del grupo parlamentario de Izquierda Unitaria Anticapitalista.

Baltasar Garzón pronunciaba su discurso en la tribuna de las Cortes con parsimonia, mirando sus papeles con el rabillo del ojo. Aunque se negara a reconocerlo, era un anciano septuagenario, cercano a los ochenta, enfermo crónico de hipertensión, cargado de kilos y de razones de peso para abandonar un cargo que ocupaba desde el 23 de octubre de 2029. Garzón había ganado las elecciones presidenciales de 2029, presentándose cómo candidato independiente, con el apoyo explícito del Partido Socialdemócrata Federal, capitaneado por Eduardo Madina y con el concurso de intelectuales de renombre cómo Luis García Montero, Juan Mariano Amaya o Sonia Gullón. El formidable aval que llevaba el antiguo juez debajo del brazo era su decisiva contribución a la solución negociada del conflicto vasco.

Los ciudadanos decidieron premiarle por su papel como comisionado especial del gobierno Madina en el diálogo abierto con la organización terrorista tras la tregua de noviembre de 2027. Garzón supo superar rencillas de siglos y tejer con sabiduría un acuerdo de mínimos que garantizaba la entrega de las armas por parte de ETA y la legalización de los partidos de la izquierda abertzale, estableciendo el objetivo a largo plazo de un referéndum de autodeterminación en Euskadi y en Navarra. El antes encarnizado enemigo del abertzalismo había conseguido una paz ansiada por los españoles, y apoyada mayoritariamente por los independentistas vascos.

El referéndum estaba previsto para la primavera del año 2034, aún faltaba año y medio para su celebración. El reciente nombramiento del histórico dirigente vasquista Arnaldo Otegi cómo vicelehendakari presagiaba un clima calmado de cara a la cita con las urnas. Otegi había renunciado a la violencia cómo instrumento político tras el fallecimiento de Juan Carlos I en abril de 2016, en el marco de las algaradas y disturbios prorrepublicanos que paralizaron Madrid y Barcelona durante tres semanas.

Esas movilizaciones propiciaron también la ruptura en el seno del PSOE, que se escindió en tres grupos: a la izquierda el Partido Socialdemócrata Federal de Madina, Cristina Narbona y Jesús Caldera, en el centro el PSOE Auténtico (Manuel Chaves, Rodríguez Zapatero, Pepe Blanco) y a la derecha la Unión Progresista Española (José Bono, Alfonso Guerra, Felipe González, Rubalcaba). La primera formación inició un proceso de consolidación que le permitió participar activamente en el desmantelamiento del sistema monárquico, estableciendo unos principios ideológicos claros: republicanismo, economía socialista de mercado e independencia en política exterior.

El PSOE Auténtico acabó siendo absorbido por la UPE. Para cuando la monarquía Borbón se deshizo en pedazos, acogotada por tremebundas recesiones, ruido de sables y levantamientos obreros, la UPE era un partido marginal, que acabó diluido en la sopa de siglas de las derechas españolas.

El presidente de la República estaba concluyendo su perorata, Antonio Moreno finiquitaba su intervención en el procesador de textos, en ese preciso instante, Arturo Mallorquí, secretario general del Partido Centrista Republicano, soltó una estruendosa carcajada, que rebotó en las paredes del hemiciclo. Aquel antiquísimo Congreso, que aún conservaba los restos de la balacera del teniente coronel Tejero en febrero de 1981, se estremeció en sus cimientos, tal era la potencia del vozarrón de Mallorquí.

El Moreno de Cádiz, motejado así por sus condiscípulos de la facultad, respondió al exabrupto con un gesto de cortesía. Era un gentleman del comunismo, caballero andante consciente de su destino de clase, principal representante de seis millones de españoles, votantes de Izquierda Unitaria Anticapitalista.

Mallorquí era un abogaducho de tres al cuarto, accionista de Telefónica, lameculos oficial de la familia Botín, líder de Nuevas Generaciones en la época de Mariano Rajoy. En 2019 participó activamente en la fundación del Partido Centrista Republicano, conjunción de centristas, liberales, democristianos y seguidores de Rosa Díez. Al instaurarse la República, mantuvo conversaciones con sectores de las Fuerzas Armadas, descontentos con Felipe VI, pero frontalmente anticomunistas.

Ahora ejercía de Castelar de la derecha civilizada, enseñando las fauces de bestia corrupia cada vez que alguien osaba hablar del socialismo, de la planificación democrática de la economía o de la laicidad del Estado.

Baltasar Garzón terminó la parrafada con suficiencia. Bajó del estrado y se dirigió a la tribuna de invitados donde le esperaban su esposa y varios amigos personales.

Un cuarentón maqueado, traje príncipe de Gales marca Armani, frondosamente engominado, se encaramó al micrófono, carraspeando antes de pronunciar la réplica al discurso presidencial. Fernando Sáenz de Heredia y Rodríguez de la Higuera, niño bien del barrio de Salamanca, galgo corredor de casta franquista, jefe nacional del Frente Español Antimarxista en el lustro de plomo (2019-2024), reconvertido ahora al parlamentarismo como portavoz de Coalición Liberal-Conservadora, el chiringuito creado por los ex ministros más carcas de Aznar.

Antonio Moreno desconectó en cuanto Sáenz de Heredia comenzaba a desgranar los entrantes de un menú dialéctico harto conocido, harto cansino. La cabeza le daba vueltas, necesitaba un vaso de agua helada y una aspirina para calmar la incipiente cefalea.

En la cafetería de la Asamblea, mientras removía la pastilla en el vaso de tubo repleto hasta los bordes de agua de Lanjarón, se dejó llevar por la ensoñación de nuevo, removiendo a su vez las entrañas de un alma castigada por la edad y las putadas de la política partidaria.

Él se creía un hombre de acción, un revolucionario de barricadas y banderas al viento, pero el destino le había reservado otro rol: ser un politicastro profesional, ocupante de un escaño en un parlamento burgués, oyente indignado de las paridas de cuatro ricachones aburridos. Antonio engañó a la resaca tragando el agua en un santiamén, pagó la consumición y subió hasta su despacho.

Dos fotos decoraban la oficina del diputado comunista: en una aparecía de jovencito rodeado por Marcelino Camacho y Josefina Samper, en la otra charlaba animadamente con Julio Anguita en el día de su 85 cumpleaños. Moreno descolgó una gabardina gris del perchero, se la colocó, apagó las luces del cubículo y echó la llave.

Cuando abandonó las Cortes, empezaba a llover. Se había dejado el paraguas en su apartamento de Cuatro Caminos. Maldijo su suerte.

Eran las doce y catorce minutos del mediodía cuando fue engullido por una boca de metro.

martes, julio 07, 2009

Alcanzadas las 20.000 visitas

Tengo la enorme satisfacción de comunicaros que este blog ha superado la barrera de las 20.000 visitas, tope que un servidor se había fijado en la mente hace ya algún tiempo.

Para celebrar este pequeño acontecimiento, de gran simbolismo para una bitácora personal e intransferible, os regalo un fondo de pantalla confeccionado por mi primo hermano, José Antonio Larrubia García. No sin reiterarle mi agradecimiento, os invito a contemplar el tuneo que realizó sobre una imagen de John Wayne y Robert Mitchum, posando ante la cámara en el rodaje de El Dorado (Howard Hawks, 1967).

Este wallpaper se plasmará en unas camisetas que lucirán los miembros de la Cuadrilla del Trabuco, peligrosa banda organizada de intereses inconfesables, especialista en llevar a cabo correrías torrentianas.

Os dejo con la obra de moros de José Antonio Primo de Labrac, que no de Rivera:

sábado, julio 04, 2009

Karl Malden, por narices


Nariz rota. Mirada desafiante. Típico y tópico usamericano medio. Mladen George Sekulovich, para nosotros Karl Malden.

Careto de granito, hechuras de tiarrón del Norte, la pipa al cinto y el puño apretado, plantado en mitad de un duelo, bajo el sol pegajoso de Texas, el silencio quebrado por las puertas batientes del saloon. Cobijado en la sombra de un descomunal bloque de apartamentos, subiendo la escalera de incendios, la gabardina empapada de lluvia sucia, de apestosa lluvia neoyorquina.

Enfrente Brando. O McQueen. Rod Steiger pisándote los talones. Carroll Baker desnuda en su cuna de muñequita, provocándote. Eli Wallach descojonándose, jodido judío, maldito hijo de Israel. Enredado en el tumulto, enmarañado en la jungla hollywoodiense, huyendo de la policía, acorralado por un par de hampones, de gatillo fácil y cortas entendederas, persiguiendo a los apaches, hasta el The End.

Actor's Studio en vena, método Stanislavski rebosando por los poros, Karl Malden coprotagonizó grandes clásicos del cine, animó filmes mediocres, prestó su carisma a subproductos meramente alimenticios. Fue el amigo fraterno de Marlon Brando, el defensor del chivato Elia Kazan, el marido de Mona Greenberg a lo largo de siete décadas.

Serbio y checo, estadounidense de Indiana, bajo sus fosas nasales pluscuamperfectas se refugiaba un consagrado maestro en el arte del cinematógrafo.

Arrecia el verano, cobrándose piezas. Pronto, Karl Malden, un numerito más en la perra estadística de ancianos víctimas de esta ola de calor.

viernes, julio 03, 2009

Entrevista a José Luis García Puche, presidente de UCAR-Granada


El doctor José Luis García Puche es el presidente del colectivo UCAR-Granada desde su fundación en abril de 2005. Actualmente es Director de la Unidad Clínica de Oncología del Hospital Clínico San Cecilio y profesor numerario de la Universidad de Granada. Lleva trabajando en Oncología 39 años, 30 de ellos cómo responsable. Tuvo formación en el Istituto dei Tumori de Milan (1975-1977). Militante del PCE ya en la clandestinidad, perteneció además a la Junta Democrática. En la actualidad forma parte de CCOO y de Izquierda Unida.

Sus principales aficiones son la lectura (Historia, Historia de la Ciencia, Física, Cosmología, Historia política, Filosofía, Teoría del conocimiento y novela negra), la bicicleta y la observación astronómica. Últimamente dedica parte de su ocio a su nieta.

Con su amabilidad habitual, accedió a realizar esta entrevista por correo electrónico, en los ratos libres que le dejan sus pacientes:

¿Qué hace un oncólogo de tanto prestigio cómo tú presidiendo una asociación republicana?

¿A que puedo dedicar mejor mi tiempo político, que a contribuir a instalar o soñar instalar la única forma de Estado compatible con la dignidad humana? En estos momentos no todos tenemos el mismo derecho en la vida, pero os puedo asegurar, que si somos iguales ante la muerte. En consecuencia no puedo tragar nada bien que haya quién por derechos heredados (no adquiridos con el esfuerzo) sea más que los míos, los que me rodean y yo mismo.

¿Cómo valoras, a 4 años del nacimiento de UCAR-Granada, la experiencia republicana?

Que la misma existencia de nuestra asociación y otras que comparten el ideal republicano ya son una molestia para el Poder Instituido que nos demoniza o de alguna manera intenta ridiculizarnos como trasnochados fuera de época. Existimos y somos, ahora debemos hacernos notar, hacer entender que la república en España es una meta a conseguir como forma de Estado no solo legítima, sino al alcance mediante medios pacíficos. Es evidente que nos queda mucho por hacer, pero sin bases o estructura desde la que trabajar (y UCAR es una de ellas) no es posible ni soñar.

¿Qué opinas sobre la participación de UCAR en la Coordinadora Republicana de Granada?

Mi respuesta es absolutamente favorable. Si partimos del deseo legítimo de luchar por la consecución de una República por todos los medios legales y pacíficos, creo que hay una base de unión mucho más potente que las posibles diferencias ideológicas que separan las distintas asociaciones proRepública. En mi profesión he mantenido ante quién quiera oírlo que: La solución del problema del cáncer (y de otros muchos problemas humanos) viene de mano de la cooperación y no de la competición.

¿Cómo calificarías las II Jornadas Republicanas de Granada, celebradas el pasado mes de abril, y en las que colaboró la asociación que tú presides?

Como el primer paso en la Coordinación deseable de nuestra asociaciones en una plataforma de acción conjunta de mínimos o máximos en la consecución del objetivo: La República en España. A continuación deberíamos tener muy claro la definición y proyección de los matices de la Idea republicana (no olvidemos que existen repúblicas bananeras, rechazables y modificables, pero no existe a mi juicio, ninguna monarquía intrínsecamente buena, en el sentido de consagrar el derecho hereditario por encima de la dignidad del esfuerzo personal).


¿Qué nos podrías decir sobre la condena por injurias al Rey del alcalde de Puerto Real, José Antonio Barroso?

Que no tiene mucho sentido político. No me puedo pronunciar respecto a la base jurídica. No obstante y desde nuestra posición Republicana, no tiene sentido lanzar acusaciones o insultos contra el rey y su familia (no contra la corona, que es un símbolo republicano apropiado por la monarquía) que tengan un carácter demagógico y no una base documental probatoria. Como republicano me da igual que el rey sea un crápula como que sea un tío tan bueno que todo lo que gana se lo da a los pobres. No hay rey bueno, no hay idea monárquica éticamente vendible, es inmoral en su esencia ,el hecho que la herencia prevalezca sobre el mérito. Por todo ello me parece más importantes las acusaciones de carácter general o aquellas debidamente probadas, como el hecho de que el rey actual entre otras cosas es un PERJURO, ya que todavía somos mayoría los que que nos podemos acordar como juró ante Franco y las Cortes en 1969 su acatamiento de los famosos principios del "movimiento nacional".

¿Qué opinión te merece la institución monárquica en general, y la borbónica en particular?

Creo que he respondido algo de esto en las anteriores preguntas. Precisamente porque creo en la república me abstengo de opinar personalmente sobre los Borbones (no puedo admitir que los derechos sean hereditarios, pero que tampoco lo sean las culpas). En todo caso un buen amigo mío médico cuando hablaba de esta familia se refería a ellos diciendo :"En España sufrimos una terrible epidemia de peste borbónica".

¿Cuáles son las perspectivas de futuro de UCAR?

1.- Consolidarnos como asociación, mediante promoción, difusión de la Idea Republicana en General y de nuestra asociación en particular y captación de simpatizantes.

2.- Tratar de establecer una convergencia de objetivos y plataforma unitaria de acción con las otras asociaciones republicanas.

3.- Atraer la atención de las estructuras políticas, sindicales o grupos de presión a los Objetivos Generales del establecimiento de la República. Muchos de nosotros sentimos casi repugnancia (y no faltan razones) por las instituciones políticas de nuestro país, tal como están funcionando, pero es lo que hay. Ya que es lo que hay es mejor de una vez por todas hacer que se enteren que la monarquía no es intocable, que muchos (no sabemos si mayoritariamente) queremos la República, QUE EL PUEBLO ESPAÑOL TIENE DERECHO A DECIDIR SOBRE FU FORMA DE ESTADO Y QUE EN LA TRANSICIÓN SE LE ROBO ESE DERECHO AL HACERLE VOTAR DE "MOCHO" UNA CONSTITUCIÓN CON MONARQUÍA DE REGALO. En definitiva que queremos y podemos cambiar.


http://republica-granada-ucar.blogspot.com/